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lunes, 4 de marzo de 2024

¿POR QUÉ NEIL YOUNG SE FUE DE BUFFALO SPRINGFIELD Y CSN&Y?

Jesús Sanz Morales

Plásticos y decibelios, 03/02/2024

Un 3 de marzo de 1966 Neil Young, Stephen Stills y Richie Furay formaron Buffalo Springfield en Los Angeles, una banda que supo combinar sabiamente rock, folk y country en un sonido propio. Su primer gran éxito fue ‘For What It’s Worth’, tema que hablaba sobre los disturbios que hubo por el cierre de un club de Sunset Strip en West Hollywood, California.

Desafortudamente el grupo fue efímero y dejó publicados sólo tres LPs, un debut formidable en la onda del folk rock, un segundo más rock con cierta tendencia psicodélica y el tercero, un disco de sobras que ya apareció a título póstumo.

Hace unos años Neil Young explicó en una entrevista la razón por la cual dejó Buffalo Springfield y más tarde el supergrupo Crosby, Stills, Nash & Young: sintió que “los grupos comenzaban a alejarse de la razón por la cual era miembro”.

Young, que co-fundó Buffalo Springfield en 1966 para irse dos años más tarde y unirse a CS&N en 1969 y comenzar una carrera en solitario en 1970. fue incluido en el Salón de la Fama del Rock & Roll como solista y miembro de Buffalo Springfield, pero no como parte de CSNY.

Howard Stern le preguntó en SiriusXM por su negativa a tocar en el Monterey Pop Festival con Buffalo Springfield en 1967. El canadiense respondió que a él solo le interesaba lo concerniente a su grupo, no ser parte de una especie de “comunidad”.

“Realmente nunca pensé mucho en otra cosa que no fueran las personas para las que escribíamos nuestras canciones y las multitudes para las que tocábamos en vivo, cuando venían a ver a Buffalo Springfield, no a otras 100 bandas, sino a Buffalo Springfield ”, afirmó.

“Teníamos lo nuestro. Entonces yo pensaba: ‘No necesitamos diluirlo con todo eso y convertirnos en parte de todo eso’. Solo pensé que sería bueno si nos mantuviéramos enfocados en nuestro mensaje y en lo que trataban nuestras canciones. y cantar nuestras canciones directamente a nuestros fans, quienes nos amaban por lo que hacíamos”.

“Es justo lo que quería hacer: centrarme en el tema de las canciones y en la expresión de los rostros de las personas que venían a vernos y cómo conectamos con ellos. Para mí, ese era el Santo Grial… eso era todo. Me importaba. Y una vez que empezamos a alejarnos de eso, me fui. No pensé en eso desde el punto de vista de nadie más… No puedo hacer lo que hago si no actúo como creo”.

Cuando se le preguntó cómo se sintió al dejar dos grupos exitosos, Young respondió a Stern:

“No rompí con la música; No rompí con el amor… Solo quería que la música se nutriera. Quería encargarme de eso. Si el amor estaba sufriendo porque la situación no estaba bien, quería llevar el amor a otro lugar donde le iría mejor”.

Luego, Stern preguntó acerca de los sentimientos de Young al no ser incluido junto con CSN en 1997, y contestó que no entendía la política de esa decisión:

“Yo tampoco lo entiendo, pero está bien. Crosby, Stills y Nash son como el núcleo de Crosby, Stills, Nash & Young. Yo era como un satélite flotante. Las voces de esos chicos hicieron que sucediera. Todos esos tipos son grandes compositores, son grandes cantantes, son grandes músicos. Pero lo que quiero saber es, ¿dónde diablos está Crazy Horse? Eso es rock ‘n’ roll”.

jueves, 10 de agosto de 2023

MUERE ROBBIE ROBERTSON, COMPOSITOR Y GUITARRISTA DEL MÍTICO GRUPO DE ROCK THE BAND, A LOS 80 AÑOS

Reuters

El País, 09 /08/2023

[En dos días se nos han ido dos de los grandes. Rest in peace, Robbie.]

La banda fue conocida por canciones como ‘The Weight’ y ‘The Night They Drove Old Dixie Down’ y por haber acompañado a Bob Dylan en sus giras entre 1965 y 1966

El músico Robbie Robertson, guitarrista y compositor principal en el mítico grupo de rock The Band, ha muerto este miércoles a los 80 años en Los Ángeles después de “una larga enfermedad”, según ha comunicado su representante. “Robbie estaba rodeado de su familia en el momento de su muerte”, señala el comunicado. En lugar de flores, la familia ha pedido que se hagan donaciones para apoyar un nuevo centro cultural. El grupo canadiense-estadounidense es conocido por canciones como The Weight y The Night They Drove Old Dixie Down y por haber acompañado a Bob Dylan en sus giras entre 1965 y 1966.

Robbie Robertson nació en Toronto (Canadá) el 5 de julio de 1943. Cuando era niño, Robertson quedó impresionado por sus visitas con familiares en la Reserva India de las Seis Naciones, en el suroeste de Ontario. Se dio cuenta de que “todos allí podían tocar, cantar, bailar o hacer algo con música”, dijo en 2017 en declaraciones al medio canadiense Metro Morning. “Ver a alguien sentado a tu lado en una silla y escuchar sus dedos moviéndose en el instrumento, escucharlos respirar cuando estaban cantando, todo eso me dio escalofríos”. Robertson se enamoró de la guitarra desde el principio y se labró una gran reputación como guitarrista ya durante la primera etapa del grupo. La revista Rolling Stone lo situó en el número 59 en su lista de los 100 mejores guitarristas en 2015.

Conocido por sus armonías vocales, The Band tenía tres excelentes cantantes: el multiinstrumentista Levon Helm, el bajista Rick Danko y el pianista Richard Manuel. Completaba el conjunto el organista Garth Hudson. “Esta era una banda real. Todo el mundo estuvo a la altura hasta el final”, escribió Robertson sobre sus cuatro compañeros en su autobiografía de 2016, Testimony. Su álbum debut, de 1968, contenía éxitos como The Weight y I Shall Be Released, de Dylan, entre otros. Su segundo álbum, de 1969, titulado simplemente The Band, fue aún mejor acogido por la crítica. Con su mezcla única de folk, rock, country, soul y gospel, The Band influyó en Eric Clapton, Elton John, Grateful Dead, The Beatles y generaciones de músicos posteriores.

Originalmente, el grupo se llamó The Hawks. Fue en esa primera etapa cuando acompañaron a Ronnie Hawkins y destacaron por ser también la banda de Bob Dylan en sus giras Going Electric entre 1965 y 1966. Después de cambiar su nombre a The Band y de su participación en el mítico festival de Woodstock en 1969, se convirtió en uno de los grupos más respetados del rock. Martin Scorsese grabó el concierto de despedida de la banda en San Francisco en 1976 y lo publicó en forma de documental bajo el nombre El último vals (1978), considerado como una cumbre del rock cinematográfico. Al escenario subieron figuras como Neil Young, Muddy Waters, Joni Mitchell, Van Morrison, Eric Clapton y, por supuesto, Bob Dylan.

El grupo volvió a formarse en 1983 sin Robertson y publicó tres álbumes, Jericho, High on the Hog y Jubilation, compuestos principalmente de versiones de otros artistas y de menor relevancia crítica y comercial.

Tras separarse de The Band, Robertson compuso bandas sonoras para películas de Scorsese, entre ellas las de Toro salvaje (1980), El color del dinero (1986), Casino (1995) o la más reciente Shutter Island (2010). También hizo una incursión en la actuación en la película Carny, protagonizada por Jodie Foster, y lanzó varios álbumes en solitario, explorando un nuevo territorio sonoro en lugar de tratar de recuperar el sonido distintivo de The Band.

En la década de 1990, surgieron las primeras rencillas entre los miembros del grupo, cuando Helm acusó a Robertson de no dar créditos a los otros componentes en canciones que afirmó que habían coescrito. Robertson negó las acusaciones. Poco antes, en 1986, Manuel se había suicidado en una habitación de hotel de Florida a los 42 años. Danko murió en 1999, a los 55 años, y Helm falleció de cáncer de garganta en 2012.

Después de todos los altibajos, Robertson afirmó en su autobiografía: “A pesar de todas estas turbulencias, siento un profundo aprecio por el viaje que he hecho, con este camino brillante que he recorrido siendo parte de la banda. Nunca habrá otro igual. Tal regalo, tal talento, tal dolor, tal locura... No lo cambiaría por nada”.



miércoles, 9 de agosto de 2023

MUERE A LOS 81 AÑOS EL MÚSICO SIXTO RODRÍGUEZ, PROTAGONISTA DEL DOCUMENTAL ‘SEARCHING FOR SUGAR MAN'

Sergio C. Fanjul

El País, 09/08/2023

[Rest in peace, Sugar Man.]

El cantautor, de letras poéticas y melodías delicadas, publicó dos discos en los sesenta y se hizo hecho célebre en Sudáfrica sin ser consciente de ello

El cantautor Jesús Sixto Díaz Rodríguez, conocido como Rodríguez, cuya vida contó el documental Searching for Sugar Man, premiado con el Oscar en 2013, ha fallecido este miércoles a los 81 años, según ha anunciado la web oficial del músico. “Con gran tristeza, anunciamos que Sixto Díaz Rodríguez ha fallecido hoy temprano. Mandamos nuestras condolencias a sus hijas, Sandra, Eva y Regan, y a toda su familia”.

Rodríguez, de clase obrera y origen mexicano, nació en Detroit en 1942. Pasó por diferentes empleos extramusicales hasta que empezó a actuar en clubs de su ciudad (como uno llamado Sewer, alcantarilla en inglés), lo que atrajo la atención de varios productores relacionados con el mítico sello Motown Records: parecía que del underground de la Motor City surgía un diamante por pulir, uno que se parecía al mismísimo Bob Dylan. En su breve carrera solo grabó dos discos, a comienzos de los sesenta: Cold Fact (1970) y Coming from Reality (1971). Pasaron sin pena ni gloria.

En el documental Searching for sugar man (que hace referencia a la canción Sugar man, “hombre de los caramelos”, es decir, a un camello), escrito y dirigido por el sueco Malik Bendjelloul (fallecido en 2014, al año siguiente del Oscar, con solo 36 años), se cuenta la historia de cómo Rodríguez descubre, tras muchos años, ya sexagenario, que en la lejana Sudáfrica (también en Nueva Zelanda o Australia) es toda una estrella a la que rinden pleitesía decenas de miles de personas que intercambian sus grabaciones durante los setenta y ochenta. “Es una historia perfecta. Tiene el elemento humano, el aspecto musical, una resurrección y una historia de detectives”, dijo entonces el director Bendjelloul a The New York Times.

En el país austral Rodríguez es tan popular como Elvis o los Rolling Stones. Hay quien se tatúa las portadas de sus discos. Incluso corrían rumores sobre su muerte, cometiendo suicidio sobre un escenario (por ahí, por cierto, comenzó la investigación del documental que rescató su figura: no estaba muerto). Su música se convirtió en una inspiración para el movimiento antiapartheid.

“Yo me pregunto - sobre las lágrimas en los ojos de los niños, / Y me pregunto - sobre el soldado moribundo / Yo me pregunto - ¿acabará jamás el odio? / Y me pregunto… y me preocupo, amigo/ ¿Tú no?”, dice el estribillo de su éxito I Wonder.

Mientras, en Estados Unidos, ajeno a su éxito, en una era sin internet, Rodríguez vive con un músico fracasado: la poca aceptación de sus discos le obligaban a trabajar como obrero de la construcción, lejos de su vocación musical. “Hice mucho trabajo pesado: construcción, demolición, ese tipo de cosas. Trabajo sucio y polvoriento”, explicó en una entrevista en el diario británico The Guardian. La discográfica le había ocultado su éxito trasatlántico. La película, y su triunfo en los Oscar, donde obtuvo el premio a Mejor Documental, devolvió a Rodríguez a la primera fila musical y le hizo disfrutar de su fama en Sudáfrica. Y, ahora, merecedor de obituarios.

De la pobreza a la riqueza

Desde entonces no fue todo de color de rosas: en 2014, Rodríguez se enfrentó a una demanda por la propiedad de las canciones de su álbum Cold fact, y los contratos de Rodríguez con dos discográficas. Después de su resurrección, el breve catálogo de Rodríguez se había revalorizado notablemente y estaba por ver quién iba a rentabilizar esa revalorización. “La mía es solo una historia típica de la pobreza a la riqueza”, bromeaba a The Guardian, “pero mejor así que de la riqueza a la pobreza”.

Por otro lado, su condición de nuevo mito de la historia de la música, de fenómeno extraño, de enigma, le permitió pisar escenarios en lugares del mundo antes inopinados para el artista. Por ejemplo, en el mismo 2013, dio un único concierto en España en el Poble Espanyol de Barcelona. Se presentó ante los más de 5.000 espectadores tal y cómo había construido su imagen escénica: de riguroso negro, con sombrero de ala ancha, melena oscura y gafas de pasta negra, cristales tintados.

El crítico de EL PAÍS, Luis Hidalgo, destacaba de aquella noche el cariño del público que empatizaba con su historia de cenicienta: “No todos los días se ve a un artista querido unánimemente más allá de su propio cancionero (...) De ahí el ambiente, inusual en un concierto. Porque nadie deseaba una mala actuación”. No salió del todo bien. Pero “no era el concierto de un artista popular, era el trabajo de una persona honesta recuperada por la justicia poética”.



sábado, 28 de enero de 2023

CASI ME CORTO EL PELO

José Carlos Llop

The Objective, 28/01/2023



«En la música de David Crosby está la década gloriosa del folk-rock. Sin un ápice de nostalgia. Solo la alegría de escucharlo entonces y seguir haciéndolo ahora»

Más de medio siglo después del encuentro entre Marcel Proust y James Joyce en el Hotel Majestic de París, Bob Dylan y Leonard Cohen se encontraron en Les Deux Magots. Aquella tarde Dylan le dijo a Cohen que Hallelujah era para él una de las mejores canciones que se habían escrito nunca. Cohen contestó que le había costado años escribirla y que él, por su parte, sentía una gran admiración por su I and I. Dylan respondió como un resorte: «La escribí en un cuarto de hora». Naturalmente ambos mentían, pero la frase de cada uno de ellos revela algunos rasgos de su personalidad y la de Bob Dylan, sobre todo, su divismo de hombre solitario que cruza las tierras y los tiempos y así construye el que es: otra encarnación del Judío Errante, inmerso en y al margen de la Humanidad.

La pasada semana murió David Crosby y estuve viendo dos vídeos de The Byrds, grupo que fundó, interpretando con guitarras y bajo eléctricos, la canción de Bob Dylan Mr. Tambourine Man. Uno de esos vídeos era la versión oficial –1964, blanco y negro– y en él todos, también Crosby, son jovencísimos. El otro era de un concierto en directo –1990 – en el que los miembros de The Byrds, salvo el bajista, han envejecido considerablemente. David Crosby está muy gordo, el pelo blanco y el rostro hinchado: consecuencias de los trasplantes y medicación. Pero la satisfacción ante el público es de calidad superior. Una vez empezada la canción irrumpe en el escenario Bob Dylan, enmascarado tras sus gafas de sol. No lo duda: se dirige sólo a David Crosby y tocan y cantan mirándose con idéntico afecto y admiración: saben cuál es el origen de su mundo y lo comparten ahí donde los demás no estuvieron.

Hasta que Crosby se hace a un lado para que el cantante de The Byrds –Roger McGuinn, que hace los solos de Mr Tambourine Man como nadie– pueda acercarse a un Dylan, en principio distante con él, y canten a dos voces mientras Crosby rasguea su guitarra con rostro de felicidad. La felicidad de un reencuentro a través del tiempo y la felicidad de la inmortalidad de una canción que tiene una vida irrepetible detrás. Cuando la canción acaba, Dylan vuelve a buscar a Crosby –su rostro iluminado por la alegría– y ambos se golpean en brazos y hombros y Dylan lo mira de nuevo como quien mira a un hermano mayor al que admira y los ojos de Crosby lo dicen todo y nada es malo sino su contrario. La sociedad del espectáculo aún no estaba impregnada de narcisismo solipsista y en el respeto y la satisfacción de Dylan y Crosby está la década gloriosa del folk-rock y están la esencia profética del primero y dos maravillas del segundo: Déjà Vu, el disco de Crosby, Stills, Nash & Young, y el doble en directo 4Way Street o la Biblia que tantos disfrutamos una y otra vez allá por los 70. Y aquí no hay ni un ápice de nostalgia: sólo la alegría de escucharlo entonces y seguir haciéndolo ahora y la parábola que se tiende entre el tiempo de la temprana juventud y el de la vida adulta, cuando no se ha tirado todo por la borda.

He citado 4Way Street y he de decir que siempre fui de Neil Young: con el grupo fundado por Crosby y en solitario. Sigo siéndolo. Pero en todo este tiempo David Crosby ha estado ahí, como un gigante de cuento, bondadoso pese a su malhumor –recuerden su historia de amor con Joni Mitchell– y sus frases como sablazos de coracero de La Grande Armée. Él y sus canciones nos han acompañado durante cincuenta años, se dice pronto: empezando por Almost cut my hair, radiante en Déjà Vu, con su estética de tramperos en los bosques fronterizos con Canadá, y siguiendo por su Music is love, con el espíritu de los primeros hippies detrás y el magnífico título del LP: Si sólo pudiera recordar mi nombre…, para acabar –ojo al dato– con su gran afición por la música polifónica del XV y su natural influencia ahí donde en principio podría resultar lejana o ajena. Pues no: escuchen Orleans, por ejemplo, o I’d swear there was somebody here.

David Crosby ha muerto a los 81 años y al cumplir los 80 comentó que la muerte estaba cerca. No porque enfermara o la percibiera rondando. Si no, como dijo, «porque esto va así y ahora va a tocar morirse». Ella no ha tardado en presentarse, pero nada de lo dicho –y mucho más– podrá la muerte borrarlo nunca.

Creo que de momento volveré a dejarme las patillas.

viernes, 20 de enero de 2023

MUERE DAVID CROSBY, LEYENDA DEL FOLK-ROCK, A LOS 81 AÑOS

Luis Pablo Beauregard

El País, 20/01/2023



[Este no es obituario de un músico cualquiera. David Crosby era miembro de The Byrds, mi banda favorita, y además este blog lleva por nombre el título de un tema compuesto por él. Que la tierra le sea leve.]

El influyente fundador de The Byrds e integrante de Crosby, Stills, Nash & Young fallece a los 81 años después de definir el sonido de los sesenta

David Crosby, una de las figuras más importantes de la música de Estados Unidos, ha fallecido este jueves, han confirmado sus representantes a la revista Variety, quienes no mencionaron la causa de muerte. El músico fue el responsable de la mezcla de géneros que definió el rock de mediados de los sesenta como integrante de los influyentes The Byrds y la agrupación Crosby, Stills, Nash, a la que después se sumó Neil Young, uno de los primeros supergrupos de la música norteamericana. Crosby batallaba desde hace tiempo con varios problemas de salud que derivaron de un trasplante de hígado y de un pasado marcado por el abuso de drogas y alcohol. Su pareja, Jan Dance, ha escrito un comunicado donde habla de “una larga enfermedad”. En el momento de su fallecimiento, el músico, de 81 años, estaba acompañado por ella y por su hijo, Django.

Los primeros en despedirle han sido sus excompañeros, con los que tuvo momentos de unión y también de peleas. Como Graham Nash, que escribió: “Con profunda tristeza supe que mi amigo David Crosby falleció. Sé que la gente tiende a centrarse en lo tirante que ha sido nuestra relación a veces, pero lo que siempre nos ha importado a David y a mí más que nada fue la alegría pura de la música que creamos juntos, el sonido que descubrimos juntos y la profunda amistad que compartimos durante todos estos largos años. David era audaz con su música y en la vida. Decía lo que había en su cabeza, en su corazón y su pasión por la belleza en la música nos deja una gran herencia. Eso es lo que más importa”.

En mayo de 2012, ambos apartaron su rivalidad y tocaron juntos en un mitin político en favor de Barack Obama, quien entonces buscaba ser reelegido. Crosby nunca ocultó sus tendencias de izquierda progresista, ideología que conocen los más de 230.000 seguidores de su muy activa cuenta de Twitter.

Originario de Los Ángeles e hijo del director de fotografía Floyd Crosby, David creció queriendo ser actor, una idea que abandonó cuando tenía 20 años y se dedicó a tocar la guitarra con un grupo de folk del condado de Orange, al sur de la ciudad angelina. Aquellos eran los primeros años de la década de los sesenta, y la costa oeste de Estados Unidos estaba llena de sonidos, experimentos y drogas que estaban por definir el sonido de una década.

Uno de aquellos experimentos lo abanderaba Jet Set, una banda que unió a Crosby con Gene Clark y Robert McGuinn, quienes conocían la escena tocando la guitarra en cafeterías y habían fabricado sonidos pop en algunas boy bands. La agrupación se cambió el nombre un par de veces, pero halló la fama cuando se convirtieron en The Byrds. En 1965 lanzaron su debut, Mr. Tambourine Man, una canción de Bob Dylan que fue reconvertida en un exitoso sencillo. Uno de los mejores primeros álbumes de la historia, según los expertos. La crítica también los calificó como la respuesta más sólida ante el auge de la música británica. Consiguieron colocar en los primeros puestos de las listas de éxitos varios temas, la mayoría versiones de Dylan y Pete Seeger.

Crosby solo figura como compositor en uno de los temas de aquel estreno, pero Mr. Tambourine Man fue suficiente para consolidarlo como el cerebro de las armonías del grupo que, con el paso de los años, fue mostrando su interés en la música hindú, la psicodelia y el jazz. El músico siempre citó entre sus influencias a John Coltrane y Miles Davis, quien en 1970 hizo una versión de su tema, Guinnevere. Los Byrds sufrieron varios ajustes en su alineación durante cuatro años, un periodo tan turbulento como fecundo donde lanzaron Fifth Dimension y Turn! Turn! Turn!.

Crosby también escribió temas para el álbum The Notorious Byrd Brothers, lanzado a inicios de 1968. Los problemas internos llevaron a que Crosby fuera despedido del grupo que fundó. Había colmado la paciencia de McGuinn al tocar con bandas rivales como Buffalo Springfield, donde figuraban los músicos Stephen Stills y Neil Young, quienes serían muy importantes más adelante para Crosby.

A ojos de sus compañeros, Crosby también había protagonizado un papelón en el festival de rock de Monterey, donde se extendió innecesariamente entre los temas para hablar del asesinato de John F. Kennedy y exaltar las bondades del LSD, una droga que, en su opinión, debía ser suministrada a “políticos y hombres de Estado de todo el mundo”. Los aficionados al grupo aseguraban, con algo de mala fe, que McGuinn lo reemplazó con un caballo en la portada de The Notorious Byrd Brothers, algo que el compositor ha negado.

Ya en 1968, Crosby era una figura de gran dimensión. Tanto sobre los escenarios como en los estudios de grabación. Aquel año produjo el disco debut de una joven cantante canadiense originaria de Fort McCleod, Joni Mitchell. Así nació Song to a Seagull. Fuera de esta excepción, Crosby reservó su trabajo como productor para sus grupos.

Su paso por The Byrds le valió una entrada al Salón de la Fama del Rock. Iniciaría una nueva etapa años después gracias a su trabajo junto a Stephen Stills y Graham Nash con quienes lanzó en 1969 un álbum donde figuraban solo sus apellidos. Con más de cuatro millones de discos vendidos, se convirtió en un éxito. Un año después, en 1970, el trío sumó a Neil Young gracias a la propuesta del legendario productor de Atlantic Records, Ahmet Ertegun. Así nació Crosby, Stills, Nash & Young, conocido también como CSNY, que le valió una segunda entrada al Salón de la Fama. El grupo formó parte del cartel original de Woodstock.

El álbum debut de CSNY, Deja Vu (1970), es otro clásico que captura en sus sonidos y letras el fin de los sesenta y el movimiento hippie. En uno de sus temas, un hombre confesaba que estuvo a punto de cortarse el pelo largo, pero que finalmente había cambiado de opinión y dejado volar la bandera freak (”I feel like getting my freak flag fly”). Lo que los seguidores del grupo asumieron como un grito de batalla a lo largo de las décadas. En 1971 firmó su primer disco como solista.

Adicciones y problemas de salud

La década de los setenta fue especialmente destructiva para Crosby. Su consumo de marihuana y sustancias psicodélicas lo llevó a una fuerte adicción de varias drogas. “Tenía suficiente dinero para hacerme más y más adicto”, dijo a la revista People en los años noventa. Neil Young lo recuerda en pleno proceso de recuperación en 1988, cuando CSNY trabajaba en lo que sería American Dream. “Emocionalmente, ha estado viviendo la vida al máximo. Vive cada momento por pequeña que sea y está sintiendo todo al extremo, después de no haber sentido nada por 10 años. Así que está muy vivo y yo lo quiero mucho por haber tenido la fuerza necesaria para recuperarse”, dijo Young en una entrevista. En 1994 se sometió a un trasplante de hígado pagado por Phil Collins, el exitoso músico de Genesis.

Hace algunos meses, Crosby anunció que finalizaba su recorrido por los escenarios. La pandemia acabó con un frenético ritmo de conciertos que duró décadas, al estilo del interminable tour de Dylan. “Soy demasiado viejo para hacerlo más. No tengo la resistencia, no tengo la fuerza”, dijo Crosby hace ocho meses, aunque poco después se desdijo.

Con su retiro de los escenarios, el compositor también anunció que grababa un nuevo disco, el decimosexto como solista. For Free era también una despedida. “Ahora tengo 80 años, así que moriré bastante pronto... Estoy tratando de producir tanta música como sea posible, siempre que sea realmente buena”, dijo. Este miércoles, un día antes de morir, mostró humor en las redes sociales. Aplaudió a Greta Thunberg, quien fue detenida en una protesta en Alemania. Y respondió a alguien que hablaba del cielo. “He oído que el lugar está sobrevalorado. Está muy nublado”, escribió.


miércoles, 28 de diciembre de 2022

CUANDO LOU REED ERA UN ‘FOLKIE’

Ramón de España

Crónica global, 27/12/2022

Los enamorados del artista estadounidense están de celebración con el disco 'Words & Music May 1965', que rescata sus primeros temas, antes de que se conocieran a través de 'The Velvet Underground'

El norteamericano Lou Reed (Nueva York, 1942 – 2013) ha pasado a la historia como una figura ejemplar del rock & roll, pero en sus inicios fue un folkie más, en la estela de Bob Dylan, que interpretaba sus canciones a voz y guitarra, apoyadas esporádicamente por una armónica. Nadie había oído a ese Lou Reed hasta ahora, casi diez años después de su fallecimiento, al aparecer en su oficina una cinta fechada en 1965 que recoge temas que luego utilizaría con The Velvet Underground o para su carrera en solitario, junto a canciones tradicionales y hasta una versión del tema de Dylan Don´t think twice, it´s alright.

Dicha cinta se ha convertido en un disco titulado Words & Music May 1965, que podría haber sido un nuevo intento de hacer dinero a costa del difunto (bueno, algo de eso hay, ¿para qué negarlo?), pero constituye una interesante rareza para los devotos de esa música absolutamente todo lo que grabó (en la portada pone Lou Reed Archive Series Number One, lo que permite intuir que igual aún no se han acabado las sorpresas con respecto a nuestro hombre, recordemos que Jimi Hendrix, por citar un caso extremo, publicó más elepés muerto que vivo).

Aunque las discográficas se dediquen últimamente a promocionar el vinilo para hípsters (formato que cuesta el doble que el CD) y a amortizar hasta la náusea discos con los que llevan años forrándose a base de ediciones trufadas de descartes, conciertos en DVD o siete versiones de la misma canción (véase lo que han hecho con la súper reedición del Hunky Dory de David Bowie, sin ir más lejos), la publicación de Words & Music May 1965 va en una dirección distinta a la usual explotación de material vetusto que representan esas reediciones llenas de añadidos innecesarios y dirigidas a melómanos de la tercera edad.

El rescate de la cinta en cuestión nos muestra a un Lou Reed al que no habíamos oído nunca, a una especie de folkie del Greenwich Village muy alejado del sujeto que fundó a los Velvets unos años después bajo el patrocinio de Andy Warhol. Es un Lou Reed primitivo, rupestre, forzosamente austero, pero que ya se muestra como un compositor formidable.

Cuenta con su compadre John Cale en algunos temas –haciendo coros, generalmente, salvo en Wrap your troubles in dreams, que no aparecería en ningún disco de los Velvets, pero sí en el primero de Nico, Chelsea girl-, pero lo principal es su voz y su guitarra (y a veces su armónica), cantando canciones que nos suenan inevitablemente porque ya las habíamos oído en sus versiones definitivas y canónicas, canciones como I´m waiting for the man,

Heroin o Pale blue eyes, que, desprovistas del bien estructurado ruido de The Velvet Underground, aparecen como sencillas e inocentes folk songs Con Words & Music May 1965 conocemos, finalmente, la prehistoria de Lou Reed y nos hacemos una idea aproximada de quién era antes de ser el Lou Reed que todos conocemos.

Pese a lo rupestre de la grabación, los esfuerzos invertidos en su restauración han arrojado un feliz resultado: es una serie de maquetas de canciones aún por desarrollar, cierto, pero la sensación de cercanía e inmediatez que generan en el oyente las hace especialmente atractivas, pues es como tener en el sofá de tu casa a Reed y Cale cantando en exclusiva para ti. Frente a otras iniciativas que solo pretenden sacarles los cuartos a los pobres desgraciados de una cierta edad que se resisten el encanto de Spotify porque les gusta tener un estuche en la mano mientras escuchan un disco, la de rescatar esas grabaciones que van de 1958 a 1964 supone un añadido de interés para los seguidores del artista (nada que ver con sacarte 130 euros con la mega reedición del Revolver de los Beatles, por poner otro ejemplo tan reciente como el de Hunky Dory).

Pero lo mejor de Words&Music no es que contribuya a la felicidad de los completistas (que también), sino que te pone en contacto con un Lou Reed que no conocías de nada y que ya apuntaba maneras mientras Dylan lo petaba, algo que, a fin de cuentas, nunca consiguió nuestro hombre, ni con los Velvets ni en solitario. Escuchar a alguien que empezaba cuando lleva casi diez años muerto tiene un componente algo mórbido, pero también entrañable, pues captas al futuro mito en sus inicios y compruebas que sus primeros temas no eran meros balbuceos, sino estupendas canciones a las que, tal vez, les faltaba un hervor electrificado (Electricity comes from another planet, cantaría Lou en Inside of your heart). En resumen: una exhumación muy digna de agradecer cuyo principal motivo no es, por una vez, seguir explotando a un cadáver, sino mostrárnoslo como el veinteañero neoyorquino que fue y que, a falta de una banda de acompañamiento, sonaba como un folkie. Hay más casos parecidos. Pensemos en la evolución del folk al rock a cargo de Marc Bolan y su T. Rex.

O en el primer disco oficial de Bowie, donde solo Space Oddity se escapa, y no del todo, al tono folk que planea sobre toda la obra. O en una canción de los primeros Stones como Sitting on a fence. Aunque ya nos sepamos de memoria muchas de las canciones de Words & Music, merece mucho la pena hacerse con este disco, pasando olímpicamente de los tocomochos a costa de Revolver o Hunky Dory: no hay mejor manera de hacerse la ilusión de que tienes a Lou en el salón de tu casa cantando Pale blue eyes exclusivamente para ti. 

miércoles, 13 de julio de 2022

ROGER MCGUINN, EL GENIO DE LOS BYRDS, CUMPLE HOY 80 AÑOS

Julio Ruiz 

Plásticos y decibelios, 13/07/ 2022



Roger McGuinn , antes Jim McGuinn, el increíble guitarrista de los Byrds y el hacedor de las canciones de Dylan en el múndo del cok eléctrico, cumple hoy 80 años.

Nacido y criado en Chicago, McGuinn se interesó por la música después de escuchar “Heartbreak Hotel” de Elvis Presley y pidió a sus padres que le compraran una guitarra.

Casi al mismo tiempo, también fue influenciado por Johnny Cash, Carl Perkins, Gene Vincent y The Everly Brothers. En 1957, se matriculó como estudiante en la Old Town School of Folk Music de Chicago, donde aprendió a tocar el banjo de cinco cuerdas y continuó mejorando sus habilidades con la guitarra.

Después de graduarse, McGuinn actuó en solitario en varios cafés del circuito de música folclórica, donde fue contratado como acompañante por grupos de música folclórica en la misma línea que los Limeliters, el Chad Mitchell Trio y Judy Collins.

También tocó la guitarra y cantó armonías de respaldo para Bobby Darin. Poco después, se mudó a la costa oeste, eventualmente a Los Ángeles, donde finalmente conoció a los futuros miembros de The Byrds.

Durante 1963, solo un año antes de co fundar The Byrds, fue músico de estudio en la ciudad de Nueva York, grabando con Judy Collins y Simon & Garfunkel.

Al mismo tiempo, oía hablar de The Beatles, cuya primera gira por Estados Unidos comenzaría en febrero de 1964, y se preguntaba cómo afectaría la Beatlemanía a la música folclórica.

Cuando Doug Weston le dio a McGuinn un trabajo en The Troubadour en Los Ángeles, McGuinn había incluido canciones de los Beatles en su actuación. Le dio tratamientos de estilo rock a melodías folclóricas tradicionales y, por lo tanto, llamó la atención de otro fanático de los Beatle, Gene Clark, quien unió fuerzas con McGuinn en julio de 1964. Juntos formaron el comienzo de lo que se convertiría en The Byrds.

Durante su tiempo con The Byrds, McGuinn desarrolló dos estilos innovadores y muy influyentes de tocar la guitarra eléctrica. El primero fue “jingle-jangle”, que generó arpegios resonantes basados ​​en estilos de punteo de banjo que aprendió mientras estaba en la Old Town School of Folk, que influyó en el género folk rock.

El segundo estilo fue una fusión de las atonalidades del free-jazz del saxofonista John Coltrane, que insinuaban el zumbido del sitar, un estilo de interpretación que se escuchó por primera vez en el sencillo de 1966 de The Byrds, “Eight Miles High”. Fue influyente en el rock psicodélico.

Mientras “seguía” el primer sencillo de The Byrds, “Mr. Tambourine Man”, en los estudios de Columbia, McGuinn descubrió un componente importante de su estilo.

Y decía:

“La ‘Ric’ , la famosa guitarra que tocaba George Harrison en los Beatles, la guitarra Rickenbacker] en sí misma es un poco ruidosa”.”No suena. Pero si agregas un compresor, obtienes ese sostenido prolongado. Para ser honesto, encontré esto por accidente”.

Y explica su sonido único:

“El ingeniero, Ray Gerhardt, haría funcionar compresores en todo para proteger su preciado equipo del ruidoso rock and roll. Comprimió muchísimo mi guitarra de 12 cuerdas y sonó tan bien que decidimos usar dos compresores de válvulas .Probablemente Teletronix LA-2A en serie y luego ir directamente a la placa de reverb “.

Y cuenta :

“Así es como obtuve mi tono ‘jingle-jangle’. Está realmente aplastado, pero salta de la radio. Con la compresión, descubrí que podía sostener una nota durante tres o cuatro segundos y sonar más como un instrumento de viento. Más tarde, esto me llevó a emular el saxofón de John Coltrane en ‘Eight Miles High’. Sin compresión, no podría haber sostenido la primera nota del riff.

“Practiqué ocho horas al día con la ‘Ric’Realmente trabajé. En aquellos días, los acústicos de 12 tenían mástiles anchos y cuerdas gruesas que estaban bastante separadas, por lo que eran difíciles de tocar. Pero El mástil delgado y la acción baja de Rick me permitieron explorar escalas de jazz y blues hacia arriba y hacia abajo del diapasón, e incorporar más martillazos y pull-offs en mis solos.También traduje algunas de mis técnicas de tocar el banjo a las 12 cuerdas. Al combinar una púa plana con púa de metal en mis dedos medio y anular, descubrí que podía cambiar instantáneamente de ejecuciones rápidas de una sola nota a redobles de banjo y obtener lo mejor de ambos mundos”.

La compañía de guitarras CF Martin incluso ha lanzado una edición especial llamada HD7 Roger McGuinn Signature Edition, que pretende capturar el tono “jingle-jangle” de McGuinn que creó con guitarras de 12 cuerdas, manteniendo la facilidad de tocar una guitarra de seis cuerdas.

The Byrds grabaron varios álbumes después de Mr. Tambourine Man en 1965. El sencillo, “Turn! Turn! Turn!”, escrito por Pete Seeger con la letra extraída del Eclesiastés en el Antiguo Testamento, fue el segundo éxito número 1 de The Byrds a finales de 1965. 1965. Gran versión , extraordinario single:

En 1969, la versión en solitario de McGuinn de “Ballad Of Easy Rider” apareció en la película Easy Rider, mientras que una versión de banda completa fue la canción principal del álbum lanzado más tarde ese año. McGuinn también interpretó una versión de “It’s Alright, Ma (I’m Only Bleeding)” de Bob Dylan para la banda sonora de Easy Rider.

Su álbum “Untitled” presentó una versión de 16 minutos del éxito de The Byrds de 1966, “Eight Miles High”, con los cuatro miembros tomando solos extendidos representativos de su estilo de tocar “jam-band” durante ese período.

Después de varios cambios de personal, el grupo se disolvió en 1973, con Chris Hillman tocando el bajo con la banda para su último concierto en febrero de ese año. Los miembros notables de la banda incluyeron a David Crosby, Gene Clark, Michael Clarke, Clarence White, Skip Battin y Gram Parsons, todos los cuales formaron grupos exitosos.

En 1968, McGuinn ayudó a crear el innovador álbum de Byrds, Sweetheart of the Rodeo, al que muchos atribuyen el aumento de la popularidad del country rock. El álbum fue originalmente concebido como una mezcla de rock, jazz y otros estilos. Sin embargo, las influencias bluegrass-western-country de Gram Parson y Chris Hillman pasaron a primer plano.

Los álbumes de otros artistas, e incluso las canciones de Byrd de Hillman en álbumes anteriores, mostraron una fuerte influencia country, pero “Sweetheart” fue el primer álbum de country rock completo.

Después de la ruptura de The Byrds, McGuinn lanzó varios álbumes en solitario a lo largo de la década de 1970. Hizo una gira con Bob Dylan en 1975 y 1976 como parte de “Rolling Thunder Revue” de Dylan.

A finales de 1975, tocó la guitarra en la canción titulada “Ride The Water” del álbum de estrellas The 20th Anniversary of Rock ‘n’ Roll de Bo Diddley.

lunes, 21 de febrero de 2022

DOLOR, CAOS Y TRIUNFO: CÓMO CONSTRUYÓ NEIL YOUNG SU OBRA MAESTRA ‘HARVEST’

Carlos Marcos

El País, 20/02/2022

Enamorado, herido y emocionalmente inalcanzable, el canadiense era un ‘hippy’ veinteañero y millonario hace 50 años, cuando editó su disco más popular. Esta es la historia de la accidentada grabación.



Es la foto de la contraportada de Harvest, llena de simbolismo. Una banda tocando en un granero. Cuatro músicos sentados con sus instrumentos (batería, pedal steel, piano y bajo) miran entre expectantes y temerosos a un chico de 25 años, el único que está de pie, que aparece de perfil, camisa de franela, con una lacia melena tapándole la cara. Solo se ve la nariz y parte de la frente. Neil Young. Sufre unos fuertes dolores de espalda, acrecentados por el peso de una voluminosa guitarra eléctrica blanca marca Gretsch. Deberá pasar por el quirófano. La escena transcurre en el rancho de medio millón de dólares (de 1972) que se ha comprado Young con el dinero que ha ingresado después de fundar el grupo Buffalo Springfield, participar en el proyecto de superbanda Crosby, Stills, Nash and Young y editar tres discos en solitario. Un idealista asumiendo su fracaso hippy y adaptándose a su nuevo estatus de hombre rico. La canción que están grabando en ese establo irá incluida en Harvest, el disco más famoso y más vendido del músico canadiense, un álbum que se elaboró durante un año por el parón de la cirugía, un disco maravillosamente deslavazado que se registró en cuatro partes del mundo, una obra maestra que 50 años después sigue sonando vigorosa y emocionante.

Neil Young estaba enamorado en 1972. De una actriz californiana, Carrie Snodgress. La había visto en una película, Diario de una esposa desesperada (1970), por la que Snodgress fue nominada al Oscar a mejor actriz y ganó el Globo de Oro. Aprovechando su condición de incipiente estrella del rock, Young utilizó sus contactos para que alguien dejara una nota en el camerino de la actriz mientras ella actuaba en una obra teatral en Los Ángeles. “Llama a Neil Young”. Y adjuntaba un número de teléfono. Snodgress, más cerca de Hollywood que del rock, no sabía quién era Young. Pero telefoneó. Formaron una pareja potente: el rockero y la actriz, espigados, desaliñados, hippies con la cuenta corriente saneada.

Ella se mudó al rancho recién adquirido por él. En septiembre de 1972 nació el hijo de ambos, Zeke, con parálisis cerebral. Snodgress se dedicó en cuerpo y alma a él y arrinconó su carrera en Hollywood. El enamoramiento del hombre introspectivo y solitario se aprecia en Heart of Gold, su único número uno en Estados Unidos, y en A Man Needs a Maid, un tema polémico si se toma al pie de la letra (Un hombre necesita una criada). Pero Harvest tuvo un desarrollo tortuoso. Se tardó en grabar casi un año, de enero a octubre de 1971. La causa principal fue la operación a la que se sometió Young, que sufrió una lesión de espalda al mover un tablón en su rancho. Primero intentó recuperarse con un corsé que llevó durante unos meses, pero finalmente optó por la cirugía.

La sensación de caos estilístico de Harvest tiene que ver con que se grabó en cuatro lugares: Nashville, Londres, su rancho californiano y una pieza en directo en un concierto en Los Ángeles. A Nashville llegó para participar en The Johnny Cash Show, el programa que el titán del country presentaba en la cadena ABC. Siempre impulsivo, cuando Young llegó a Nashville dijo al productor Elliot Mazer que había compuesto unos temas y que necesitaba a un grupo para grabarlos. Mazer le consiguió a los Stray Gators, una banda de músicos de estudio experimentados que iban a pasar a la historia por participar en Harvest. Destacaban entre ellos el pianista Jack Nitzsche y sobre todo Ben Keith, el guitarrista steel que acompañaría al canadiense los siguientes 37 años, hasta su fallecimiento en 2010. De las sesiones de Nashville salieron Out On The Weekend, Harvest o Heart Of Gold, las piezas de country-rock apacible. Una música que transmite sosiego, pero interpretada en un ambiente de frialdad. “Lo mal que lo estaba pasando por culpa del dolor de espalda y los cambios de humor, controlados en gran parte por la medicación, hacían que todo el mundo guardara las distancias”, relata el productor Elliot Mazer en Shakey, de Jimmy McDonough, la biografía más documentada del artista.

Enigmático y rácano en el reparto de emociones, Young sembró el caos con su táctica. “Neil enseñaba las canciones a la banda en el último instante. No había tiempo para prepararlas. El grupo las desconocía hasta que llegaba el momento de grabar”, escribe McDonough. Young aprovechó que James Taylor y Linda Ronstadt estaban invitados al programa de Johnny Cash para pedirles coros. Taylor cogió un banjo por primera vez en su vida y dibujó unas armonías en Old Man. Así de improvisado resultó todo.

Los temas eléctricos, Alabama o la tremenda Words, se registraron en el granero del rancho de Young. Cuentan con los coros de sus amigos Crosby, Stills y Nash. Son piezas que hubieran venido bien a los rocosos Crazy Horse, el grupo que ya había colaborado con Young en Everybody Knows This Is Nowhere (1969) y After The Gold Rush (1970) y cuya sociedad aún se mantiene, aunque él prefirió a los Stray Gators. El piano de Nitzsche aporta un dramatismo especial. Los dos temas registrados en Londres, A Man Needs a Maid y There Is a World, se embellecen por la aportación de la Orquesta Sinfónica de Londres. Son canciones que parecen compuestas para una banda sonora de película. Y hay un cuarto lugar de ejecución, el Royce Hall, un auditorio de la Universidad de Los Ángeles. Allí, en un concierto, se recoge una de las composiciones más carismáticas de la carrera de Young, The Needle And The Damage Done (La aguja y el daño producido), seguramente la primera vez que se habla de forma tan explícita en una canción de la devastadora heroína: “Vi la aguja atrapar a otro hombre… / Cada drogadicto es como un sol poniente”. En su cabeza ya se presagiaba la muerte por sobredosis de Danny Whitten, guitarrista de Crazy Horse, en noviembre de 1972 a los 29 años.

La influencia de Harvest resulta abrumadora. Jairo Zavala, líder de Depedro, afirma: “Se encuentra entre mis cinco mejores discos de todos los tiempos. Ha sido una referencia para aprender cómo cantar y cómo interpretar, y también emocional. Me ha servido hasta para aprender estilística musical que luego he desarrollado en mi carrera. Es un disco mayúsculo”. Jorge Martí, cantante y compositor de La Habitación Roja, señala: “Es un álbum que transmite paz. Me gusta esa mezcla campestre de guitarras acústicas, pianos y arreglos orquestales. A pesar del poso melancólico de algunas canciones, su escucha me reconforta”.

La temática de Harvest resulta doliente a pesar de que el autor estaba enamorado. Young asume que las cosas no son para siempre y que aparecerán en el camino las heridas sentimentales. En Heart Of Gold anuncia que está “buscando un corazón dorado” y que en la misión es posible que se haga “viejo”. Se fustiga porque siente que nunca estará preparado para ofrecer todo el amor que la otra persona requiere. En Old Man afronta su propia paradoja en una canción dedicada al capataz de su rancho: al contrario que su empleado, el cantante es un veinteañero rico. Pero en busca siempre de reconfortar sus sentimientos: “Viejo, mira mi vida. / Soy como tú. / Necesito a alguien que me ame”.

En 1975 y después de seis años de relación, Carrie Snodgress y el cantante se separaron. Ella había parado en seco su carrera como actriz; Young siguió logrando éxitos en una carrera que todavía continúa. Pero nunca volvió a cosechar un triunfo como el de Harvest.

lunes, 31 de enero de 2022

NEIL YOUNG: LAS MIL BATALLAS DE UN LLANERO SOLITARIO

Andrés Del Real

La Tercera, 28/01/2022

El cantautor canadiense, cuyo catálogo fue eliminado de Spotify esta semana tras protestar contra el podcast de un antivacunas, tiene un extenso historial en su lucha contra la industria de la música. MTV, los sellos discográficos, el MP3 y hasta Michael Jackson han sido parte alguna vez de su lista de enemigos.

El 23 de febrero de 1971, un delgado, pelilargo e inspiradísimo Neil Young llegaba hasta los estudios de la BBC Four para presentar algunas de sus primeras grandes canciones como solista. Entre ellas, una entonces inédita Old man, dedicada a Louis Avila, el viejo cuidador del rancho Broken Arrow que él mismo había comprado un año antes en el norte de California. El silencio -británico, rotundo- que acompaña la interpretación hace pensar que, de alguna forma, la audiencia era consciente de estar presenciando el estreno de una obra mayúscula, en la que el canadiense declara su admiración y proyecta su propia vida en la del humilde y resuelto granjero.

Hoy Young debe tener una edad parecida a la que tenía Avila para ese primer encuentro. Y como en una profecía autocumplida, también un rol similar en el mundo: a sus 76 años y tras casi medio siglo instalado en Broken Arrow -hoy se cree que volvió a su natal Ontario junto a su esposa, la actriz Daryl Hannah-, el legendario cantautor vive como el protagonista de Old man, “solo en su paraíso”, publicando discos nuevos y antiguos a su particular manera, enfrentado a los códigos de la industria y sin transar en sus convicciones, “como una moneda que no será lanzada”.

Es debido a esas convicciones que, desde esta semana, los usuarios de Spotify no pueden escuchar en esa plataforma ni Old man ni ninguna otra canción de Harvest, su célebre LP de 1972. Tampoco otros discos gigantes como After the gold rush (1970), On the beach (1974) o el sólido Barn, lanzado hace sólo un mes. Tras amenazar con quitar su discografía de la plataforma, a modo de protesta por la presencia del podcast del antivacunas Joe Rogan entre los contenidos de la app, desde el jueves el catálogo de Young en el servicio se reduce a un par de piezas de su autoría presentes en compilados y bandas sonoras para cine.

“Pronto mi música vivirá en un lugar mejor”, amenazaba días atrás en una carta abierta el canadiense, quien cual llanero solitario acumula varias batallas contra la plataforma de música digital más usada del mundo y sus 172 millones de usuarios pagados. Lo mismo hizo en su momento con los CDs -por años se rehusó a publicar On the beach en ese formato-, el iPod y el MP3, hastiado por la compresión del sonido y lo que considera la pérdida de calidad de la música contemporánea. Incluso en 2015 retiró temporalmente su discografía de todas las plataformas y creó Prono, su propio servicio de música digital en alta resolución, hoy descontinuado y rebautizado como The Neil Young Archives.

“Descarga esto, suena como la mierda”, canta en Fork in the road (2009), otro disco que no podremos escuchar en Spotify. Tampoco Life, el disco de 1987 junto a Crazy Horse en el que dispara contra la política exterior de Reagan y asegura que los sellos discográficos son “payasos” que sólo buscan “arruinar nuestra banda” (Prisoners of rock n’ roll). Fue el último álbum que el ex Buffalo Springfield editó con el magnate discográfico David Geffen, quien ya había demandado al cantautor tras los fracasos comerciales del sorprendente Trans (1982) -cargado a la electrónica tipo Kraftwerk- y Everybody’s rockin’ (1983). “Geffen quería ganar un millón de dólares y yo estaba en otro mundo”, declaró después.

Luego vino This note’s for you (1988), otro LP que Spotify eliminó esta semana, cuyo single homónimo y videoclip surgieron como una crítica explícita contra la entonces todopoderosa MTV y una parodia a Michael Jackson, Whitney Houston y otras estrellas pop de la época que, en opinión de Young, se habían vendido a las marcas. “No canto para Pepsi, no canto para la Coca Cola”, declara en su primera estrofa. El clip, inicialmente vetado por la cadena, terminó siendo el gran ganador de los Premios MTV de 1989. “Todavía no puedo creer que una pequeña canción tan tonta ayudara a resucitar mi carrera”, dijo el músico al escritor Nick Kent.

Tres décadas después, cuando fue contactado para actuar en el Desert Trip junto a Paul McCartney y Bob Dylan, demostró la misma vehemencia al ser consultado por Rolling Stone por el repertorio que tenía en mente. “Me importa un carajo, no me importa lo que la gente quiera escuchar, no es por eso que hago música. No soy un entretenedor en el sentido clásico”, respondió.

La salida del canadiense de Spotify es celebrada por su competencia y desde ayer Apple Music se promociona orgullosa como “el hogar de Neil Young”. Para Hipgnosis, la empresa que el año pasado desembolsó 150 millones de dólares por los derechos editoriales de la mitad del catálogo del músico, lo de esta semana es su primera derrota.

El propio Young espera una caída del 60% en sus ingresos por streaming, lo que se suma a su negativa histórica de vender sus canciones para publicidad y de volver tocar en vivo hasta que la pandemia esté controlada. Su último concierto oficial fue en septiembre de 2019.