lunes, 20 de noviembre de 2017

MUERE CHARLES MANSON: CUANDO LA CULTURA POP ENLOQUECIÓ POR UN ASESINO EN SERIE

Marta Medina
El Confidencial20.11.2017


Charles Manson, el nombre más famoso de la crónica negra estadounidense, ha muerto a los 83 años después de pasar varios días ingresado en estado crítico

Charles Manson quiso ser más grande que The Beatles, pero al final su mayor legado ha sido un reguero de cadáveres como instigador de varios de los crímenes más tristemente célebres de la crónica negra de Estados Unidos. Manson ha muerto este lunes 20 de noviembre después de pasar varios días ingresado en el Hospital de Bakersfield (California) a causa de una hemorragia intestinal. El asesino en serie más famoso de la crónica negra americana ha fallecido a los 83 años, después de pasar más de 62 de ellos en prisión. En 1971, la justicia condenó a Manson a pena de muerte como instigador de los asesinatos de al menos siete personas en el verano de 1969, entre ellas la actriz Sharon Tate, mujer de Roman Polanski, pero un año después el Estado de California abolió la pena de muerte y cambió la condena por cadena perpetua. Desde entonces, Manson ha pasado por varias cárceles —la última la Corcoran State Prison— y se ha convertido en un símbolo del fin de la cultura del 'verano del amor', una especie de profeta apocalíptico y un icono pop contracultural indiscutible.

Manson, analfabeto, de familia desestructurada y carne de reformatorio, se convirtió en aquel 1969 en "la encarnación del mal" para la opinión pública, en una especie de gurú con poderes místicos, en el reverso oscuro de un Jesús redivivo para sus seguidores. Más de cuatro décadas después es una leyenda que sigue atrayendo fans de todo el mundo que, fascinados por sus profecías, siguen escribiéndole cartas de admiración. Marilyn Manson le robó el apellido para construir su personaje, acrecentando su estatus de 'estrella' posmoderna. Y en 2015 estuvo incluso a punto de casarse con una seguidora de 26 años, Afton Ellaine Burton, aunque al final la boda se suspendió porque Manson no estaba muy seguro de que el amor de su prometida fuese sincero.

Nacido el 12 de noviembre de 1934 como hijo de Kathleen Maddox, madre adolescente soltera —en un primer momento lo registró como 'No name Madox', es decir, 'Sin nombre Madox'—, nunca conoció a su padre biológico y pasó su adolescencia y juventud entrando y saliendo de la cárcel; tanto que a los 32 años había pasado más tiempo entre rejas que fuera de ellas. "Los calabozos, los juzgados y las prisiones han sido mi vida desde los 12 años. Cumplidos los 16, había perdido el miedo por cualquier cosa que pudiese salir del sistema penitenciario", comienza su testimonio en el libro 'Manson In His Own Words'.
Los asesinatos

Eran las 9.14 de la mañana del sábado 9 de agosto cuando dos unidades de Los Ángeles Oeste recibieron una llamada por radio con el "Código 2, posible homicidio en el número 10050 de Cielo Drive". Esa mañana, Winifred Chapman, había llegado tarde al trabajo, a eso de las 8.30. Desde hacía año y medio se ganaba la vida como mujer de la limpieza en casa de dos estrellas de Hollywood, Sharon Tate y Roman Polanski, en el número 10500 de —efectivamente— Cielo Drive. Lo primero extraño que notó fue que el cable del poste del teléfono estaba colgando. Entró por la puerta trasera de la casa y cruzó, primero por la cocina y después por el comedor, hasta el pasillo de entrada. La puerta estaba abierta de par en par. Y en el jardín frontal, el cuerpo del escritor Voytek Frykowski empapado en sangre. En el porche frontal, charcos de sangre y una toalla amarilla manchada de rojo. Chapman salió corriendo de la casa y, mientras atravesaba la acera en busca de la ayuda de algún vecino vio que en el Sedan Ambassador blanco aparcado frente a la casa había otro cuerpo inerte, el de Steve Parent, un joven de 18 años amigo de William Garretson, el conserje de Tate y Polanski.

Lo que los oficiales del Departamento de Policía de Los Ángeles se encontraron al llegar a la casa, ubicada en la zona más lujosa de Bel Air fue "la escena de un crimen tan sangriento que parecía salido de una película de terror. Allí, desparramados por toda la casa y los jardines, encontraron a cinco víctimas de asesinato. […], que eran Sharon Tate Polanski, Abigail Folger, Frykowski, Jay Sebring y Parent", explica Nuel Emmons, ex compañero de cárcel de Manson, en su libro 'Manson In His Own Words' ('Manson en sus propias palabras', 1986). Tate estaba embarazada de 8 meses. Polanski, de viaje promocional en Europa. "En la puerta de la casa donde las cinco víctimas habían perdido la vida, con lo que luego se comprobó que era la sangre de Sharon Tate, estaba escrita la palabra 'PIG' (cerdo)"."Han encontrado a la actriz Sharon Tate brutalmente asesinada en su casa de Los Ángeles, junto con tres amigos más pertenecientes a la alta sociedad y a una quinta víctima, todavía sin identificar. Los cinco murieron por heridas de arma de fuego y múltiples puñaladas", informaba la BBC entonces.

"El 10 de agosto, menos de 24 horas después de la llamada que había alertado a la policía de los crímenes de Cielo Drive, los agentes de la LAPD acudieron a otra escena de crimen horrible: 3301 Waverly Drive en el distrito angelino de Los Feliz, la casa de Leno y Rosemary LaBianca", prosigue Emmons. "A Leno, de 44 años, lo habían matado de 26 puñaladas, algunas de ellas con un tenedor de trinchar, Cuando la policía descubrió el cuerpo, todavía le sobresalía el tenedor del vientre, y un cuchillo de su garganta. Su mujer Rosemary, de treinta y ocho años, había muerto apuñalada cuarenta y una veces". Otra vez, en la casa de las víctimas habían aparecido varios mensajes escritos con sangre: "muerte a los cerdos" y "poneos en pie" en una pared, y las palabras, con errata incluida, "Healter Skelter" [refiriéndose al 'Helter Skelter' de los Beatles] en la puerta del frigorífico. Los asesinatos parecían estar conectados.



Manson quiere ser un Beatle (perverso)

Manson había salido de prisión —otra vez— el 21 de marzo de 1967. Había pasado los siguientes meses viviendo de la mendicidad, hasta que conoció a Mary Brunner, una asistente de biblioteca de 23 años, con quien empezó una relación sentimental. Fue entonces cuando Manson decidió crear su personaje, una especie de gurú hippie —en la cárcel ya había mostrado interés por la Dianética y otras enseñanzas de Ron L. Hubbard— que atrajo a varios seguidores en la zona de Haight Ashbury en San Francisco, la mayor parte mujeres, entre ellas Patricia Krenwinkel y Susan Atkins.

En 1968 Manson decidió trasladarse a Los Ángeles en busca de un contrato discográfico y se instaló en el Rancho Spahn —que había sido la localización de bastantes westerns— con sus seguidores, con su 'Familia'. Los más de 16 años que había pasado en prisión entre idas y venidas le habían servido, al menos, para aprender a tocar la guitarra, así que decidió probar suerte como músico mezclándose con gente de la escena angelina, como Dennis Wilson de The Beach Boys y el productor Terry Melcher, hijo de Doris Day. Wilson llegó incluso a presentar a Manson a sus amigos y a organizar una sesión para grabar una maqueta —publicada en 1970 como 'Lie: The Love and Terror Cult'—, pero nada más allá. Melcher —quien había vivido previamente en el número 10050 de Cielo Drive, la casa que luego alquilarían Tate y Polanski— escuchó algunos de los temas de Manson, pero decidió finalmente no producirlos.

Cuenta la 'leyenda', que junto a Wilson escuchó el 'White Album' de TheBeatles, lo que supuestamente inspiró la teoría más loca —y más exitosa entre los acólitos— de Manson: 'Helter Skelter', una hipotética 'sublevación' de "los negros contra los blancos", que acabaría con la "victoria de los negros", que no tendrían capacidad para gobernar, lo que dejaría un vacío de poder que llenaría el propio Manson y sus entonces —también hipotéticos— 144.000 seguidores. Su idea: cometer varios asesinatos para acelerar el conflicto, intentando dejar pistas falsas en las escenas de los crímenes para inculpar a los afroamericanos, así en general. Su Biblia: su maqueta de rock.

Y, al parecer, en la madrugada del 8 al 9 de agosto de 1969, Manson y su 'Familia' decidieron poner en marcha su plan. Y entre todas las casas de Los Ángeles eligieron la antigua casa de Melcher, ese 10050 de Cielo Drive.

La caída de 'La Familia'

En las primeras investigaciones, ni Manson ni ninguno de los miembros de 'La familia' se encontraban entre los sospechosos de los asesinatos en casa de Tate ni en los de los LaBianca. Según cuenta el fiscal del caso Manson, Vincent Bugliosi, en su libro 'Helter Skelter', el 16 de agosto de 1969, la policía entró en el Rancho Spahn por una denuncia sobre un posible robo de coches. Nadie conectó en ese momento a la Familia con los asesinatos. La policía no encontró cargos para procesarlos por el supuesto robo, así que dejó a todos en libertad.

Manson y su familia decidieron trasladarse a otro rancho, el Barker Ranch, que estaba más aislado. Sin embargo, uno de los miembros del grupo decidió dar el chivatazo de que Susan Atkins había sido la responsable del asesinato de un tal Gary Hinman, al que habían encontrado apuñalado hasta la muerte el 31 de julio. "En una de las paredes del salón, cerca del cuerpo, las palabras 'political piggy' [un juego de palabras que podría traducirse como cerdo político o político codicioso] pintadas con la sangre de la víctima. También había manchas de sangre, como si una pantera hubiese dejado sus huellas por toda la pared", explica el libro de Emmons. Las piezas empezaban a encajar. Además, al poco de llegar a la cárcel, Atkins empezó a fardar también de los crímenes de Tate y LaBianca, al mismo tiempo que un motero amigo de Manson confesó a la policía que éste le había dicho poco después de que ocurrieran los asesinatos que él, Charles Milles Manson, había matado gente.

En diciembre, empezaron las detenciones. "Dos mujeres y un hombre, miembros de un grupo de hippies itinerante, han sido arrestados hoy en diferentes lugares del país en relación con el asesinato de Sharon Tate y otras seis personas el pasado agosto", contaron los periódicos. "Los arrestados son Charles D. Watson, 24 años, de Copeville, Texas; Patricia Krenwinkel, 21, de Los Ángeles, y Linda D. Kasabian, 19, también de Los Ángeles. El [periódico] 'Los Angeles Times' ha informado que son miembros de un grupo de odio, de una secta hippie, responsables de los siete asesinatos, además de al menos otros cuatro crímenes grotescos en el área de Los Ángeles. El periódico asegura que la policía cree que las víctimas fueron asesinadas o bien para 'castigarlas' por su lujoso estilo de vida o bien para liberarlos del mismo". Finalmente, cayó Manson. Comenzaba la leyenda y en el mismo mes de su detención conseguía ser portada de la revista 'Life'.

Manson lo niega todo

El 30 de marzo de 1971, el día después de que Leslie Van Houten, de 21 años, Susan Atkins, de 22, Patricia Krenwinkel, de 23, y Charles M. Manson de 36 años fueran condenados a muerte después de más de un año de juicios, el diario 'New York Daily News' publicaba lo siguiente: "Las tres chicas confesaron su crimen si arrepentimiento" y describieron a Manson como "su maestro satánico". "'Os habéis jugado encontraros con la muerte a la vuelta de la esquina', gritó Atkins. Vigilad a vuestros hijos. Sois todos unos necios".

Durante los 46 años que ha permanecido encerrado, Manson ha intentado exculparse —a su manera— de los crímenes en varias ocasiones. En 1997, en una audiencia para optar a la libertad condicional dijo: "Yo no sé todo lo que ustedes saben, pero ustedes tampoco saben todo lo que yo sé y no les falto al respeto [...]. Así que denme mis putos derechos. No pueden tomarme por tonto. No me pueden engañar. No tuve nada que ver con los asesinatos de esa gente, punto. Lo he dicho siempre. Yo no estaba cerca de nadie de ellos cuando los mataron. No digo que no sea capaz de hacerlo, pero simplemente os digo que yo no lo hice. Y podía haberlo probado ante la justicia".

"¿Qué era 'La familia Manson?", le preguntaron durante una entrevista en 1987, de nuevo en la revista 'Life'. "El fiscal utilizó la parabra 'familia' para convertirme en un líder y meterme en el complot. Nunca han sido mi familia ni mis seguidores. Teníamos un mismo sueño, tío", contestó. "No he hecho nada de lo que me avergüence. Nada por lo que no pueda mirarle a la cara a Dios. Yo no mataría ni a una mosca". "Ese Charlie Manson que habéis creado no soy yo. Es sólo una ilusion de vuestras cabezas; no tiene nada que ver conmigo", dijo también, esta vez en 1985 en una entrevista con Emmons. Tampoco ha condenado jamás los crímenes.

Quizá de una forma que nunca previó, pero que posiblemente no le disgustase, la figura de Manson ha conseguido hacerse un hueco en la industria musical. Guns 'n' Roses versionaron en 1993 uno de los temas de 'Lie: The Love and Terror Cult', 'Look At Your Game, Girl'; Skinny Puppy, en su tema de 1989 'Worlok', utilizan la voz de Manson cantando 'Helter Skelter' de The Beatles, y el propio Marilyn Manson también utilizó clips de voz del Manson primigenio en su tema 'My Monkey', de 1994, entre otros ejemplos.

Sería interesante plantearse en qué tipo de sociedad alguien como Charles Manson acaba convirtiéndose en un icono pop que todavía hoy, el día de su muerte, sigue levantando expectación en todo el mundo.

domingo, 19 de noviembre de 2017

DETRÁS DEL ICONO: RELEVANCIA Y LEGADO DE “UNKNOWN PLEASURES”

Fran Palma 
El quinto Beatle, 15/06/2017



38 años no son nada, mucho menos si se pretende crear una leyenda. Algunas veces, sin embargo, 38 años pueden parecer una eternidad, o como (seguramente) diría Ian Curtis, un abismo insalvable. Aunque ahora que lo pienso, ¿quién soy yo para poner palabras en la boca de nadie? Mucho menos en la de Curtis, ese hombre que se meneaba con gesto serio entre los sonidos de su propia oscuridad con gesto impenetrable y pensamiento incierto. De haber sido otra persona, la peña probablemente se descojonaría. Pero no, es ese hombre serio, de constitución enfermiza, que con su baile no provoca risa sino espanto, confusión y lo que es más inquietante: una tristeza inconmensurable en la boca del estómago.

En el caso de Joy Division, lo del post-punk es literal, porque antes de la melancolía vino la rabia de inspiración sexpistoliana y buzzcockiana, la de su álbum debut que nunca vio la luz: “Warsaw”. Afortunadamente para todos, la banda rompió con RCA, se subió al carro Tony Wilson (Mr. Manchester) y con su sello Factory Records lanzó el disco que se convertiría en la piedra angular del batiburrillo musical que hoy conocemos como post-punk. 38 años de “Unknown Pleasures” y yo con estos pelos. 38 años del día en el que cuatro chavales de Manchester se metieron con lo puesto en un estudio para dejar su oscuridad en la cinta magnética. El resto, como se suele decir, es historia, impresa en vinilo: en la cara A, el mítico sonido que marcaría una generación; en la B, la turbulenta trayectoria de un grupo destinado a pasar por el escenario como una estrella fugaz. Aquí hay siete cosas que quizás supieras o quizás no. En cualquier caso, no viene mal recordarlas.

El debut punk

Pese a ser considerado como el debut oficial de la banda, “Unknown Pleasures” no es el primer trabajo del grupo técnicamente hablando. Joy Division ya habían autoproducido un EP llamado “An Ideal for Living” en 1978, trabajo de evidente influencia punk que fue muy criticado por su portada, en la que aparece dibujado un miembro de las juventudes nazis tocando un tambor. A esto se añadían otros factores como el toque nietzscheano de su música, el anterior nombre de la banda (Warsaw) y el infame grito que se puede escuchar al principio de un track incluido en la compilación de Electric Circus de 1977: “Have you all forgotten about Rudolf Hess?”. El grupo era acusado de usar el nazismo como algo chic, aunque los miembros siempre se desentendieron de semejantes acusaciones. Fue esto y la influencia de su nuevo manager Rob Gretton lo que hizo que para 1979 la banda dejase este tipo de tonterías a un lado, aunque conservarían su controvertido nombre inspirado por el grupo de mujeres judías violadas por los oficiales nazis de la novela “House of Dolls”.

Un placer desconocido

Ya había pasado antes. En 1978 una sesión de grabación en los estudios de RCA terminó en fracaso debido al descontento del grupo con el trabajo de post-producción y todo apuntaba a que su experiencia con la Factory Records de Tony Wilson iba a terminar de un modo similar cuando el grupo escuchó el resultado final de su productor Martin Hannett, más tarde conocido como el Genio Loco de Manchester. El proceso de grabación fue un ejercicio de continuo contorsionismo. Las órdenes de Hannett habían demostrado ser bastante difíciles de acatar en ciertas ocasiones, especialmente cuando al productor se le ponía entre ceja y ceja cosas como grabar la voz a través de un teléfono o mover la batería al cuarto de baño e incluso a la azotea del estudio. Hannett hacía caso omiso de las sugerencias de unos chavales que miraban con horror mientras su música se veía invadida por sintetizadores, adornos y efectos varios, precisamente los elementos contra los que se había revelado desde su nacimiento el punk que inspiró la creación de Joy Division. El sonido nunca terminó de complacer a los componentes (especialmente a Peter Hook), pues estos creían que las guitarras subordinadas y la atmósfera oscura y reverberada de la mezcla destruía la efervescencia que caracterizaba los directos de la banda. “Unknown Pleasures”, sin embargo, terminó por hacer las delicias tanto de la crítica como del público, adquiriendo un limitado éxito comercial por el que el grupo se dejó llevar sin oponer resistencia. La labor de Hannett acabó siendo reconocida por el bajista Peter Hook, quien lo acreditó como indiscutible creador del sonido Joy Division.

Ha perdido el control… de nuevo

Antes de pegar el salto a la fama con su debut, los miembros de la banda eran tipos muy normales, vecinos corrientes de Salford, aledaño del Manchester industrial de finales de los setenta. De todos ellos, Ian Curtis se llevaba la palma. Casado desde los diecinueve años con Deborah Woodruff, Curtis se ganaba la vida como funcionario de un centro de trabajo que empleaba a personas con discapacidad física y siguió trabajando incluso cuando el grupo empezó a adquirir cierta relevancia. Fue precisamente de ahí de donde sacaría la inspiración para escribir “She’s Lost Control”, un perturbador tema que habla sobre su encuentro con una mujer epiléptica que sufrió un ataque mientras era atendida. Ian recita los versos con urgencia e intranquilidad, envolviendo la música en un aura de terror que hace pensar que el incidente no es más que un vehículo para hablar de su propia condición de epiléptico, la cual le fue diagnosticada en 1978 tras sufrir un ataque en el camino de vuelta de un concierto. La enfermedad de Ian pasó a ser una parte más de la vida del grupo y su influencia es algo que puede verse incluso en el frenesí de muchas de las canciones de este álbum.

Hermanos de otro padre

Tanto “Transmission” como “Love Will Tear Us Apart” son indiscutibles clásicos del grupo de Manchester, aunque es importante destacar que ninguna de estas dos canciones pertenece, al menos literalmente, a la lista de canciones de “Unknown Pleasures”, un hecho que muchas veces da lugar a una especie de versión hípster del efecto Mandela. “Transmission” fue lanzada como single unos meses después del lanzamiento del debut y no es casual que tanto su espíritu como su sonido sean perfectamente compatibles con el universo sonoro de “Unknown Pleasures”. La canción pertenecía a las sesiones de grabación del mismo álbum, aunque debido a su energía, el grupo prefirió reservarla como lanzamiento estratégico que les permitiera extender la vida comercial del LP. Por otro lado, el single “Love Will Tear Us Apart” fue lanzado casi un año después del debut de la banda, funcionando como engañoso aperitivo de “Closer”, un segundo trabajo que poco o nada tenía que ver aquel single independiente. “Love Will Tear Us Apart” es, en cierto sentido, el punto y final de “Unknown Pleasures”. Es irónico que fuera precisamente esta canción la que se convirtiera en el mayor éxito del grupo, especialmente cuando uno analiza la oscura letra de un Ian Curtis cuya tristeza se desparrama por cada uno de sus melancólicos versos, contrastando con la brillante y armoniosa instrumental. Se dice, en retrospectiva, que la canción fue un aviso del suicidio que Ian Curtis llevaría a cabo apenas un mes antes de su lanzamiento. El título, inspirado por su matrimonio, fue grabado en su lápida por orden de su propia mujer. Sin duda un oscuro giro del destino.


El principio del final

Por si el carácter de Joy Division no fuera lo suficientemente oscuro desde sus inicios, fue el final del grupo lo que acabó dándole el toque definitivo, convirtiendo la prometedora banda en el eco en blanco y negro que Joy Division pasó a ser para siempre. Efectivamente, “Unknown Pleasures” fue el primer y último trabajo lanzado mientras Curtis aún seguía con vida, algo que marcaría para siempre la trayectoria de un disco destinado a convertirse en hito, siempre con cierto aire de maldición. Curtis se suicidó en plena ascensión, justo antes de su primera gira en los Estados Unidos. No siendo la primera vez que intentaba suicidarse, su muerte no sorprendió a nadie. De hecho, parece casi como si el trágico final de Ian Curtis hubiera sido parte de algo mayor, una especie de eventualidad inevitable en un grupo que olía a suicidio desde su nacimiento. La muerte de Curtis pasó a ser parte integral no sólo del grupo sino también de su obra prima. Con su abrupto final, Curtis convirtió el principio en final y el debut en legado.

Visualizar lo invisible

Es casi imposible a día de hoy no reconocer la portada que se convirtió casi por accidente en uno de los más circulados iconos del siglo 21, algo especialmente cierto cuando hablamos de la cultura hipsteroide de Tumblr y sus derivados. La imagen encuentra su inverosímil origen en una enciclopedia de astronomía en la que la misma ilustración servía como representación gráfica de la primera señal de Pulsar de la historia. Para explicarlo en cristiano: cada una de las cien líneas es un pulso, un bip que da lugar a los ‘picos’ del centro. La imagen ejerció una atracción magnética inmediata no sólo sobre el diseñador Peter Saville sino también sobre un grupo que vio en aquellas señales de radio la representación perfecta de su sonido: apenas un puñado de trazos brillantes perdidos en la inmensa oscuridad, una foto a lo invisible. Su misteriosa presencia, carente de título o cualquier otra distracción, se rodea aún hoy de una atmósfera de misterio y oscuridad que ha acabado por convertirse en una parte inseparable de la experiencia sonora que es “Unknown Pleasures”. Aparte de esto, es imposible no mencionar el increíble éxito comercial de la imagen, equiparable al de iconos legendarios como la lengua de los Stones o el escudo de los Ramones. Camisetas, posters, tartas e incluso suelas de zapatos. Uno puede encontrar transmisiones de púlsar en todo tipo de recreaciones, lo que hace inevitable que nos preguntemos sobre qué pensaría el nietzscheano Ian Curtis si viera a una chavala de quince años llevando una de estas camisetas mientras escucha a The 1975…

Una frecuencia que no se extingue

El legado de “Unknown Pleasures” es simplemente incalculable. Aparte de ser un trabajo unánimemente alabado por la crítica, su relevancia radica en lo puntero de un sonido oscuro y pesado acompañado de una estética musical y visual que marcaría las pautas de toda una generación de grupos post-punk como The Cure, Wire, Jesus & Mary Chain y más tarde, The Smiths. A día de hoy, el álbum no ha perdido ni un ápice de relevancia y sigue siendo una clara referencia para grupos obvios como Interpol o The National pero también para artistas de otros géneros como lo son Danny Brown o Vince Staples. “Unknown Pleasures” es, desde su concepción, un disco que se alimenta de su entorno, hallándose en un continuo estado de crecimiento que arrasa con todo lo que encuentra. Sea en camisetas o entre las líneas de otros grupos, que así sea por muchos años.

sábado, 18 de noviembre de 2017

CONCIERTO DE THE PRETTY THINGS EN PORTA CAELI (VALLADOLID) 16/11/2017.A pretty, pretty concert


Parecía increíble pero era cierto: los responsables de aquel maravilloso disco-concepto de psicodelia, S. F. Sorrow, venían a mi provinciana ciudad. Han pasado más de 50 años desde que se formaran los Pretty Things y ya solo quedan dos miembros originales: el cantante Phil May y el guitarra Dick Taylor. Sin embargo, son los dos integrantes más imprescindibles de la banda. Phil es un maravilloso letrista y como cantante hay que decir que a pesar de los años conserva bien su voz. De Taylor, todo lo que se diga es poco, porque es un maestro en dar colorido a la guitarra eléctrica aunque con la acústica también se maneja muy bien. El resto de músicos, salvo el segundo que ya había tocado con los Things en una de sus muchas formaciones pasadas, son músicos jóvenes. Cabía preguntarse si tras tantos años transcurridos los Pretty Things estaban aún en buena forma. Tan solo me hizo falta escuchar unos segundos del primer tema para convencerme de que por su capacidad para hacer música no han pasado los años...



Los Things empezaron el concierto caldeando el ambiente con sus temas clásicos de rhtythm and blues de su primera época ("Honey I Need", "Mamma Keep Your Big Mouth Shut", "Big Boss Man"). El sonido impecable y auténticamente garagero. La banda como una locomotora perfectamente engrasada. Y tras los temas de calentamiento llegaron los ansiados (al menos por mi parte) del S. F. Sorrow. Empezaron por un "S. F. Sorrow Is Born" magistral, que sonaba casi idéntico a la versión de 1968. Dick Taylor pisaba pedales de efectos de sonidos para su guitarra y la gente alucinaba en colores. Tras el primer tema del Sorrow llegaron "She Said Good Morning", "I See You", acabando su incursión en la psicodelia con un apoteósico "Defecting Grey".

Después Taylor se colgó del hombro su acústica y sacó su cuello de botella y desgranó unos blueses ("I Can't Be Satisfied", "Blues for Robert Jonson" y "Little Red Rooster"). Entretanto el segundo guitarra soplaba una armónica abrasadora. La gente seguía alucinando. Tras ello la banda volvió al rhtythm and blues de su primera época haciendo un "Monna" espectacular y mezclando su clásico "LSD" con los riffs proto-hard del "Old Man Going" del S F Sorrow para acabar el concierto. Y de bis, su clásico garajero "Rosalyn".


Después se pudo ver a un accesible Phil May vender merchandising, firmar autógrafos y hablar con los fans. Cuando salí del local pude ver la figura solitaria de Phil que se escabullía y se metía en un tranquilo pub cercano. Entonces se me ocurrió que S. F. Sorrow es en realidad Phil May.

domingo, 12 de noviembre de 2017

EL SINDICATO BAILA: LAS PRIMERAS GRABACIONES DE LOS LOBOS

Daniel Salgado
Jot Down, noviembre 2017



Más o menos hacia 1987, el mundo descubrió el rock chicano. Toda la primera cara de la banda sonora de La Bamba, biopic sobre la corta vida del rocker Ritchie Valens, venía firmada por Los Lobos. La canción homónima sonó por doquier y se convirtió en carne de recopilatorio y festejos varios, tan socorrida como, por caso, «Come on Eileen» de Dexy’s Midnight Runners. Apenas otra banda del este de Los Ángeles —así titularon su segundo elepé en 1978—, en realidad Los Lobos eran un secreto a voces. How the wolf will survive? (1984) los había situado en el centro de la geografía del discutido nuevo rock americano. Y los más enterados habían advertido la potente singularidad de su propuesta: folclore mexicano americano electrificado, rock & roll mestizo, The Band se va por corridos, soul latino, música migrante. Su prehistoria, acústica, militante y orgullosa, sirve para trazar esa línea que viene del pasado y va al futuro de la que los músicos hablaban en el imprescindible documento audiovisual Los Lobos del Este de Los Ángeles.

Sí Se Puede! se llama el rastro fonográfico más antiguo del grupo de César Rosas, David Hidalgo, Louie Pérez y Conrad Lozano. Registrado en septiembre de 1976 y publicado al año siguiente, fue una grabación a beneficio del sindicato United Farm Workers of America (Campesinos Unidos de América). «Una antología de canciones originales compuestas por miembros reales de la UFW y por otros que han apoyado su lucha por la justicia y la dignidad en los campos agrícolas de América», rezan las notas del disco. En el que Los Lobos hicieron de banda de acompañamiento para las voces de Carmen Moreno, Ramón Tiguere Rodríguez, Gerre González, Raul Brambila, el coro infantil de la escuela Santa Isabel de Los Ángeles, la niña Diana Cruz o los hermanos Salas del grupo Tierra. El resultado, una obra de agitación y propaganda que utiliza los géneros populares de la música mexicana para informar a los obreros del campo sobre cómo resistir la opresión. La CNN de los chicanos, por parafrasear la definición del rap ofrecida en su día por Chuck D.

«Este álbum refleja el espíritu y la vitalidad que han sostenido a los campesinos en los buenos y en los malos tiempos», escribe en la carpeta César Chávez, legendario líder de la UFW, «celebra el amor y la solidaridad que compartimos y que siempre serán apreciadas dentro de nuestro movimiento». A ritmo de corrido, bolero o son jarocho, Los Lobos impulsan letras que llaman a la huelga, condenan a los esquiroles, ensalzan el papel de las mujeres en el campesinado organizado, recuerdan la resistencia indígena como antecedente de la lucha en curso o desafían a la patronal mediante la no violencia. «Viva la revolución / viva nuestra asociación / viva huelga en general // Viva la huelga en el fi / viva la causa en la historia / la raza llena de gloria / la victoria va a cumplir», expone el contagioso estribillo de «Huelga en general», cuya letra escribió Luis Valdez. Quien, por cierto, había creado El Teatro Campesino, componía para los cantantes del movimiento agrario y años después sería el cineasta encargado de guionizar y dirigir La Bamba.

Pero era 1976 y los campesinos migrantes e hijos de migrantes peleaban por sus derechos contra los propietarios de la tierra y la agroindustria en California. La United Farm Workers of America había sido fundada diez años antes como resultado de la fusión de dos sindicatos. César Chávez y Dolores Huerta encabezaron la nueva organización. «El sesenta y dos / se asoció con César Chávez / Y entre él y la Dolores / formularon una unión / que llegó a cambiar les leyes», dice el corrido que lleva su nombre, obra de Carmen Moreno, que continúa: «Y un dia en Arizona / la gente decía / “Ay Dolores, no se puede!” / La Dolores les contesta / “Esto sera nuestro grito / ¡Sí se puede! ¡Sí se puede!”». Canciones crónica que Los Lobos, con los que todavía formaba su misterioso fundador Frank Gonzáles, transportaban con energía de guitarrones, requintos, charangos, mandolinas, jarochos y vihuelas.

La épica de Chávez y Huerta fue contribuir a armar la UFW puerta a puerta, desde abajo. Autoorganización campesina. Y con esa herramienta, enfrentar el capitalismo estadounidense realmente existente: violencia patronal extrema, asesinato habitual de piquetes, inexistencia de derechos laborales. Eran los años setenta, cuando se edita Sí Se Puede!, y la virulencia reinaba en las calles. Pese a la represión, el sindicato adoptó oficialmente métodos de no violencia «inspirados en Gandhi y Martin Luther King Jr». «Apuntaron a la Huerta / César Chávez les decía / Vamos a ganar / esta huelga sin violencia / la revolución social / hay que ganarla con la paz / derramar sangre no es ciencia», explica el «Corrido de Dolores Huerta #39». No son solo periodismo los cortes de este elepé, sino manual de instrucciones, refuerzo ideológico, el baile al servicio de la comprensión de la realidad y la búsqueda de salidas a una situación inaceptable.

Sí Se Puede!, cuya grabación en los estudios de A&M Records facilitó el capo  —y músico de easy listening — Herb Albert, también contiene desvíos líricos de melodías populares. El son jarocho tradicional «Telingo Lingo» se convierte, en boca de César Rosas, en una advertencia solidaria: «Como estamos en huelga / no se puede comer uva / ni tampoco ensalada / por la huelga de lechuga / Telingo lingo lingo / telingo lingo la / qué bonitas las chicanas por acá». Y al «De colores» que abre el disco, cantado por los niños de la escuela Santa Isabel, se le integra una arenga sindicalista a cargo de Alfonso Tafoya. Aquellos Lobos del este de Los Ángeles, como eran conocidos desde su puesta en marcha hacia el año 1972, combinaban la militancia procampesina y migrante con bodas, banquetes, bautizos, asambleas estudiantiles, fiestas de jardín o restaurantes. Músicos de clase obrera, imbuidos del folclore de la raza, su siguiente elepé —Los Lobos del Este de Los Angeles o Just Antother Band from East L.A., de 1978— abandonaría el tono explícitamente político pero no el orgullo chicano ni las raíces acústicas.

Los Lobos también se habían educado en los sonidos del rock & roll. Y, hacia el cambio de década, inician su propio proceso de electrificación. Lo relata Carlos Rego en su monografía Nuevo Rock Americano, años 80. Luces y sombras de un espejismo. En 1980, abrieron un concierto para PIL, «la abrasiva banda que había puesto en pie Johnny Rotten tras el descalabro de los Sex Pistols», a propuesta de su amigo punk chicano Tito Larriva de The Plugz. El respetable, claro, no se lo tomó muy bien. Como aquellos legendarios 23 minutes over Brussels de Suicide como teloneros de Elvis Costello, a Los Lobos les costó aguantar los escupitajos. «Cuando los proyectiles comenzaron a ser sólidos, literalmente huyeron corriendo», expone Rego. Aquellos diez minutos resultaron decisivos. «En los camerinos nuestras familias no dejaban de llorar, pero nosotros teníamos una extraña risa tonta en la cara», recuerda Louie Pérez, «como si todos pensáramos “venga, hagámoslo otra vez, maldita sea”». Y optaron por recuperar las guitarras eléctricas que habían aparcado tras sus primeros devaneos musicales adolescentes. El minielepé …And a time to dance (1983) fue el brillante primer paso eléctrico de los del este de Los Ángeles. Solo La pistola y el corazón, publicado en 1988, recuperaría momentáneamente el eco de aquellos maravillos años folclóricos.

«A través de su carrera es posible ver Los Lobos de dos manera diferentes», acertaba a resumir un agudo bloguero que firma como Sgt. Tanuki, «como una banda mexicano americana tradicional que abraza el rock, o como una pandilla de rockers que abrazan la tradición mexicano americana. Ambas cosas son ciertas». Sí se puede! y su sindicalismo bailable permanecieron fuera de catálogo hasta 2014. Y, por supuesto, el rock chicano ya existía antes (Santana, Malo, Cannibal & the Headhunters, Sapo) de que Los Lobos grabasen su versión de «La Bamba» para el biopic de Ritchie Valens dirigido por Louis Valdez.

lunes, 6 de noviembre de 2017

NUGGETS: LAS JOYAS DEL GARAJE

Milos De Azaola
INMTK, 29/07/2013 

A mediados de los años 60 grupos británicos como los Beatles, los Rolling Stones, los Kinks o los Animals hacían furor, no sólo en el Reino Unido, sino también en Estados Unidos, por lo que fueron conocidos como “la invasión británica”. Como respuesta a esta “invasión”, en los USA de repente surgieron bandas de rock hasta de debajo de las piedras. Todos los jovenzuelos con inquietudes musicales, muchos de ellos todavía en el instituto, formaron su propia banda. Casi todos ensayaban en los típicos garajes de las casas americanas, de ahí que se conociese su música como garage-rock. En su mayoría eran bandas aficionadas, por lo que no destacaban por su virtuosismo musical, pero precisamente en su sencillez residía gran parte de su encanto. Muchos de ellos recurrían a versiones de temas conocidos o imitaban descaradamente el sonido de una banda famosa, pero la frescura y calidad de sus canciones eran innegables. Su medio de expresión eran los singles, eran pocos los grupos que llegaban a grabar un disco, y si lo hacían, no solían pasar del primero o el segundo.


En 1972, cuando ya había pasado el fenómeno del garage-rock, el crítico y músico Jenny Kaye y Jac Holzman, el fundador del sello Elektra, decidieron sacar un recopilatorio con algunas de las canciones más emblemáticas de estos grupos: el legendario Nuggets. En 1998 este recopilatorio fue expandido por Rhino, pasando a ser una caja de cuatro discos.

Algunas de estas bandas tuvieron un éxito fugaz (Count Five, Strawberry Alarm Clock o Sam the Sham & the Pharaohs), otras se convirtieron en bandas de culto tras la publicación del recopilatorio (los 13th Floor Elevators, los Electric Prunes o la Chocolate Watchband), y muchas pasaron sin pena ni gloria. Pero no todas las bandas eran americanas o británicas, en aquella época el garage-rock se convirtió en un fenómeno mundial. Las había de Alemania (los Monks, procedentes de una base militar), Irlanda (los Wheels), Holanda (los Outsiders), Canadá (The Guess Who), Australia (los Easybeats), Nueva Zelanda (The Smoke) o Brasil (Os Mutantes). Estas bandas fueron recopiladas en el Volumen 2 de los Nuggets, centrado en los grupos que no eran americanos.

En esta caja de sorpresas que son los Nuggets hay de todo: grupos que cogen sus nombres de La máquina del tiempo de H.G. Wells (los Elois) o de El Libro Tibetano de los Muertos (The Third Bardo), que se visten con siniestras capas de Drácula (Count Five), que se disfrazan de cosacos (los Golliwogs), de soldados de la época colonial (Paul Revere & the Raiders, New Colony Six), de monjes (los Monks), de jeques árabes (Sam the Sham & the Pharaohs), de guerreros africanos (los Strangeloves), de charlatanes del Oeste vendedores de pócimas milagrosas (los Charlatans), o que directamente son agredidos por sus pintas (los Squires). Grupos que protestan sobre la gente que te dice lo que tienes que hacer, lo que tienes que pensar, lo que tienes que comprar, cómo vestirte, cómo vivir tu vida (los Leaves con su tema Too many people), revolucionarios que hablan de anarquía (Tomorrow), que se burlan de la revista Life (The Idle Race), que le dedican una canción al cuerpo de bomberos (The Move), que se proclaman cavernícolas (los Groupies, los Troggs) o se hacen pasar por ingleses siendo de Texas (Sir Douglas Quintet), que se ven investigados por el FBI (los Kingsmen por su hit Louie Louie) o permanecen en el anonimato (The Magic Mushrooms, The Rare Breed), que se empeñan en imitar a los Beatles (los Knickerbockers) o a Bob Dylan (Mouse), que suenan insólitamente modernos (The Lollipop Shoppe) o aseguran que están cinco años por delante de su tiempo (otra vez The Third Bardo), que se adelantan al nacimiento oficial del rock duro (The Litter) o incluso al rap (The Elastik Band), que hacen perfectas canciones pop (los Easybeats) o blues mutante (Captain Beefheart & His Magic Band), o que directamente parecen salidos de otro universo (los 13th Floor Elevators, The Human Expression). Hay guitarristas que saltan sobre los amplificadores mientras tocan (Larry Parypa, de los Sonics), que graban las guitarras al revés (Ken Williams y James Spagnola, de los Electric Prunes) o hacen que su instrumento imite el mugido de una vaca (Ted Nugent, de los Amboy Dukes); cantantes que hablan sobre cómo perdieron la mano en un accidente (Moulty, de los Barbarians, que encima era batería), que recitan poesía alucinada inspirados por las drogas (Kim Fowley o Sonny Casella, de los Magic Mushrooms) o muestran una agresividad punk (Sean Bonniwell, de The Music Machine), etc.

Esta efervescencia musical duraría más o menos hasta 1969. Para entonces la mayoría de estos grupos ya habían dejado de existir o habían sido asimilados por la industria discográfica, convirtiéndose en algo inofensivo. Nunca volvería a repetirse un fenómeno como éste, por lo menos a escala tan grande. Si algo queda claro después de oír estos grupos es que éste fue uno de los períodos más cool de la historia del rock. Como dijo en su día el crítico Greg Shaw, lo bueno del rock es que cualquiera puede hacerlo, sólo es cuestión de ponerse. Lo que pasa es que esto no le hace ninguna gracia a la industria discográfica, claro, que quiere que sólo oigamos lo que ellos nos digan, por eso en su día les molestó tanto que los chicos se pusieran a hacer su propia música y se gastaron una fortuna en domesticarlos.

A continuación hacemos un repaso de los grupos más destacados que aparecen en los Nuggets (hablar de todos y cada uno de ellos sería una tarea fatigosa):


THE 13TH FLOOR ELEVATORS: psicodélicos gafados

Dicen que la psicodelia nació en California, pero no, si nos atenemos a la cronología resulta que nació en lo más profundo de Texas, un estado cuyas gentes nunca han sido famosas por sus mentes abiertas precisamente, sino más bien por sus miras estrechas. Por eso el hecho de que la psicodelia tuviera uno de sus puntos de origen aquí parece casi milagroso. ¿Los responsables de ello? Un grupo que bien podría haber venido de Marte: los 13th Floor Elevators. Su nombre ya es toda una declaración de intenciones: por aquel entonces los ascensores de Texas omitían la planta 13 por superstición, con lo que ellos daban a entender al oyente que le llevarían a territorios desconocidos… y puede que peligrosos. Y es cierto, escuchar su música es como introducirse en un extraño universo alternativo. Pero en la Texas de los años 60 no era fácil ser un joven contracultural, como comprobaría el grupo en más de una ocasión. En 1969, tras publicar tan sólo tres discos, comenzó el infierno personal para Roky Erickson, el cantante. Detenido por la posesión de un porro de marihuana, se enfrentaba a una pena de ¡diez años de cárcel! Para librarse del trullo, Roky optó por declararse mentalmente incapaz. Craso error: le ingresaron durante tres años en el Rusk State Hospital para delincuentes con problemas mentales. Allí fue sometido a una tortura de electroshocks y thorazina que le convirtió en un vegetal. Desde entonces, Erickson sólo abrió la boca para soltar frases inconexas y monólogos sobre vampiros, alienígenas y conspiraciones. Como puede verse, un caso al más puro estilo Jack Nicholson en Alguien voló sobre el nido del cuco. Los demás miembros del grupo no acabaron mucho mejor, como si de una maldición gitana por jugar con fuerzas desconocidas se tratase (¿tendrán razón los que dicen que el 13 da mala suerte…?). Al guitarrista del grupo, Stacy Sutherland, le mató su mujer en 1978 pegándole cuatro tiros.




THE AMBOY DUKES: los Duques de Detroit

Alguien definió acertadamente a los Amboy Dukes ccomo lobos con piel de cordero, ya que, aunque se apuntaron a la psicodelia hippy de la época, su sonido proto-heavy y su actitud de tipos duros no hacían pensar precisamente en flores, paz y amor. Los chicos de Ted Nugent eran los más salvajes del Detroit sixties antes de que apareciera Iggy Pop con sus Stooges, lo cual equivale a decir que eran de los más salvajes de todos los USA, ya que Detroit siempre fue la ciudad americana de sonidos más duros, tal vez por su condición de deprimente urbe industrial de la que los jóvenes necesitaban evadirse (y eso que entonces todavía no había llegado al grado de degradación al que ha llegado actualmente). Ted Nugent, que posteriormente se haría más famoso en solitario con su look neandertal y sus opiniones igual de retrógradas, era un guitarrista incendiario, capaz de hacer que su instrumento sonara como el mugido de una vaca en celo. El grupo tuvo su mayor éxito con la canción Journey to the Center of the Mind, una especie de boogie psicodélico cuyo título lo dice todo, y que dio nombre a su segundo disco. Además de este tema, en los Nuggets también hay una potente versión suya del célebre blues Baby please don’t go.
 

THE ELECTRIC PRUNES: las ciruelas soñadoras

Estos californianos tuvieron un par de éxitos notables en su época, especialmente con I had too much to dream (last night), un diamante en bruto de la psicodelia sixties con guitarras grabadas al revés. Curiosamente este tema no estaba compuesto por ellos, sino por dos chicas, Annette Tucker y Nancie Mantz, que compusieron la mayoría de las primeras canciones de las Ciruelas. Tal vez por eso la historia que cuenta la canción, sobre alguien que sueña con la persona que ama, es tan ambigua, ya que en ningún momento te aclara de qué sexo es esa persona; es una canción cuya letra vale para los dos sexos (Annette y Nancie compusieron canciones para otros grupos de garage de la época, como el I ain’t no miracle worker de los Brogues, también presente en los Nuggets). Las Ciruelas Eléctricas sólo duraron dos años, separándose poco después de grabar un mediocre disco conceptual que mezclaba música gregoriana y psicodelia (mala idea). Una de las pocas canciones aceptables de ese álbum, Kyrie Eleison, sale en la banda sonora de la película de culto Easy Rider, en la alucinógena y angustiosa escena del cementerio.



THE SEEDS: los Doors de segunda división

A mediados de los 60, Los Ángeles era un hervidero de ideas y caras nuevas. Sobrevivir en esa jungla era algo al alcance de pocos grupos: Doors, Love, Byrds… Pero “las Semillas” (de marihuana, se entiende) fueron capaces de hacerse un hueco en los escenarios angelinos y saborear las mieles del éxito en un par de ocasiones. Con su inconfundible voz y su genio compositivo, Sky Saxon fue el alma de los Seeds. De verdadero nombre Richard Marsh, Saxon nació en Salt Lake City, pero se trasladó a Los Ángeles al ver que los singles que publicaba en la ciudad de los mormones pasaban sin pena ni gloria. Al poco de llegar a California montó los Seeds, y su música pegadiza de estilo crudo hizo el resto. Cuando el grupo se quedó sin ideas, les dio por sacar un falso disco en directo (atención a los chillidos enlatados de fans desatadas, para mearse de la risa); además de inspirarse en el tema The End de los Doors para crear su tórrida réplica, 900 million people daily (all making love)… me pregunto de dónde sacaron la estadística para el título.



THE STRANGELOVES: los granjeros de la Gran Manzana

La de los Strangeloves es una extraña historia, ya que es uno de los pocos casos en la historia de la música pop en la que unos productores se meten a músicos, y no al revés. Y más extraño es el delirante cuento que contaban en las notas de su disco de debut: que el grupo estaba formado por los hermanos Miles, Niles y Giles Strange, que crecieron en una granja australiana y se hicieron ricos al criar una nueva raza de ovejas, lo que les permitió dedicarse a la música, disfrazándose de guerreros africanos e inventando el Afro-English sound (¡toma ya!) En realidad, los Strangeloves no eran australianos, y menos africanos, sino tres judíos de Nueva York llamados Bob Feldman, Jerry Goldstein y Richard Gottehrer, que hasta entonces se habían dedicado a producir y componer canciones para otros grupos. Después de protagonizar este curioso experimento musical siguieron con su carrera de productores, con bastante éxito.


THE CHARLATANS: los feriantes del rock

The Charlatans, pioneros olvidados de lo que se conoció como el “San Francisco sound”, se llamaban así porque se vestían como los típicos charlatanes de las películas del oeste que venden pócimas “milagrosas” a los ingenuos. La Codine de su canción más famosa era el nombre de su medicina particular (una forma ingeniosa de cantarle a las drogas, supongo). La medicina se vendió bastante bien, siendo objeto de todo tipo de versiones. A destacar la del grupo galés Man.


CHOCOLATE WATCHBAND: adictos al dulce

La Banda del Reloj de Chocolate (obsérvese el juego de palabras chorra) eran algo así como los Rolling Stones del sur de la bahía de San Francisco. Sus canciones, muy sexuales y potentes, estaban llenas de agresividad adolescente. La verdad es que pasaban de todo, menos de fumar porros, tomar ácido y ligarse a las tías, por lo que no duraron mucho en el negocio musical. Salen en un par de films cutres de la época (Riot on Sunset Strip y The Love-In), plagiando a otros y haciendo playback. Y su cantante, el latino Dave Aguilar, manejaba las maracas mejor que Machín. Con un par.



COUNT FIVE: los vampiros de California

Se llamaban así porque eran cinco y se vestían como el conde (count) Drácula; es un juego de palabras, ya que su nombre también significa Cuenta Cinco. El alma creativa de este grupo californiano era Sean Byrne, un chaval recién llegado de Irlanda. A él se le ocurrió la canción de amor no correspondido Psychotic reaction, que se convirtió en un hit. Pero, pese al éxito de la canción, al poco tiempo Count Five decidieron disolverse… ¡para terminar sus estudios! Increíble. Vamos, que sólo les dio tiempo de contar un éxito. Me pregunto si siguieron mordiendo cuellos en la universidad…


JOHN’S CHILDREN: los hijos bastardos de Shakespeare

Antes de hacerse famoso con T.Rex, Marc Bolan, el ídolo del glam, tenía un grupo llamado John’s Children. Estos gamberros vestidos de blanco, que por sus pintas parecían los primos de los Small Faces o unos duendes malévolos salidos de una obra de Shakespeare, estaban encuadrados en el movimiento mod. Sus  canciones más conocidas, como Desdemona o esa pequeña joya psicodélica llamada A midsummer’s night scene, estaban inspiradas precisamente en obras del bardo inglés. Con Desdemona intentaron ingresar en los charts, pero fueron censurados debido a que la letra, compuesta por Bolan, decía levántate tu falda y vuela (algo que puede resultar inocente hoy en día, pero que no se oía en la radio en 1967). Aunque Bolan estaba en el grupo, el cantante era Andy Ellison, que con su actitud salvaje se adelantó varios años al punk, tirándose sobre el público durante sus actuaciones. De hecho, años más tarde, Ellison montaría su propio grupo punk, Radio Stars, con el que volvería a grabar Desdemona.



THE KINGSMEN: los Enemigos Públicos Números 1

La historia de lo que les pasó a los Kingsmen con su único hit, la versión más famosa del Louie Louie, tiene su gracia. Muchas emisoras de radio se negaron a poner la canción por considerarla obscena. Las marujas malpensadas de la época estaban convencidas de que su incomprensible letra encubría relaciones sexuales entre el marinero de la canción y su novia. El colmo del absurdo fue cuando Matthew Welsh, gobernador de Indiana, prohibió la canción en todo el estado y solicitó un informe al FBI con la intención de prohibirla en todo el país (sí, eran otros tiempos). Resultado: el FBI investigó a fondo a los Kingsmen y analizó concienzudamente la canción, contrastando la letra con el argot de la calle durante 31 meses de investigación. ¡Increíble pero cierto! La conclusión a la que llegaron no es ningún secreto de estado: el FBI aseguró que la letra de la canción era completamente inofensiva. Pero el caso es que el grupo no conoció más éxitos…



THE LITTER: la basura de Minneapolis

“La Basura”, los tíos más duros y guarros del Minneapolis sixties, llevaron este nombre con orgullo como respuesta a los carcas que se metían con sus pintas. Y de paso se adelantaron un par de años al nacimiento oficial del rock duro con su abrasadora canción Action woman, single en noviembre de 1966 (curiosamente estaba compuesta por su productor, por aquel entonces colado por una chica que no le hacía mucho caso). A ver quién era el guapo que se metía con ellos después de parir semejante trallazo.



THE MAGIC MUSHROOMS: las setas alucinógenas

No se sabe mucho de “los Hongos Mágicos”, ya que permanecieron en un semianonimato: sólo que un tal Sonny Casella fue el alma del grupo, que el segundo guitarrista se llamaba David Rice y que eran de Filadelfia. Su single It’s-a-happening entró en las listas de los más vendidos y todo, aunque bien es cierto que sólo duró una semana, lo cual ya tiene su mérito, teniendo en cuenta que la canción es una marcianada psicodélica en la que Sonny se pone a recitar poesía alucinada ¿inspirado por los hongos mágicos? Les dio para dos discos más.



THE MONKS: los monjes-soldados

¿Qué puede hacer un grupo de soldados americanos destinados a una base militar alemana para matar el aburrimiento? Pues está claro: ¡vestirse de monjes, afeitarse las cabezas y tocar canciones-protesta troglodíticas! Ver para creer. Su disco Black Monk Time, publicado en 1966, se adelantó diez años al punk, tanto por la ejecución musical desmañada como por el feedback estridente de guitarra y las letras rabiosas con mala baba. Llamar música a su sonido minimalista y torpe tal vez es ser demasiado benévolo… el virtuosismo no era lo suyo, pero armar ruido y comportarse como unos cafres se les daba bien. Por supuesto acabaron dejando el ejército, pero no fue para meterse en un monasterio, sino para emborracharse y ligar con las alemanas. Como se suele decir, el hábito no hace al monje…



THE MOVE: los vanguardistas de la Ciudad Celestial

The Move eran los culos inquietos de Celestial City (Birmingham), y estaban liderados por el genio poeta Roy Wood, “el Rey del Bosque”, una especie de chamán del rock. Lo mismo le dedicaban un tema al cuerpo de bomberos (Fire Brigade) que le cantaban a la marihuana (I can hear the grass grow). Su puesta en escena, la más impactante y rompedora del momento en el Reino Unido (con la excepción de Pink Floyd), incluía televisores que explotaban y un hacha que se balanceaba de forma salvaje. Sólo ellos podían atreverse a empaquetar uno de sus singles con una caricatura del primer ministro Harold Wilson, lo cual no le hizo ninguna gracia a éste, que les llevó a juicio y se quedó con los royalties del single.



THE MUSIC MACHINE: los Hombres de Negro

Los miembros de este curioso grupo tenían todos una cosa en común: su pelo era negro, sus ropas eran negras, sus instrumentos eran negros y sus amplificadores… ¿adivinan? ¡Sí, también eran negros! Y todos llevaban un único guante de cuero, en vez de dos. Negro, por supuesto. Pero dejando a un lado su particular estética, su música era aún más radical. Tenían un sonido original y contundente que les hacía sobresalir por encima de otras bandas de la época, destacando la amenazadora voz grave del cantante Sean Bonniwell (que fue el visionario al que se le ocurrió todo lo del negro, por cierto). Su álbum Turn On es uno de los mejores discos de garage de los años 60.



SAM THE SHAM & THE PHARAOHS: los cachondos de la Quinta Dinastía

Banda de Memphis que arrasó con su mundialmente famoso Wooly Bully, tema pegadizo donde los haya, de esos que no pueden faltar en ninguna fiesta. Su cantante, Domingo “Sam” Samudio, era un latino que se vestía de rajá indio (de ahí la mítica cuenta en espanglis con la que empieza la canción), mientras que sus colegas optaban por disfrazarse de jeques árabes, así que lo de “Sam el Farsante y los Faraones” tiene su coña…



THE SMOKE: no sólo fumamos tabaco…

Grupo británico que cosechó más éxitos en el resto de Europa que en su propio país. Su tema más famoso, My friend Jack, fue censurado en el Reino Unido por verse en su letra una referencia al consumo de LSD, ya que la canción dice: “My friend Jack eats sugar lumps” (Mi amigo Jack come azucarillos… ejem). Pero en Alemania, que al parecer era más permisiva con esos temas, la canción se convirtió en un gran éxito, situándose durante 16 semanas en el 2º puesto de las listas. Viendo que ahí se les trataba mejor, su único disco salió solamente en el país teutón. (NOTA: no hay que confundir a este grupo con una banda de garage del mismo nombre, natural de Nueva Zelanda y también presente en los Nuggets).



THE SONICS: rompiendo la barrera del sonido

Su nombre lo dice todo: estos tíos rompían tímpanos. Entre los berridos psicóticos del cantante y que el guitarrista saltaba sobre los amplificadores se adelantaron unas cuantas décadas al grunge, siendo de la misma zona. Su canción The Witch sería la banda sonora ideal para una peli de terror descerebrado, y salvajadas como Psycho y Strychnine tampoco se quedan atrás. Por cierto, tanto para el nombre del grupo como para su sonido se inspiraron en las fábricas de aviones de su ciudad natal (Tacoma, Washington).



THE WAILERS: “castellanos viejos”

Colegas de los Sonics, y casi igual de ruidosos y salvajes que ellos, los Wailers (nada que ver con el grupo de Bob Marley de mismo nombre) solían armarla todas las noches en el club Spanish Castle, al que Jimi Hendrix acudía como espectador cuando sólo era un adolescente con granos. Más tarde, ya famoso, Hendrix le dedicó al club la canción Spanish Castle Magic… y es que ya avisa en la letra que este castillo no está en España. Efectivamente, estaba en el estado de Washington.


STRAWBERRY ALARM CLOCK: hippies prefabricados

Strawberry Alarm Clock se hicieron famosos con su hit Incense and peppermints, número uno en los USA de 1967 tras seis meses de intensa promoción. Con su nombre estrambótico, sus chillonas ropas orientales y sus letras sobre incienso y pastillas de menta (ejem), encarnaban el perfecto tópico hippy, aunque lo suyo era más una pose que otra cosa. Salieron en varias películas de la época, como Psych-Out, con Jack Nicholson y los Seeds. Curiosamente en los 70 su guitarrista, Ed King, entró en un grupo heavy formado por paletos sureños, Lynyrd Skynyrd, haciéndose famoso tocando Sweet Home Alabama. Las vueltas que da la vida.