viernes, 28 de febrero de 2025

BOB DYLAN, O LA POESÍA COMO ARMA CARGADA DE PASADO

Rebeca García Nieto

Jot Down, febrero 2025



He oído que Bob Dylan ha ganado el Nobel. ¿De qué? De ciencia, creo. ¿De ciencia? Sí, tiene que ser eso. Esa canción, «Mr. Tambourine Man», ¿cómo podría alguien tocar una canción solo con un pandero? Eso no se puede. Es como darle a un tío un bodhrán y esperar que toque «Bohemian Rhapsody». Simplemente no es posible. Pero Dylan lo clavó.

El día que se anunció que Bob Dylan había ganado el Nobel de Literatura muchos pensaron que se trataba de un error, un poco como la vez que los miembros de la Academia se equivocaron y llamaron a un economista para decirle que era el nuevo Nobel de Física o como cuando comunicaron a un señor que se dedicaba a limpiar alfombras que era el flamante ganador del Nobel de Química. Sencillamente, no podía ser. En palabras del escritor Ian Sansom, era como si un caballo de carreras ganara el primer premio en una exposición canina. No es que el caballo no tuviera mérito, es que estaba fuera de lugar.

A mí no me indignó que premiaran a Dylan, pero me sentí tan decepcionada como todos los años: ni Roth ni Pynchon ni Carson habían ganado. No suelo dar demasiada importancia a un galardón que en el pasado ha dejado fuera a escritores como Nabokov o Borges; sin embargo, la polvareda que se levantó en torno a la concesión del premio hizo que prestara más atención al asunto de lo que acostumbro. El premio metía de lleno el dedo en la llaga de qué entendemos por literatura, un concepto que, a juzgar por las airadas reacciones que se desataron entonces, transcurría dentro de unos márgenes más estrechos de lo que había pensado. 

La polémica, lejos de amainar, arreció en las siguientes semanas, y, para mi sorpresa, fue adquiriendo matices cada vez más literarios. Dylan apuró hasta el último momento para enviar oficialmente su discurso de aceptación. En él hablaba de Moby Dick, Sin novedad en el frente o La Odisea. A los pocos días alguien se dio cuenta de que una de las citas que atribuía a Moby Dick no aparecía en la novela y muchos empezaron a sospechar que nos estaba dando gato por liebre. La escritora Andrea Pitzer decidió indagar en el asunto y observó un preocupante parecido entre algunos fragmentos y los contenidos de SparkNotes —web a la que acuden los estudiantes para hacer sus deberes, normalmente para recabar información sobre libros que no han leído—. El hallazgo, como suele pasar con Dylan, dio pie a diversas lecturas. Para algunos no era más que una broma del Jokerman a la altura de la tomadura de pelo que era el premio. Otros pensaron que era un acto de desprecio al establishment representado por la Academia Sueca. También hubo quien vio en el discurso una muestra más de su genialidad: el artista estaba siendo coherente con el resto de su obra, reivindicando así su forma de crear. De ser esto cierto, no se habría visto una maniobra tan ingeniosa y atrevida desde que Laurence Sterne incluyó en su Tristram Shandy una crítica contra el plagio tomando prestados fragmentos de Anatomía de la melancolía de Burton2. 

Sterne, por cierto, también fue acusado en su época de hacer un uso indebido del material ajeno, pero ya entonces hubo escritores que defendieron que sus «préstamos» no eran plagio, pues les daba un nuevo uso literario, dando lugar a una obra completamente distinta, mucho mayor que la suma de sus partes. El caso de Dylan no parece diferente, al menos en lo que respecta a sus canciones (sobre el discurso no me atrevo a pronunciar; no hay forma de saber si había alguna intención detrás o si simplemente fusiló de la web lo que pudo porque andaba muy pillado con el plazo de entrega).

Además de la cuestión de las apropiaciones, estaba la duda de si lo que hacía Dylan podía considerarse literatura. Al hablar de sus canciones es habitual que tengamos que recurrir a otras disciplinas, siendo la más frecuente la literaria. Tom Waits dijo que «Sad-Eyed Lady of the Lowlands» es como Beowulf, el conocido poema épico, y añadió: «es un sueño, un acertijo, una plegaria». Para el profesor Timothy Hampton, las canciones de Dylan son tan sofisticadas como una partida de ajedrez en 3D, para entender cómo funcionan hay que tener en cuenta tres dimensiones: la letra, la música y la interpretación. Cualquier aproximación «unilateral» a Dylan, centrada en uno de esos elementos y obviando los otros dos, es reduccionista. 

El propio Dylan establece un vínculo inseparable entre la música y las letras. En la célebre conferencia de prensa que ofreció en San Francisco en 1965, afirmaba que para él la música y las palabras tenían la misma importancia, para a continuación matizar que no habría música sin las palabras. Aunque, por lo que cuenta en Crónicas, parece que nunca fue un gran lector —admite abiertamente que hasta entonces no le habían entusiasmado los libros ni los escritores—, desde que se instaló en Nueva York y pensó en componer sus propias canciones empezó a leer poesía: «Byron y Shelley y Longfellow y Poe. Memoricé el poema de Poe «The Bells» y busqué un acompañamiento para él con la guitarra». Más tarde, para ampliar su campo de batalla, empezó a atiborrarse «el cerebro de toda suerte de poemas profundos», como el Don Juan de Byron o el Kubla Khan de Coleridge. 

Siempre hay que poner en cuarentena lo que dice Dylan, pero parece claro que desde el principio tenía algún tipo de aspiración literaria. En el documental de Scorsese, No Direction Home, Joan Baez cuenta que siempre estaba delante de la máquina de escribir, no guitarra en mano como cabría esperar. En esa época, escribía las notas de sus discos y algunas piezas en prosa (algunas acabarían incluidas en Tarántula, un libro bastante prescindible que accedió a publicar a regañadientes después de que durante años circularan copias sin su permiso). Poco a poco fue canalizando estas aspiraciones a través de las letras de sus canciones, algunas, como «Only a Pawn in Their Game» y, sobre todo, «The Lonesome Death of Hattie Carroll», ambas de 1964, ejemplos muy notables de economía y maestría narrativa. La canción que, al parecer, lo cambió todo fue «Like a Rolling Stone». Al escribirla Dylan se dio cuenta de que eso era exactamente lo que quería hacer. No obstante, es en canciones como «Chimes of Freedom» o «Visions of Johanna» donde alcanza las cotas poéticas más altas. Las letras de estas canciones destacan por su carácter «sinestésico». Al apelar a distintos sentidos sigue la senda emprendida por Rimbaud, que se vanagloriaba de haber inventado un lenguaje poético que algún día sería accesible a todos los sentidos3. 

Lo que Dylan buscaba en aquellos primeros años era un molde que lo abarcara todo, y parece que lo encontró en el collage, un formato que le permitía entablar un diálogo tanto con el presente (con los escritores de la generación beat) como con el pasado (con la tradición folk norteamericana o el modernismo literario). El poeta Robert Polito definió algunas de sus canciones como collages modernistas, género al que pertenecen algunos de los poemas más conocidos del siglo XX, como los Cantos, de Ezra Pound, y La tierra baldía, de T. S. Eliot. Si Eliot se sirvió de recortes de periódicos, las Upanishads, la Biblia o Dante para levantar su poema, en las canciones del álbum Love & Theft pueden encontrarse trazas de Memorias de un yakuza, La Eneida, Huckleberry Finn o poemas de Henry Timrod, entre otros. Hay varias referencias directas a La tierra baldía en «Desolation Row»4. Además, Eliot y Pound son mencionados de forma explícita en la letra: 


Praise be to Nero’s Neptune;

The Titanic sails at dawn;

Everybody’s shouting,

«Which side are you on?»

And Ezra Pound and T. S. Eliot

Fighting in the captain’s tower 

While calypso singers laugh at them (…)


Alabado sea el Neptuno de Nerón;

el Titanic zarpa al amanecer;

todo el mundo grita:

¿de qué lado estás?

Y Ezra Pound y T. S. Eliot

se pelean en la torre de mando 

mientras cantantes de calipso se ríen de ellos (…)


Aunque puede haber otras interpretaciones (Dylan podría estar aludiendo aquí al antisemitismo)5, no hay que olvidar que Pound se encargó de la edición de La tierra baldía, un proceso arduo plagado de cortes y revisiones. A aquellos rifirrafes entre poeta y editor podría referirse a la pelea en la torre de mando. El escritor Ryan Ruby apuntaba también que la letra estaría señalando un cambio de guardia; el modernismo, representado por Eliot y Pound, hace aguas para dar paso a su heredero: Bob Dylan.

Por supuesto, el hecho de que Dylan nombre a estos gigantes literarios o incluya citas de libros no convierte sus letras en literatura. Sin embargo, detrás de estos guiños suele haber algo más de lo que parece a simple vista. Cuando en «Tangled Up in Blue» alude a un poeta italiano del siglo XIII —que puede ser Dante o, como defiende Timothy Hampton, más probablemente, Petrarca—, Dylan está llamando la atención sobre la forma. Dante y Petrarca son maestros del soneto y la letra de esa canción se adapta a ese tipo de composición poética. Otro ejemplo lo encontramos en la cita de El gran Gatsby incluida en «Summer Days»:


She says, «You can’t repeat the past,» I say, «You can’t?

What do you mean you can’t? Of course you can!»

Ella dice: «No se puede repetir el pasado». Y yo: «¿Que no? 

¿Cómo que no? ¡Por supuesto que se puede!».


A partir de esta cita, y de la posibilidad de repetir o no el pasado, Dylan cuenta, tal vez, una historia distinta a la de la novela de Fitzgerald. En «Diamonds and Rust», Joan Baez vino a decir que Dylan es un maestro de las palabras y de la ambigüedad, y tenía razón. Sus letras son tan deliberadamente ambiguas que a veces no podemos siquiera saber si el «yo», el «él» o el «ella» de un verso es el mismo del de un verso anterior o ha cambiado. En el caso de «Summer Days» no podemos saber si está hablando de una o de dos bodas, en cuyo caso la historia del narrador de la canción y la chica sería distinta a la de Jay Gatsby y Daisy Buchanan en la novela6. 

Que las letras de Dylan puedan considerarse poesía está, en mi opinión, fuera de toda duda. Otra cuestión es que, como afirma el crítico sir Christopher Ricks, estén al mismo nivel que Tennyson, Milton, Donne, Wordsworth o Shakespeare —para él, el más «dylaniano» de los escritores—. En Dylan poeta. Visiones del pecado, Ricks disecciona sus canciones como si fueran obras literarias. Sus hallazgos son con frecuencia fascinantes, pero en ocasiones los paralelismos que establece con poemas clásicos parecen un poco traídos por los pelos. Dicho esto, coincido con él cuando afirma que Dylan es un maestro de la lengua inglesa. A lo largo de su carrera ha ido desarrollando un inglés idiosincrásico, muy rico, contemporáneo pero con ciertas resonancias del pasado.

Por otro lado, reivindicar a Dylan como poeta tampoco debería parecernos tan sorprendente. Bardos, trovadores y juglares fueron parte de la tradición poética de países como el nuestro. La figura del bardo viene al caso también en otro sentido. Contaba Ruby en su artículo que desde los inicios de la poesía, al menos en Occidente, un poema entraba en el inconsciente colectivo de una cultura y permanecía allí a base de ser citado por otros. Por esta vía, los bardos de la Grecia clásica como Homero (también llamados aedos) fueron clave para la supervivencia de la poesía. T. S. Eliot siguió esta tradición insertando fragmentos de Shakespeare, Baudelaire o Dante en La tierra baldía. Desde su muerte, la poesía ha tomado otros derroteros, salvo en el caso de Dylan, que para Ruby ha tomado el relevo de Eliot.

Sabíamos desde Gabriel Celaya que la poesía es un arma cargada de futuro, pero también podemos decir que es un arma cargada de pasado. Me gusta pensar en esos restos de poemas que van pasando de generación en generación y sobreviven en los poemas de otros. El poeta Jorge Fernández Granados defendía en un artículo que lo que trasciende no es el poeta sino la poesía, y esta trasciende cuando un poema sobrevive y circula entre los hablantes de un idioma —«y no tienen que ser millones», matizaba, «basta con unos cuantos pero que no falten en cada generación»7—. Desde este punto de vista, creo que Dylan o Cohen tienen más probabilidades de trascender que otros poetas. 

En dicho artículo, Fernández Granados culpaba a los debates internos de la crisis de la poesía. De un tiempo a esa parte, había que decir de qué lado estabas: ¿poesía como conocimiento o poesía como comunicación?, ¿poesía social o poesía pura? Estas falsas disyuntivas revelaban, a su modo de ver, el lugar, cada vez más pequeño, que ocupa la poesía en la sociedad: «[la poesía] se hunde en su propio lastre de contradicciones y aparece ante el público —el poco que queda— muchas veces como un galimatías, una interminable discusión de modos (…). Porque, honestamente, ¿no son hoy en día quizá las canciones de la radio los verdaderos poemas populares?», se preguntaba. Podemos seguir en la torre de mando enzarzados en luchas inútiles, debatiendo qué es o qué no es la verdadera poesía, pero ya sabemos cómo acabará esa historia —el Titanic ya ha zarpado, lo hizo al amanecer—. Una concepción elitista de la poesía, que excluya la poesía popular, corre un serio riesgo de hundirse por completo en las aguas de su propia irrelevancia.

Notas

(1) Este fragmento es una modificación de un post de Facebook del escritor Roddy Doyle a propósito del Nobel a Dylan. Se ha acortado por razones de espacio. Al final dice que Dylan merece el Nobel de Literatura. Un bodhrán, por cierto, es un tipo de tambor irlandés.

(2) Ya en 2006 el poeta Robert Polito comparaba a Dylan y Sterne en un artículo sobre el plagio. Este paralelismo parece más pertinente que nunca en el caso del discurso del Nobel.

(3) Sobre la influencia de Rimbaud en Dylan se extiende Timothy Hampton en «Absolutely Modern: Dylan, Rimbaud, and Visionary Song». Representations 2015; 132(1): 1-29.

(4) Véase «Dig it Up Again. A Century of The Waste Land», de Ryan Ruby, publicado en la web de Poetry Foundation en diciembre de 2022.

(5) Tanto Pound como Eliot fueron tachados de antisemitas. Se cree que la canción señala cierta similitud entre la discriminación racial en Estados Unidos y el antisemitismo en Europa.

(6) En un blog sobre las canciones de Dylan, David Weir plantea la posibilidad de que Dylan esté hablando en realidad de dos bodas con frases prácticamente idénticas.

(7) Fernández Granados J. «¿Está en crisis la poesía?». Letras Libres, 31 de diciembre de 2004.

jueves, 27 de febrero de 2025

CALEXICO, A AMBOS LADOS DE LA FRONTERA

Miquel Botella Armengou

Ciudad Criolla, 05/02/2025




El grupo norteamericano de americana actúa esta semana en nuestro país para presentar su trabajo más reciente, El mirador (2022). Es una buena excusa para recordar Selections From Road Atlas 1998-2011, un álbum que reunía algunas de sus mejores canciones.

Calexico es una pequeña ciudad californiana, al norte de México. Cuando no existían fronteras custodiadas por guardias armados y perros, Calexico y Mexicali (Baja California) se confundían y podías cruzar la calle y tomarte una cerveza y un tequila con tus vecinos sin tener que mostrar el pasaporte.

Este carácter fronterizo es el mismo que caracteriza al grupo Calexico, creado en 1996 en Tucson, Arizona, por John Convertino y Joey Burns, en esos momentos la sección rítmica de Giant Sand, además de formar parte de otros proyectos como Friends of Dean Martinez y OP8.

Calexico propone un viaje musical por el sudoeste de los Estados Unidos y el sur de la frontera, y combina el sentimiento del desierto con los arreglos del spaghetti wéstern. El resultado es una especie de banda sonora compuesta por un Ennio Morricone cargado de peyote y teñida de sonido mariachi.

Entre 1998 y 2011, editaron ocho CD con material en su mayoría inédito de venta exclusiva en giras (y en su web): Road Map (1999), Travelall (2000), Aerocalexico (2001), Scraping (2002), The Book And The Canal (2005), Tool Box (2007), Ancienne Belgique. Live In Brussels (2008) y Circo. A Soundtrack By Calexico (2010).


En 2011 los reunieron en la caja Road Atlas 1998-2011, con una docena de LP (cuatro simples y cuatro dobles), un libro de cuarenta páginas y un cupón de descarga en MP3 de todos los álbumes), en una edición limitada de mil cien copias numeradas. Pero, además, la banda seleccionó dieciséis de sus canciones favoritas en el CD Selections From Road Atlas 1998-2011.

Como describía el periodista Fred Mills en las notas interiores del disco, “tienes en tus manos lo que los miembros de Calexico describen como su atlas de carretera”. Así, en este recopilatorio se incluían las distintas facetas de la formación a lo largo de su trayectoria.

Desde americana de voces y guitarras cristalinas (espléndidas Half A Smidge, Ghostwriter, Gift X-Change y la tradicional All The Pretty Horses, con espectral pedal steel) hasta instrumentales de carácter cinematográfico (los wésterns fronterizos de Glowing Heart Of The World, Waitomo y El morro, la cumbia de Boletos, el latin jazz de Cachaça y el funk blaxploitation de Detroit Steam).

Y tampoco faltaban los sonidos más cercanos al pop (Lost In Space, Griptape, Man Made Lake). Dicho de otro modo: una historia musical alternativa de Calexico, imprescindible para entender la riqueza de la propuesta creativa de Burns y Convertino.

Esta semana, Calexico actúa en nuestro país en formato de trío –con Joey (voz y guitarra), John (batería) y Martin Wenk (trompeta, lap steel, bajo y guitarra)–: el 6 de febrero en Madrid (Sala Villanos) y el 7 en Barcelona (El Molino). En ambos locales ofrecerán dos pases.

Como ellos cuentan, “puedes esperar un tipo diferente de energía con esta configuración desnuda: más improvisación y momentos espontáneos en lugares íntimos, con todo el espíritu Calexico que conoces y amas. Siempre hemos querido probar algo como esto y esperamos verte allí”.

miércoles, 29 de enero de 2025

FRANK ZAPPA, UN MÚSICO INFINITO INSPIRADO POR LA LITERATURA DE ALFRED JARRY Y RABELAIS

Marta Moreira

Valencia Plaza, 9/01/2025



El investigador y profesor universitario Manuel de la Fuente reúne por primera vez la obra lírica completa del músico y compositor estadounidense. Este ambicioso volumen, publicado por Libros del Kultrum, incluye notas explicativas y la traducción al castellano de más de 400 canciones compuestas entre los años sesenta y los noventa

Es difícil saber adónde habrían llegado los derroteros experimentales de Frank Zappa (1940-1993) si hubiese llegado con vida a nuestros días. Qué nuevo género se habría inventado; qué tipo de músicos le acompañarían en esta etapa crepuscular. Lo que sí podemos presuponer es que el artista norteamericano encontraría en los desastres del siglo XXI una cantera inagotable de versos para practicar su deporte favorito: denunciar la estupidez humana con enormes dosis de sarcasmo. “Cuando Zappa escribía, no hacía prisioneros: tenía todo a tiro y no le temblaba el pulso”, sostiene Julián Hernández, cantante y fundador de Siniestro Total, en el prólogo del imponente libro en el que el investigador y profesor universitario Manuel de la Fuente reúne por primera vez toda la obra lírica de Zappa, tanto en su versión original en inglés como en castellano.

Este volumen de más de 600 páginas, que ha visto la luz a través de la editorial española Libros del Kultrum, supone todo un hito a nivel internacional. No solo por la gigantesca cantidad de obra lírica producida por el músico y compositor estadounidense a lo largo de su vida -su discografía cuenta con más de sesenta títulos-, sino porque estas letras estaban diseminadas en un sinfín de fuentes dispersas y además muchas de ellas nunca antes se habían plasmado en papel. 

Este trabajo viene acompañado de numerosos textos y notas explicativas que ayudan a contextualizar las circunstancias que rodearon al proceso de composición y a desgranar las múltiples referencias culturales y políticas embutidas en los versos. Lejos de ser una mera recopilación de canciones, este libro se puede entender como un ensayo que descubre la faceta de Zappa como letrista ágil, concienzudo e hilarante, y lo hace además de forma cronológica y ordenada, desde su debut discográfico en la escena californiana de los años sesenta hasta los trabajos que dejó preparados antes de fallecer a principios de los noventa.

Censura “atroz”

Manuel de la Fuente reconoce que la faceta de Zappa como letrista se ha obviado notablemente en comparación con la musical. “Esto se debe principalmente a que sus letras eran muy incómodas para mucha gente, porque eran muy provocadoras, estaban llenas de palabrotas y descripciones de depravaciones sexuales, y eso dificultó su distribución. Zappa fue objeto de la censura más atroz que puede sufrir una artista. No solo le tacharon versos, sino que invisibilizaron sus canciones al no pinchancharlas en las emisoras de radio comerciales o en no darle espacio en la televisión”. Por otra parte -añade-, en el mercado europeo no se ha prestado tanta atención a su obra lírica por la barrera idiomática y por el hecho de que son letras mucho más complejas que las de la mayoría de grupos de pop y rock. Son textos muy meticulosos y que corresponden a estilos literarios muy diferentes; algunos están muy basados en la realidad, y tienen referencias muy específicas de la cultura y la política estadounidense, y otros son muy surrealistas”. 

Ejes temáticos

“Los principales ejes temáticos de Zappa eran, por un lado, historias fantasiosas protagonizadas por personajes grotescos. Se nota la gran influencia de la obra de Rabelais en el empleo de neologismos, juegos de palabras, lenguaje procaz, etcétera”, afirma Manuel de la Fuente, autor de otros ensayos esenciales sobre el músico norteamericano como Frank Zappa en el infierno. El rock como movilización para la disidencia política (2006) y La música se resiste a morir. Frank Zappa: Biografía no autorizada (2021), así como traductor de las memorias del músico (La verdadera historia de Frank Zappa, 2014) y de su secretaria Pauline Butcher (¡Alucina! Mi vida con Frank Zappa, 2016)-. Además del autor de Gargantúa y Pantagruel, Zappa encontró también en Alfred Jarry (inventor del humor patafísico y creador de la obra Ubú Rey) una de sus principales fuentes de inspiración literaria.

El segundo eje temático que encontramos en la obra lírica de Zappa es la ridiculización de la sociedad y la política estadounidense. “A través de sus letras, él interviene directamente en el debate político de su tiempo -explica Manuel de la Fuente-. Comenta noticias, denunciar la hipocresía de los fundamentalistas cristintos, de los republicanos, de la clase empresarial…”. Era, en suma, un enemigo radical de la corrección política; razón de más para intuir que no se habría sentido demasiado cómodo en el primer cuarto del siglo XXI.

“Otra de las cosas que aparecen de forma recurrente en sus canciones es la voluntad de ofrecer una crónica alternativa del rock, alejada de la canónica que podrían representar por Beatles. De ahí, por ejemplo, su interés en otorgar protagonismo a la figura de la groupie en muchas canciones”.

Traducción literaria, no literal

Cuando las letras de una canción hablan de pasarlo bien en la playa, de enamorarse o de correr muy rápido por la carretera, el desafío de la traducción es relativo. Pero en el caso de las canciones de Zappa -llenas de referencias culturales locales, argot, juegos de palabras y dobles sentidos-, una traducción palabra por palabra puede generar malentendidos. Esta es la razón por la que Manuel de la Fuente se ha decantado por una traducción literaria, que no literal. “Le hemos dado prioridad a mantener el sentido original de las canciones. Por ejemplo, si traducimos directamente los conceptos de “Valley Girl” o de “Jewish Princess”, que eran estereotipos de pijas muy comunes en Estados Unidos en los ochenta, por “chica del valle” o “princesa judía”, en castellano no se entiende”. 

“El arte más relevante es aquel que parte de un contexto específico para erigirse en un retrato de la condición humana en su conjunto. Por ejemplo, el Guernica de Picasso se considera un símbolo que trasciende el contexto de la guerra civil española, y El Quijote de Cervantes tiene una condición universal más allá del contexto de la Castilla del siglo XVII”. Del mismo modo, razona Manuel de la Fuente, el cancionero punzante y de espíritu crítico de Zappa ha soportado muy bien el paso del tiempo y se presta a una interpretación sociológica que va mucho más allá de la realidad estadounidense de las décadas de los sesenta, setenta y ochenta.

Canciones clave para entender a Zappa

Pedimos al autor del libro que seleccione algunas de las canciones esenciales para aproximarnos a la obra lírica de Frank Zappa.

“Trouble Every Day” (1966) 

Frank Zappa debuta al frente del grupo The Mothers of Invention con Freak Out!, un disco doble aparecido en 1966 en el que ridiculiza las canciones de amor y arremete contra el agitado clima social de Estados Unidos. Uno de los temas destacados es “Trouble Every Day”, canción protesta sobre los disturbios de Watts. Iniciados el 11 de agosto de 1965 a raíz de la detención de un joven afroamericano por conducir ebrio, los disturbios raciales en el barrio de Watts, en Los Ángeles, constituyeron una batalla campal entre los vecinos y la policía, que duró seis días y dejó treinta y cuatro muertos, más de un millar de heridos y cuatro mil detenidos. Al contrario de las canciones protesta convencionales, Zappa denuncia el racismo sin posicionarse del lado de los manifestantes.

“The Idiot Bastard Son” (1968)

Tema aparecido en We’re Only in It for the Money, álbum que parodia el Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de los Beatles. Zappa consideraba a los hippies un movimiento compuesto por niños de papá que acudían a las protestas para drogarse y tener sexo hasta que se acababa el dinero y regresaban a casa. 

“I’m the Slime” (1973)

Aparecida en el disco Over-Nite Sensation, la canción supone una crítica a la banalización de los medios y el uso de la televisión con fines políticos. El lamento por el control social que ejerce la televisión es recurrente en la obra de Zappa.  

“Don’t Eat the Yellow Snow” (1974)

Perteneciente a Apostrophe (’), el único disco de Zappa que llegó al top ten en Estados Unidos, la comicidad se basa aquí en historias disparatadas protagonizadas por personajes grotescos: el protagonista es un niño esquimal que recibe un consejo de su madre: “Fíjate por dónde han pasado los huskies y no te comas la nieve amarilla”. Su autor explicaba que la canción surgió de una conversación con una profesora de lengua en Kansas sobre la función del lenguaje y el hecho de que las sociedades destacan ciertas palabras según su relevancia. Mencionó el caso de la lengua esquimal que, según ella, tiene veinte palabras distintas para la nieve, y añadió en broma que quizás tuvieran algún dicho para advertir a los niños que no comieran nieve amarilla. 

“Bobby Brown” (1979)

Epítome del estilo zappiano, este tema del disco Sheik Yerbouti resume una de las características principales de su cancionero: el conflicto entre texto y música. Por contraste con una estructura rítmica y melódica típica de la canción pop, la letra, de una procacidad absoluta que elude todo principio de corrección política, actúa como antítesis y cuestiona la construcción de la música como instrumento de consumo. El protagonista de la letra encarna al triunfador del American way of life que, sin embargo, se cuestiona su sexualidad tras un encuentro con un travesti y, desde ese momento, experimenta con todo tipo de perversiones.  

“Joe’s Garage” (1979)

Ópera rock distópica que sitúa la historia en unos Estados Unidos donde la música está prohibida, Joe’ Garage constituye uno de los álbumes más conocidos de Zappa. El protagonista del relato, un joven llamado Joe, experimenta todo tipo de calamidades únicamente por su inclinación hacia el oficio musical. El tema que titula el disco ironiza con las fórmulas de éxito que impone la industria a los artistas y grupos emergentes.

“When the Lie’s So Big” (1988)

En 1988, Zappa realiza su última gira, alarmado por la institucionalización de la mentira en el discurso político estadounidense. Son los años de Ronald Reagan, el presidente que entonces llega al fin de su mandato con la amenaza de que su sucesor prosiga con una agenda que, según el músico, puede derivar en la conversión de su país en una “teocracia fascista”. Zappa detecta que el Partido Republicano ha iniciado una nueva época en la que la política se ha sometido a los intereses particulares de los gobernantes. En las canciones de Broadway the Hard Way, álbum que recoge parte de ese tour, se puede contemplar el humor del músico para retratar a la clase dirigente, con unos versos que permanecen más vigentes que nunca.

lunes, 13 de enero de 2025

SAM MOORE, DEL DÚO SAM & DAVE, MUERE A LOS 89 AÑOS

 Los Angeles Times, 11/01/2025

CORAL GABLES, Florida, EE.UU. (AP) — Sam Moore, la mitad sobreviviente y voz más aguda del dúo de los años 60 Sam & Dave, conocido por éxitos que definieron una época como “Soul Man” y “Hold On, I’m Comin’”, ha fallecido. Tenía 89 años.

El publicista Jeremy Westby dijo que Moore murió el viernes por la mañana en Coral Gables, Florida, por complicaciones mientras se recuperaba de una cirugía. Hasta el momento no se dispone de más detalles.

Moore, cuyos admiradores iban desde Al Green hasta Bruce Springsteen, fue incluido, junto a Dave Prater, en el Salón de la Fama del Rock and Roll en 1992.

En Stax Records, con sede en Memphis, Tennessee, Moore y Prater solo eran superados por Otis Redding como las mayores estrellas de la discográfica. Transformaron el “llamado y respuesta” de la música góspel en un frenético espectáculo escénico y grabaron algunos de los éxitos más perdurables de la música soul, entre los que también están “You Don’t Know Like I Know”, “When Something is Wrong With My Baby” y “I Thank You”.

La mayoría de sus éxitos fueron escritos y producidos por el equipo de Isaac Hayes y David Porter, y contaron con la banda de la casa de Stax, Booker T. & the MGs, cuyo guitarrista, Steve Cropper, recibió uno de los gritos más famosos de la música cuando Sam & Dave dijeron “Play it, Steve” a mitad de “Soul Man”.

Como muchos actos de soul de los años 60, Sam & Dave se desvanecieron después de esa década. Pero “Soul Man” volvió a las listas de popularidad a finales de los años 70 cuando los “Blues Brothers”, John Belushi y Dan Aykroyd, la grabaron con muchos de los mismos músicos. Moore tenía sentimientos encontrados sobre el éxito asociado con las estrellas de “Saturday Night Live”, recordando cómo los jóvenes creían que la canción era original de los Blues Brothers.

En 2008, la película “Soul Men” retrató a un par de cantantes envejecidos y distanciados que guardaban más que un ligero parecido con Sam & Dave. Moore perdió una demanda alegando que el parecido era demasiado cercano. También pasó años demandando a Prater después de que éste contratara a un sustituto y realizara giras como los Nuevos Sam & Dave. Prater murió en un accidente automovilístico en 1988 en Georgia.

En 1993, Moore fue uno de los numerosos artistas que presentaron reclamaciones legales alegando que la industria discográfica les había engañado en cuanto a sus beneficios de jubilación. Moore y otros artistas demandaron a varias compañías discográficas y a la Federación Americana de Artistas de Televisión y Radio.

Moore le dijo a The Associated Press en 1994 que se unió al esfuerzo legal tras descubrir que, a pesar de las ventas millonarias de sus discos, su pensión ascendía a solo 2.285 dólares, que podía recibir en un pago único o en pagos mensuales de 73 dólares.

“¿Dos mil dólares por mi vida?” dijo Moore en ese entonces. “Si obtienes beneficios de mí, dame algo también. No me des pan de maíz diciéndome que es un pastel.”

Moore también participó en política. Escribió la canción “Dole Man”, basada en “Soul Man”, para la campaña presidencial del republicano Bob Dole en 1996. En 2017, fue uno de los pocos artistas que actuaron en las festividades de la toma de posesión del presidente republicano Donald Trump. Ocho años antes, Moore protestó cuando el equipo de campaña del candidato presidencial demócrata Barack Obama usó “Hold On, I’m Comin’”.

Moore nació el 12 de octubre de 1935 en Miami y comenzó a cantar en la iglesia. Él y Prater actuaron en clubes de soul y R&B en los años 50, pero no se conocieron hasta 1961 en Miami. Moore ayudó a Prater con la letra de una canción y rápidamente se convirtieron en un dúo local popular. En 1965, después de firmar con Atlantic Records, el productor Jerry Wexler los envió a Stax, la subsidiaria de la discográfica en Memphis.

Moore y Prater discutían a menudo y Moore le dijo a la AP en 2006 que un hábito de drogas, que dejó en 1981, tuvo un papel en los problemas de la banda y más tarde hizo que los ejecutivos del entretenimiento dudaran en darle una nueva oportunidad. El dúo se separó en 1970 y ninguno tuvo otro gran éxito, aunque Moore trabajó a menudo con Springsteen, a quien llamaba uno de sus amigos más cercanos. Actuaron juntos en el escenario y cada uno cantó en álbumes del otro, incluyendo en el enérgico dueto “Real World”.

“DEP Sam Moore”, publicó en X Steve Van Zandt, compañero de banda de Springsteen. “Uno de los últimos grandes hombres del soul. Él y Dave Prater fueron la inspiración para que Johnny y yo formáramos Southside Johnny and the Asbury Jukes. Un hombre importante y maravilloso.”

Se casó con su esposa, Joyce, en 1982, y ella lo ayudó a recibir tratamiento para su adicción que, de acuerdo con él, le salvó vida. “Trabajé en muchos cruceros, hice muchos espectáculos de canciones antiguas”, durante esas luchas, dijo, y agregó que una vez abrió para un grupo de imitadores de Elvis.

“Es gracioso pensar en ello ahora. E hice muchos espectáculos donde si participaba en un show de canciones antiguas, tenía que audicionar”, dijo. “Pero sabes qué? Mantienes la boca cerrada y subes allí y cantas y actúas con todas tus fuerzas, y tomas el poco dinero y sigues con tus asuntos e intentas pagar tus facturas. Me río de ello ahora, pero en ese momento, hombre, era realmente serio.”

Moore siguió grabando y cantando. Fue un intérprete frecuente en los Kennedy Center Honors y cantó para Obama, entre otros presidentes. Le sobreviven su esposa, Joyce, su hija, Michell, y dos nietos.

miércoles, 8 de enero de 2025

LAS NENAS, EL GRUPO DE MÚSICA QUE NO EXISTE Y QUE HA TROLEADO A LA INDUSTRIA: “SE NOS HA IDO DE LAS MANOS”

Katy Lema

El País, 17/12/2024



Su distribuidora, Altafonte, eliminó sus canciones de las plataformas de ‘streaming’ al enterarse de que habían sido creadas con inteligencia artificial

En su perfil de Instagram, Las Nenas dicen ser un grupo de música que está compuesto por tres chicas: Viviana, Claudia y Naiara. También aseguran que hacen canciones “como las de los grupos de chicas de los cincuenta y sesenta y el dream pop de los noventa”. Completan su biografía con un enlace al perfil de Bandcamp, el portal de descarga gratuita y legal de música, y un correo electrónico. Cuentan con poco más de doscientos seguidores y su nombre no resonaría tan fuerte si no fuese porque la inteligencia artificial se ha cruzado en el camino.

Según adelantó elDiario.es y ha podido confirmar EL PAÍS en una conversación con el director de Marketing y PR de Altafonte, Tomás Mayo, hacen música con ayuda de IA, algo que no habían mencionado durante sus promociones. Como consecuencia, Altafonte, la distribuidora digital que las amplificaba en plataformas como Spotify, ha retirado sus canciones de todos estos espacios. En su momento, el grupo reaccionó en sus redes con un escueto mensaje: “Mientras cambiamos de distribuidora, Bandcamp será el único sitio donde podréis escuchar nuestra música”.

Desde Altafonte aseguran que esta es la primera vez que les pasa, que tienen un catálogo de música “supergrande” y que se enteraron de esta polémica por otros cauces. En realidad, la distribuidora llevaba tiempo trabajando con el sello de Las Nenas, Disques Du Lac, un sello “indie y pequeño”. “Nos enteramos, por otro lado, e inmediatamente requerimos al director del sello que nos dijese qué estaba pasando, reconocieron que estaban generadas por IA y les pedimos que diesen de baja el producto”, cuenta Tomás Mayo, responsable de Marketing de Altafonte.

Las Nenas publicaron su primer post en Instagram en primavera, y en julio anunciaron su primer disco: “Ya están en Spotify nuestras nuevas canciones. Una va de fugarse de casa y la otra de encontrar casa”. En octubre subieron su primer videoclip a Vimeo. Imágenes en las que no sale ningún miembro de la banda. Tampoco hay fotos de las tres integrantes juntas. De hecho, lo justificaron en octubre por “la imposibilidad geográfica” y con un “es lo que hay”. Eso sí, tienen hasta vinilo y un fanzine con copias limitadas.

Quienes están detrás del grupo aseguran a EL PAÍS, que han utilizado la aplicación Udio, pero que a diferencia de la música, las letras de las 18 canciones de Último Baño, su primer disco, han sido compuestas por ellos, un chico y una chica. Eso sí, en su cuenta de Bandcamp, atribuyen los temas a sus alter egos: Naiara Basterrechea, VivianaBucchelli y Claudia Weissman. En un comunicado, Las Nenas cuentan que no pretendían engañar a nadie, aunque admiten que ha sido un juego que se les ha ido de las manos y que siempre les pareció “una gracia, una curiosidad”. En este sentido, aseguran que si con una app gratuita han podido hacer “un grupo que casi parecía de verdad”, qué no podrán hacer las grandes discográficas.

IA en la música: un asunto complejo

“No vamos a distribuir música generada por IA”, aseguran en Altafonte. Mayo reconoce que han desarrollado la política sobre la marcha y que en todas las empresas está pasando lo mismo: “Nos ha pillado de nuevas, no estaba en nuestros estatutos. Una vez nos hemos encontrado con esto, la decisión es clara porque estamos comprometidos con respaldar y promover la música hecha de forma auténtica y humana”. Admite que la IA supone un riesgo para la integridad de los artistas, que defienden los derechos de autor y que este es un tema pantanoso.

Mayo señala que a estas alturas la tecnología para identificar la IA no está lo suficientemente desarrollada y que la situación presenta mucha incertidumbre en cuanto a derechos de autor y propiedad intelectual. “Es un peligro y puede provocar una saturación de contenidos”, asegura Mayo.

A pesar de todo, desde Altafonte descartan la mala intención tanto del grupo como del sello: “Es un experimento, supongo que no se lo habían planteado”. E insisten, cuando hablaron con los responsables del proyecto, “asumieron” las responsabilidades. El pasado 15 de diciembre, Las Nenas lanzaron dos nuevas pistas: Vuelve por Navidad y Navidad Asocial. Ahora sí, disponibles en Spotify, pero bajo una “distribuidora extranjera”.