miércoles, 31 de mayo de 2023

NORTHERN SOUL: LA ANOMALÍA QUE MARCÓ ÉPOCA

Sweet & Dandy, 27/07/2017



Más que un estilo de música, el Northern Soul es una subcultura en la que tienen cabida el sonido Motown, pistas de baile hasta la bandera, dosis letales de anfetaminas y un look inclasificable ajeno a los principios más básicos de la estética, todo ello surgido en las urbes más decadentes del norte de una Inglaterra industrial en crisis en la que mods y skinheads habían quedado para el recuerdo.

Si esta receta suena disparatada, esperad a ir probando los ingredientes por separado. Que arranque la fiesta hasta la mañana!

El Northern Soul empieza a ser peculiar desde el propio nombre que lo designa, pues al contrario que otros estilos de música, no hace alusión al sitio en el que surgió, sino al lugar donde se escuchaba con más entusiasmo. Por este motivo, nuestro viaje comienza en el norte de Inglaterra a finales de los 60, cuando en los estertores de la burbuja mod surgió una escena diferenciada.

Aquellos chicos con parkas grandes y trajes de tres botones dejaron de ser el último grito a finales de aquella década, quizás cuando algunas de sus aportaciones se incorporaron al main stream y por lo tanto, dejaron de estar de moda. No sucedió lo mismo con la música que escuchaban, un soul afroamericano que había llegado a las radiofórmulas, pasando a ser conocido como sonido Motown. Tomado de la discográfica más relevante de música negra, el nombre hace referencia a la ciudad de Detroit, conocida como Mo’town, o ciudad del motor. Esta Motor Town apocopada producía no solo coches, sino una música pegadiza que cruzó el charco hasta el Reino Unido y de ahí al resto de Europa. Entonces eso equivalía a decir el mundo.

El Northern Soul nace en la periferia, ajeno a todo glamour. En la imagen, industrias cerámicas de Stoke-on-Trent, uno de los epicentros fabriles del soul norteño.

Jóvenes, agresivos y ansiosos de novedades, los mods iban a cien en moto y usaban anfetaminas para aguantar el ritmo de un hedonismo imaginario y exagerado (no hay evasión posible sin el recurso a las drogas). Alternativos y espídicos, su evolución natural tendió hacia tempos más rápidos y beats más sonoros. Algo distinto, en definitiva.

Permanecieron fieles al soul, pero no al que sonaba en las radios y clubes de moda, sino al de artistas menores y grabaciones que no habían llegado ni a ver la luz o lo habían hecho sin pena ni gloria. Era una producción underground que yacía olvidada en los almacenes de sellos mediocres, pero tras años cogiendo polvo, su status se disparó. Sin saber muy bien cómo, artistas de medio pelo que no recordaban ni sus canciones vieron perplejos como los jóvenes blancos de la Inglaterra más periférica le daban valor a sus discos. Escoria blanca escuchando a la escoria negra, cruda definición sociológica de toda una anomalía.

En esta marcha adelante, la estética también cambió. Bailar hasta la mañana con traje estrecho y chaqueta? El que lo diga y se quede a gusto es porque habla solo de oídas. Hacían falta movilidad y fresco, por eso los pantalones se acampanaron y aparecieron las camisetas de tiras. Mezclar registros no lleva al horror estético? Pues esto tan solo ha empezado: como calzado, zapatos de bowling o medio tacón, y talco en las suelas para bailar mejor (resbala y adorna las florituras).

En el fragor del baile, el sudor juega malas pasadas y daña la compostura, por eso llevar una muda es tan importante como la gasolina súper. Los bolsos de ir a los bolos permiten nadar y guardar la ropa, y el chicle ayuda a disimular los pasos en falso de las mandíbulas. Dos complementos leves pero importantes.

Alguien da más? Generalmente, el baile es sinónimo de cortejo, de simulacro de sexo y dominación. Pues no es el caso. Las causas antropológicas no valen nada, el sexo no es una prioridad. Empezando por la cuestión de género, había un predominio absoluto del masculino, lo que reduce las probabilidades. Podría ser un submundo-refugio para los gays? Sin ignorar su presencia, tampoco se hacen visibles. Si había sexo, tenía un rango colateral. Los baños del Wigan Casino no valen mucho por lo que callan.

El aspecto de los bailarines de Northern Soul se fue alejando completamente de la influencia mod. Adaptado a la moda boot boy de los años 70 y a las necesidades que marca baile, dio lugar a una mezcla muy peculiar.

Y qué decir de los templos, las catedrales del soul norteño? Si el gótico alcanza el clímax en la Isla de Francia, las salas de referencia de esta cultura se encuentran en la Inglaterra industrial del norte, donde la crisis ya conducía hacia la debacle. Por vez primera, no era la trendy Londres la que marcaba la pauta, sino la periferia grisácea de Manchester, Birmingham y otras urbes fabriles, o por decir mejor, de sus suburbios y ciudades satélite: Wigan, Wolverhampton, Stoke-on-Trent. A que hay que buscar en el mapa?

Inexplicablemente, la juventud obrera de todo el país se desplazaba a estos centros minoritarios que fueron protagonistas durante un día, si acaso una temporada. En todo caso, glorias efímeras, como decía Warhol. Podríamos citar muchos sitios, pero en un mundo reduccionista acostumbrado a los rankings, nos quedaremos con una tríada imprescindible, un podio con orden más cronológico que de importancia objetiva, algo que francamente, no se podría medir. El caso es que hubo clubes souleros que se fueron cediendo el cetro honorífico a medida que no cumplían las normas y plazos que iba imponiendo la ley. Efectivamente, el cierre de estos templos de referencia fue tan prosaico como administrativo. No hubo clichés wagnerianos en la caída de aquellas salas de fiestas.

Empecemos la lista en Manchester y su Twisted Wheel, primera meca de mods y souleros de todo tipo que se citaban en fiestas con música y baile durante toda la noche. Es cierto, también con drogas, pero ya no hay más trucos en la chistera. Allí se iba a bailar. Mantuvo el tipo entre 1963 y 1971, cuando las ordenanzas municipales lo condenaron al ostracismo. Un local mítico tumbado por causas ramplonas.

El cetro lo recogió el Golden Torch, situado en un sitio llamado Tunstall, suburbio gregario de una ciudad de reparto como Stoke-on-Trent, a medio camino entre Birmingham y el Manchester de mil fábricas. Siempre eclipsada, primero en el plano urbano, luego en el aspecto festivo, The Torch, como era más conocida, estuvo a la sombra del Twisted salvo en su último año, cuando el rival del norte ya había apagado la música. Fue un colofón efímero con un final parecido: la propia antorcha se apagó para siempre al año siguiente y por iguales motivos. Aún era 1972.

Como a rey muerto, rey puesto, las salas que programaban all-nighters, fiestas de baile hasta el nuevo día, contaron con un escenario nuevo que terminó por eclipsarlos a todos. Se abrió en 1973 en el suburbio industrial de Wigan, pegado a la capital mancuniana que había tenido sus años de gloria. Eso era agua pasada, ahora marcaba la pauta el Wigan Casino, el más célebre dentro y fuera de la cultura del soul, tan conocido que sus playlists se repiten a pies juntillas como hadizes que perpetúan la tradición. Aquí la liturgia alcanza el grado supremo, con fechas, nombres y hechos que se recuerdan a modo de mantra.

Los templos del Northern Soul eran salas de fiestas de barrio que alcanzaron un sorpresivo impacto. A la izquierda, el mítico Wigan Casino, la última de estas salas de referencia y quizás por ello, la más recordada. A la derecha, interior del Twisted Wheel de Manchester, el sitio donde empezó todo.

Fue el 6 de diciembre de 1981, los mods habían vuelto con el revival, pero era distinto, había una generación de por medio. Como en un cuento, todo habría acabado por la mañana. Estaba marcado para las 8, por eso los temas finales se guardan en la memoria. Un tridente de nuevo, tres temas antes del fin, los 3 before 8 que se pronuncian con nombre propio. Por suerte, aún hubo un bis para aplacar la histeria, que inesperadamente, se convirtió en el tema por excelencia. De los que bailaban, de mods renacidos, de la cultura del Northern Soul. Sonó «Do I love you» de Frank Wilson y tras abrirse las puertas, afuera ya era de día. Si esto rompió algún hechizo no lo sabemos, pero sí formuló uno nuevo, el que hizo de esta cultura un clásico que vive hasta nuestros días.

Quizás no tuviese nada de mítico en su momento, irse por la mañana a casa tras una fiesta tan solo deja resaca y puede que un cierto pesar, un buen recuerdo en el mejor de los casos. Pero a cuarenta años vista, el legado de aquellos años es imborrable, por más que el patrón estético haya sido olvidado (a propósito) por los historicistas.

Que queda de todo ello? La música, inolvidable, que nunca ha dejado de estar ahí. Y de propina, dos iconos intemporales que valen su peso en oro.

Primero, un nombre para citarlos a todos: Northern Soul, creado por Dave Godin, un periodista y dueño de la tienda de discos  de Covent Garden «Soul City», templo de la modernidad a menor escala del que salían discos americanos para toda Inglaterra. Para sorpresa de Dave  y los suyos, los chicos del norte que visitaban Londres pasaban completamente de sus consejos, de los que daba la radio y de todos los charts. Ellos querían un soul tan crudo como sus barrios, nada de éxito y sí underground. Godín apartaba los discos que encajaban en tal subtipo y le decía a sus empleados: no les mostréis novedades, dadles el Northern Soul que les gusta.

Y ellos lo consumían día tras día hasta llegar el sábado, cuando los templos soulísticos daban fiestas all-nighter donde podían mostrar su razón de ser.

Esto es lo sucedido, queda para otro día saber porqué, por qué los chicos de clase obrera de la Inglaterra norteña no consumían lo que decía la industria, por que crearon tendencias propias contracorriente. Fue rebeldía a secas? Baile estridente para olvidar?

Quizás otro icono de esta cultura nos dé una pista. Es un emblema simple, en blanco y negro, un diseño sin florituras. El puño cerrado de los Panteras Negras anuncia que se resistirá frente a lo que sea. Son minoría, quizás batallas perdidas frente a los poderosos y el main stream. En ese contexto crítico, ya solo queda apelar a la fe y conservarla ante viento y marea.

domingo, 21 de mayo de 2023

MUERE ANDY ROURKE, BAJISTA DE THE SMITHS, A LOS 59 AÑOS

Carlos Marcos

El País, 19/05/2023

[Este año está lleno de desgracias. Después de Tom Verlaine, el bajista de los Smith, con solo 59, se nos ha ido. DEP]

El músico inglés participó en todos los grandes clásicos del grupo, como ‘There Is a Light That Never Goes Out’ o ‘This Charming Man’

En 2013, la publicación inglesa New Musical Express confeccionó la lista de los 500 mejores discos de todos los tiempos. En cabeza colocó a The Queen Is Dead, el tercer álbum de The Smiths, publicado en 1986. Seguramente es una frivolidad situar ese trabajo por encima de álbumes de Bob Dylan, los Beatles o David Bowie, pero constata la importancia de la banda británica y de la influencia que tuvo en toda la música inglesa en las décadas posteriores. El bajista de aquel trabajo y de las mejores canciones de The Smiths es Andy Rourke, que murió este viernes a los 59 años debido a un cáncer de páncreas.

Su compañero de grupo, el guitarrista Johnny Marr, le ha despedido con este mensaje: “Con profunda tristeza anunciamos el fallecimiento de Andy Rourke. Andy será recordado como un alma amable y hermosa por aquellos que lo conocieron y como un músico superdotado por los fanáticos de la música. Solicitamos privacidad en este triste momento”.

Rourke, nacido en Manchester en 1964, vivió radicales altibajos durante su carrera, entre ellos una adicción a la heroína que le costó una breve despedida de The Smiths. Dentro de los capítulos que recogen la relación de excentricidades del egocéntrico cantante del grupo, Morrissey, se encuentra el modo en el que despidió al bajista. Hastiado de los problemas que provocaba en el grupo su adicción, le colocó una nota en el parabrisas de su coche donde se leía: “Andy, estás despedido de los The Smiths. Buena suerte y adiós, Morrissey”. Rourke, que fue detenido en una redada antidrogas, recuperó su empleo a los 15 días.

Rourke no fue el primer bajista de The Smiths. Creado por Johnny Marr y Morrissey a principios de los ochenta en Mánchester, pasaron por el grupo un par de instrumentistas de las cuatro cuerdas hasta que se incorporó Rourke, amigo de Marr desde los tiempos del colegio. Participó en los cuatro trabajos de la banda inglesa: The Smiths (1984), Meat Is Murder (1985), The Queen Is Dead (1986) y Strangeways, Here We Come (1987). Cuatro discos llenos de sensibles canciones pop, de textos ácidos, de florecer sexual, de pop británico mayúsculo. Estos trabajos son reconocidos por toda la hornada del noventero brit-pop como esenciales. Bandas como Blur, Suede e incluso los más rockeros Oasis siempre han declarado su pasión por el legado de los de Mánchester. Rourke aportaba un toque elegante, brillante, una línea de bajo feliz a pesar de que en la canción estuviera cayendo un chaparrón.

El 1987 la tensión entre Morrissey y Marr acabó rompiendo el grupo. Rourke pasó a tocar el bajo para la carrera en solitario de Morrissey, un tipo al que le duran poco las amistades. Ya fuera de la banda del cantante, en 1989 él y el batería de The Smiths, Mike Joyce, llevaron a los tribunales a Morrissey y a Marr, reclamando parte de los derechos de autor. El bajista llegó a un acuerdo, claramente insuficiente para su tren de vida, ya que se declaró arruinado 10 años después.

Durante su carrera, el bajista prestó su instrumento para discos de Sinéad O’Connor, The Pretenders, Badly Drawn Bo o Ian Brown, cantante de Stone Roses. Y formó parte de varias bandas, como Freebass o D.a.r.k., junto a la cantante de The Cranberries, Dolores O’Riordan. También ejerció eventualmente de pinchadiscos para ganarse un dinero cuando las facturas se acumulaban. En entrevistas reconocía abiertamente que su adicción le había supuesto gastar “ingentes cantidades de dinero”. Estuvo dependiendo de la heroína dos décadas.

Desde hacía algunos años vivía en Nueva York y concedía entrevistas donde le bombardeaban con preguntas sobre The Smiths. Él se lo tomaba con cierto humor. “Sí, conservo la nota de despido que me escribió Morrissey. De hecho, la tiene mi exmujer. Espero no encontrármela algún día a la venta en eBay”.

Desde que se conoció la noticia de su muerte, muchos músicos le están dedicando mensajes, como algunos componentes de Suede, The Charlatans o New Order, o solistas como Billy Bragg o Rick Astley. El batería de The Smiths, Mike Joyce, escribió en sus redes sociales: “No solo fue el bajista más talentoso con el que he tenido el privilegio de tocar, sino el tipo más dulce y divertido que he conocido. Andy dejó este mundo, pero su legado musical es perpetuo”.

martes, 16 de mayo de 2023

INTERVISIÓN, EL FESTIVAL DEL BLOQUE SOVIÉTICO QUE REPLICABA EUROVISIÓN Y SE VOTABA APAGANDO Y ENCENDIENDO LA LUZ

Jorge Álvarez

[Ahora que acabamos de presenciar, un año más, ese esperpento musical inventado por la OTAN llamado Eurovisión, no está demás recordar que el bloque socialista tenía un concurso similar llamado Intervisión (nombre por cierto, más inclusivo, como se dice ahora, que Eurovisión).]

La brújula verde, 16/09/2019



La rivalidad entre la Europa Occidental y la Oriental en la época de la Guerra Fría llevó a un proceso de réplica por el cual cuando un bloque creaba algo tenía su versión adaptada en el otro. Es algo que queda patente con la OTAN y el Pacto de Varsovia o el Mercado Común y el COMECON pero, por curioso que resulte, los países del Este también dieron una respuesta a algo mucho menos serio.

En 1977 nacía el ISC, el Festival de la Canción de Intervisión, que, como puede deducirse, era una copia del Festival de Eurovisión en el bloque comunista.

Intervisión era el nombre de la red televisiva de la OIRT (Organización Internacional de Radio y Televisión). Fundada en 1960 por las cadenas estatales de Hungría, Polonia, RDA y Checoslovaquia para facilitar el intercambio de programas entre los países soviéticos europeos, a lo largo de los dos años siguientes se le fueron uniendo las de la URSS, Bulgaria, Rumanía e incluso Mongolia y algunas de países no alineados, como la ORF (Österreichischer Rundfunk) austríaca y la YLE (Yleisradio) finlandesa.

La rivalidad entre la Europa Occidental y la Oriental en la época de la Guerra Fría llevó a un proceso de réplica por el cual cuando un bloque creaba algo tenía su versión adaptada en el otro. Es algo que queda patente con la OTAN y el Pacto de Varsovia o el Mercado Común y el COMECON pero, por curioso que resulte, los países del Este también dieron una respuesta a algo mucho menos serio.

En 1977 nacía el ISC, el Festival de la Canción de Intervisión, que, como puede deducirse, era una copia del Festival de Eurovisión en el bloque comunista.

Intervisión era el nombre de la red televisiva de la OIRT (Organización Internacional de Radio y Televisión). Fundada en 1960 por las cadenas estatales de Hungría, Polonia, RDA y Checoslovaquia para facilitar el intercambio de programas entre los países soviéticos europeos, a lo largo de los dos años siguientes se le fueron uniendo las de la URSS, Bulgaria, Rumanía e incluso Mongolia y algunas de países no alineados, como la ORF (Österreichischer Rundfunk) austríaca y la YLE (Yleisradio) finlandesa.

Las normas no fueron tan estables como en el concurso occidental y cambiaron con el tiempo. Así, en alguna edición, se otorgaron dos premios, uno para la mejor canción de la cadena y otro para la de la mejor de las compañías discográficas; o bien a la calidad de la pieza y a la interpretación del artista.

Otra diferencia era que se admitían países de todo tipo, no sólo comunistas o europeos, razón por la cual participaron Bélgica, Nueva Zelanda, Cuba, Perú o Sudáfrica, por ejemplo, aunque no de forma estable. Y estaba la peculiar forma de votar: dada la modesta cantidad de ciudadanos que disponían de teléfono para ello, los votantes debían dejar la luz encendida o apagarla, según les gustase o no cada canción, para que luego la compañía eléctrica hiciera la medición.

Checoslovaquia fue la primera vencedora en 1977 con el tema Malovaný džbánku, que cantó Helena Vondráčková. Al año siguiente la sucedió la URSS con Vsyo mogut koroli, interpretada por Alla Borisovna Pugacheva, y a continuación Polonia con Nim przyjdzie wiosna (por el cantante Czesław Niemen) y Finlandia con Hyvästi yö (a cargo de la joven Marion Rung).

Pero ahí se detuvo en seco el festival, debido al agitado contexto político-social que se dio en Polonia al entrar en la década de los ochenta, con el sindicato Solidaridad enfrentándose al gobierno militar.

La suspensión se mantuvo hasta 1984, en que la televisión polaca recuperó el concurso anterior, el SOPOT ISF.

Pero, claro, no era lo mismo y el público extranjero perdió interés, hasta el punto de que en 1999 se puso punto final también a ese certamen; al fin y al cabo, el régimen comunista se había acabado y ni siquiera existían ya ni el Pacto de Varsovia ni la Unión Soviética. Durante casi una década, la televisión polaca se limitó a invitar a artistas famosos como Whitney Houston, The Corrs o Elton John. Sin embargo, en 2008 se hizo un primer intento de revitalizar el Festival de la Canción de Intervisión con una nueva sede: la ciudad rusa de Sochi, ganando Tayikistán con la canción Hero, interpretada en inglés por la cantante Tahmina Niyazova.

La cosa no tuvo mayor recorrido. Al año siguiente, Vladimir Putin sugirió que Rusia lo retomara junto a China y los países de la OCS (Organización de Cooperación de Shangái), la mayoría de los cuales son asiáticos (China, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán, más India y Pakistán desde 2016). Pero no se materializó y en 2014 llegó la propuesta de ampliar la participación a la CEI (Comunidad de Estados Independientes), formada por una decena de repúblicas ex-soviéticas, haciéndose extensiva a todas las que antaño integraban la URSS y también a los estados bálticos.

Finalmente, se canceló la idea ¿Para qué si todos los países de Europa del Este tomaban parte en el Festival de Eurovisión? Occidente ganó la Guerra Fría musical.

domingo, 16 de abril de 2023

HOMENAJE A CARLOS TENA: "NADIE HABLARÁ DE NOSOTROS CUANDO HAYAMOS MUERTO"

Paloma Concejero

Uppers, 14/04/2023

[Es triste tener que colgar esta noticia. Yo crecí con los programas musicales de Carlos Tena en TVE. Pocos periodistas como él han hecho tanto contra la censura mediática y en pro de la cultura libre. Ya no quedan periodistas como él. Que la tierra le sea leve.]

El periodista y crítico musical Carlos Tena, presentador de programas míticos como 'Caja de ritmos', ha muerto a los 79 años

Su amiga, la directora Paloma Concejero, escribe un homenaje a una de las figuras más destacadas del periodismo musical patrio, dueño de una extensa e innovadora trayectoria

Concejero dirigió el documental 'Soy rebelde', en el que exploraba la figura de Jeanette, y que cuenta con una de las últimas apariciones en vídeo de Tena

¿Por dónde empezar, Carlos? Instalada como llevo entre nubarrones, semanas y semanas…había ido retrasando el llamarte "por si al fin llegaba un sol" pero te has marchado antes guardando en secreto tus propias penalidades.

Porque "el Tena" y yo cruzábamos conversaciones de tanto en tanto desde hace casi diez años. Poco tiempo después de conocernos fueron empeorando sus cuerdas vocales y a la que se mantenía bien activa, la única que "no le había abandonado" no le sentaban muy bien las llamadas largas de móvil. Ninguno de los dos era de poco hablar y a Carlos le gustaba bromear "niña, es que me estoy convirtiendo en Darth Vader".

Y ahora ya no está. Y siento tanto dolor que los recuerdos se agolpan desordenadamente y a bocajarro. Los primeros, desde luego, me llegan de una televisión en blanco y negro viendo al periodista musical más molón de la Historia de este país, tan agudo, brillante, irreverente; poco sabía yo entonces de qué manera llegaría a convertirse este hombre en alguien tan importante en mi vida.

A Carlos Tena le conocí una noche de ésas que, en el desaparecido Suristán, siempre acababan bien entrada la madrugada. Me impresionó su cercanía y humanidad ya desde el primer minuto de conversación, pero habrían de pasar muchos, muchos años antes de que el Carlos Tena, al que yo idolatraba como profesional, se convirtiera en mi amigo Carlos. De ésos a los que inevitablemente echas de menos si pasa un tiempo sin saber de él. Porque Carlos te renovaba la energía. Y la confianza, desde el puro descreimiento. Impulsaba las ganas de seguir peleando por lo que uno quiere aunque duela y aunque dudes porque para ello has de seguir sorteando zancadillas e ingratitudes.

Así fue, de principio a fin y desde nuestro primer encuentro en persona, allá por el 2013, en su amada "pecera" del Círculo de Bellas Artes. Fue también en el Círculo la última vez que nos encontramos en persona, rodando emocionantísimas secuencias de Soy rebelde, junto a su adorado escudero Juan De Pablos; nosotros como equipo de documentalistas, ya éramos muy conscientes entonces, del valor histórico de cada palabra suya, de esa presencia todopoderosa y sin embargo poco accesible a las cámaras; y es que Carlos había prometido tiempo atrás no conceder entrevistas que pudieran ser editadas.

Tuve el privilegio de grabarle siempre que se lo pedí y en concreto varias veces con mi última película. Y lo hizo por pura generosidad y compromiso con mi proyecto a pesar de lo incómodo que se sentía con "su nueva voz". Siempre acudió entusiasmado a mis reclamos sin ninguna exigencia y completamente entregado a la causa.

A esa alegría sumé años después el disgusto de que no pudiera acompañarnos a Valladolid para la presentación en Seminci de Soy rebelde.

La tristeza fue grande, no por su ausencia en el photocall, ni mucho menos, sino por no poder disfrutar de su presencia, su ácida visión de todo lo que rodea a un festival de cine, su ternura, su inteligencia y comprobar cómo remataba el público con carcajadas cada una de sus intervenciones. Lo peor no era todo eso sino saber que andaba de nuevo con problemas médicos; aunque les quitara importancia y éstos fueran seguramente más graves de lo que me transmitió aquellos días, como siempre, para no preocupar.

No voy a hablar de su currículo inmenso ni de su capacidad innata de comunicador hasta para elegir menú en un restaurante. Me guardo para mí tantas historias increíbles y confidencias, pero… cada vez que yo le decía "pero Carlos ¿para cuándo esas memorias tuyas?" Se limitaba a contestar que prefería disfrutar de la vida presente, junto a su hija, sus nietos, los contados amigos que elegía, todo eso era más importante que perder el tiempo enumerando aventuras pasadas. No era un nostálgico sino un disfrutón del momento pero si le insistías te contaba y a mí cada relato suyo me parecía absolutamente increíble: del Teatro Universitario a "Radio Peninsular, la más musical" pasando por el PCE; de Eurovisión a Reading; ABBA, Adriano Celentano, Bob Marley, la Nueva Trova Cubana o Camarón…¡todos! ¡tantos! y él siempre a la altura del más grande….

Nos hicimos amigos a golpe de teléfono y gracias a Ochéntame otra vez el programa que yo dirigía por entonces en TVE. Por supuesto, quería entrevistarle pero en ese momento fue muy claro. Me dijo que no lo conseguiría por más que le llamase, que ya nunca hablaría a una cámara, con edición de por medio y encima para "una casa" que había sido la suya pero en la que probablemente volverían a censurarle. Le prometí que conmigo al frente no sería así. Y en ese largo trasiego hacia un "sí" -que llegó casi tres años después- nos hicimos inseparables. Después, ya no quise que hiciera la entrevista porque habían cambiado y mucho, dejémoslo ahí, las circunstancias.

Me gustaba verle, de vez en cuando, en sus visitas a Madrid. Seguíamos en contacto, viajamos juntos a Cáceres para los Premios PopEye, compartimos momentos emocionantes con nuestro Juanito De Pablos. Mis hijos eran muy pequeños pero aprendieron a adorarles a los dos y después de esos días buscaban en Google y YouTube para saber algo de "esos increíbles personajes" de los que ya no se hablaba en los medios aunque les resultaran tan fascinantes.

Carlos no dejaba de llamarme. Ni siquiera cuando se instalaba por unos meses en La Habana, su paraíso terrenal, donde seguramente le hubiera gustado quedarse para siempre de no ser por el amor a su familia a quien visitaba en la capital cada mes.

Muchos creían que seguía viviendo en Cuba y no era así pero jugar al despiste, desde su refugio en Ronda, le divertía. Tan increíble, tan generoso y auténtico.

Siempre pensando en los demás: las depresiones de Juanito, los problemas de salud en mi propia casa, mis hijos, mis proyectos largos y espinosos. Qué poco hablaba de su fragilidad, sus propias preocupaciones, salvo para animarte y quitarte de la cabeza malos pronósticos sobre una enfermedad que él ya había superado.

Por eso debí darme cuenta de que algo iba mal, después de tantos meses sin noticias, con el intercambio, apenas, de un par de mensajes. Debí reconocer ese largo silencio pero a veces la vida te desborda y te lleva en remolino y no te da para desenvolverte, airosamente, entre tanto enredo y tanta pelea absurda en la que te colocan los tiempos presentes.

Llamo a mi querida Jeanette para contarle. Me recuerda esos días gloriosos que ambos compartieron, con sus respectivas parejas, en Ibiza ¡Cuántas veces planeamos un brindis todos juntos en el estreno de Soy rebelde!

Pero pasan los meses, se agolpan las despedidas y ahí seguimos sin ver claro horizonte para esta película que os retrata como generación.

Una generación, absolutamente única, que nos explica como país aunque parezca enterrada por paladas de indiferencia en días de futbolistas, deportistas de elite y personajes de dudoso interés que, paradójicamente, hacen llamar influencers.

Mi querido Carlos Tena, ¡qué poco te importaban a tí likes, trending topics y redes sociales! y sin embargo tú sí que has sido un grandísimo influencer!

¿Qué habría sido de nosotros sin Para vosotros, jóvenes, Popgrama, Aumbababuluba, Música Maestro…?

Sin melómanos tan sabios, Sin comunicadores, como tú, ¡tan gigantes!

En estos días, en los que hablar de revolución es referirse a la última campaña millonaria de marketing, sólo puedo darte las gracias por existir, por empujarme, siempre, disuadirme de no tirar la toalla y animarme a enfrentar cada tragedia con un chiste. 

Sólo decirte ya que en esta película nuestra, que no has llegado a ver, brillas y brillas, como astro mediático que eres, incluso cuando te equivocas, al sentenciar entre risas "nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto".

¡De aquí a la eternidad, hablaremos de ti, mi querido Carlos!

Siempre rebeldes y con pantalón de campana.

Paloma Concejero es amiga de Carlos Tena y directora del documental 'Soy rebelde', sobre la figura de la artista Jeanette, en el que aparece el periodista musical.

lunes, 3 de abril de 2023

MUERE RYUICHI SAKAMOTO, EL MAGO DE LAS BANDAS SONORAS

Ulises Fuente

La Razón, 02/03/2023


Galardonado con un Óscar a la Mejor Banda Sonora Original por el filme "El último emperador", sufría un cáncer en fase terminal

Con El músico y compositor japonés Ryuichi Sakamoto ha fallecido a los 71 años a consecuencia de un cáncer colorrectal que sufría desde 2020 y que había avanzado a estado terminal. Era el segundo cáncer tras el de garganta que le fue detectado en 2014 y que había superado. Mientras se encontraba en tratamiento, Sakamoto siguió creando trabajos siempre que su salud lo permitía. Vivió con la música hasta el final, tal y como recordaba su agencia en un comunicado que no tenía nada de hipérbole. El músico falleció el pasado miércoles en la más estricta intimidad, pero su familia no ha confirmado el deceso hastra tres días después de luto y duelo.

Sakamoto, autor de grandes bandas sonoras y músico multidisciplinar siempre abierto a la vanguardia, se dedicó a la música hasta su último aliento. Hace apenas tres meses, consciente del final inevitable de su enfermedad, publicó “12”, su último álbum, un trabajo en el que entonaba su despedida, un adiós bellísimo y etéreo que contenía inevitablemente a algunos pasajes lúgubres en los que volvía a demostrar su maestría a los sintetizadores. Pero ¿cómo no iba a sonar un poco luctuoso alguien que, mientras componía, era intervenido a seis cirugías, una de ellas durante 20 horas, para tratar de eliminar varios tumores? En ese último trabajo, el japonés se mantenía fiel a su estética vanguardiasta y a su gusto por el collage sonoro. En el trabajo se colaban voces de muertos como Paul Bowles haciendo lecturas y las de David Sylvain, junto al rumor de las calles de Tokio. Y, como siempre, su admiración simultánea por Bach y por John Cage tras cada movimiento.

“Ars longa, vita brevis. (El arte es largo, la vida es corta)”, decía su agencia de representación como epitafio, citando una de las frases favoritas del compositor japonés. Galardonado con un Óscar a la Mejor Banda Sonora Original por el filme “El último emperador”, Sakamoto había sido antes un visionario de la música electrónica con us grupo experimental Yellow Magic Orchestra, desde principios de los 70. Aunque siempre rehuía de la etiqueta de pionero, lo cierto es que sus trabajos son contemporáneos de los considerados como tales, de Karftwerk y Giorgio Moroder, por ejemplo. Sin embargo, algo en la perspectiva de Sakamoto era especial. Había estudiado etnomusicología para profundizar en la herencia y tradiciones de Japón, pero también conoció a fondo otras culturas como la india y varias de África. Además, poseía formación clásica. Estaba fascinado por Bach y Debussy, y, con todos esos elementos, se encontró con un alfabeto nuevo, un instrumento futurista: los sintetizadores de reciente aparición como el Buchla, Moog y ARP.

Con esos argumentos, y un estilo que para los clásicos era demasiado pop y, para los poperos, muy clásico, Sakamoto componía sin molde: «Tengo un piano en la cabeza. Puedo imaginarme las notas y ver el pentagrama. No necesito nada más para hacer música», solía decir.

Quizá por su capacidad para atrapar la abstracción, desctacó en el apartado de bandas sonoras, donde recibió numerosos premios y escribió la música de recordados títulos como "Merry Christmas Mr. Lawrence" ("Feliz Navidad Mr Lawrence", 1983), en la que también actuó dando vida al comandante de un campo de prisioneros japonés durante la Guerra del Pacífico, "The Last Emperor" ("El último emperador", 1987) o "The Revenant" ("El renacido", 2015).

Su último concierto fue el pasado 11 de diciembre, en formato "online" para que sus fans de diferentes husos horarios pudieran escucharlo, y cuando su cáncer se encontraba ya en fase IV, por lo que muchos de sus seguidores pensaban que podía ser el último.