Esta vez la necrológica no va a ser un reposteo de un artículo de los mass media. Ha muerto Jeff Conolly, líder de The Lyres y DMZ y uno de mis ídolos musicales, de modo que la ocasión merece un obituario personalizado. Jeff se lo merece por el placer que me ha producido su música y porque gracias a él pude asistir al mejor concierto que he visto en mi vida.
Jeff se inició en la escena punk y garage de Boston con los DMZ a finales de los 70. En los 80, con el revival del garaje sesentero pegando fuerte, Conolly, apodado el Monoman por afición a coleccionar discos monoaurales, forma The Lyres, con los que graba tres primeros álbumes inconmensurables: On Fyre (1984), Lyres Lyres (1986) y A Promise Is A Promise (1988) . Después, en los 90, cuando el revival garajero ya no era novedad, las grabaciones se hicieron más escasas. De todas formas, The Lyres han existido hasta que un cáncer de vejiga se ha llevado al Monoman a la tumba el viernes pasado a la edad de 69 años.
Aparte de la incandescente música de The Lyres, tengo que agradecer al Monoman ese concierto de, si no recuerdo mal, finales de junio de 1987, en mi ciudad. Y además fue al lado de donde yo vivía con mis padres, pues aún era menor de edad, en una sala muy pequeña de la que hoy día no queda ya ni rastro. Allí los Lyres descargaron una tralla sónica de primer orden, con Conolly beodo y aporreando un viejo órgano sesentero lleno de quemaduras de cigarrillos y de pintadas, me imagino realizadas por el público. Era la época en que habían sacado su segundo disco, así que tocaron muchos temas del Lyres Lyres, al cual tengo especial cariño. Hubo un momento en que el Monoman y los suyos alcanzaron un clímax demoníaco y Jeff empezó a percutir las botellas de whisky vacías que rodaban por el escenario con un pie de micrófono, creo recordar. De repente, Conolly comenzó furioso a reventar botellas... Los cristales nos pasaban rozando la cocorota a los que estábamos en las primeras filas del público. Recuerdo que la gente se volvió absolutamente loca. A esta la orgía sónica contribuyeron los efluvios de una pipa en la que un par de tipos que bailaban con sendas rubias con acento gringo quemaban cannabis. Antaño se podía fumar en las salas de conciertos, aunque no droga. La noche acabó cuando alguien de la organización promotora del concierto tuvo que comunicar que el fiestorro se había prolongado y desmadrado en demasía y que los vecinos de arriba de la discoteca habían llamado a la policía para desalojarnos por las malas. Cuando salí al exterior con los tímpanos reventados me parecía estar flotando en un sueño de una noche de verano. Jamás tuve esa sensación otra vez... Quizá sentí algo cercano cuando vi a los míticos Pretty Things en 2017... Tres años más tarde moría Phil May.
En definitiva, me alegro de haber conocido la música de Jeff Conolly y The Lyres y haberla sentido tan de cerca en aquel explosivo directo. Ahora que ya no los voy a ver en acción nunca más pienso, como en el caso de los Pretty Things, lo afortunado que he sido. Ellos ya no están pero el recuerdo nada ni nadie me lo podrá arrebatar. D. E. P, Jeff Conolly.


