miércoles, 28 de febrero de 2024

CALIFATO 3/4: "A LOS ANDALUCES NOS HAN MACHACADO Y HOY SEGUIMOS SIENDO UNA COLONIA"

Silvia Moreno

El Mundo, 26/02/2024

La banda de "folclore futurista" afincada en Sevilla publica nuevo trabajo el 29 de febrero, el día de la "nueva Andalucía" que ellos reivindican

Hace casi mil años, ya había un fabuloso vergel en lo que hoy en día son los jardines de la Buhaira de Sevilla. Fue durante el reinado de Al-Mutamid, el monarca poeta del reino taifa sevillano. A partir del siglo XII, bajo el califato de Abu Yacub Yusuf, los espacios verdes de esta zona se ampliaron y se construyó un palacio. Nueve siglos después de que se levantara esta imponente edificación, los integrantes del grupo Califato 3/4 -léase tres por cuatro, como el compás, y no tres cuartos- posan a la entrada del palacio de la Buhaira. Es el lugar elegido por la banda formada por dos sevillanos -Manuel Chaparro (voz) y Lorenzo Soria (programación y percusión)- y dos malagueños -Esteban Espada (bajo) y Sergio Ruiz (teclados)- para hablar de su nuevo disco Êcclabô de Libertá, que se lanza este 29 de febrero.

La elección de este enclave no es casual. Conecta con la reivindicación del pasado y el orgullo de sentirse andaluz que Califato 3/4 lleva en su ADN desde su irrupción en 2018. «El que conozca la historia de Andalucía sabe que nunca, en ningún lugar del mundo, ni en ninguna civilización, ni con los Medici en Italia, hubo una congregación de tantos sabios, tantos científicos, tantos médicos y tantos librepensadores como en el Califato», lanza Chaparro. El Califato es la etapa de mayor esplendor de Al Ándalus.

Tampoco se ha elegido al azar la fecha de publicación del nuevo disco. Es el 29 de febrero, que ellos han designado como el día de la «nueva Andalucía», después del 28-F, día oficial de la comunidad andaluza.

¿Y cómo es esa nueva Andalucía? ¿Es una nación?

Esteban Espada. Es un mundo, un sueño y un lugar mental. Es una Andalucía con orgullo, no porque creamos que nuestra tierra es mejor que otras, sino porque reconocemos su historia, su cultura, su identidad y su lucha. Rebelde, no por oposición a todo, sino por resistencia a la injusticia, a la opresión, a la marginación y al olvido. Con memoria, no por estar anclada en el pasado, sino porque de él se aprende, y lo reivindicamos como fuente de inspiración y de dignidad. También es solidaria.

R.Manuel Chaparro. A los andaluces nos han machacado y hoy seguimos siendo una colonia. No queremos eso. Con nuestra música, intentamos descolonizar la cultura andaluza para que el dinero se quede en Andalucía y no vengan a robarnos la cultura para que luego cotice en Madrid, Barcelona o Bilbao.

Todos esas claves de la «nueva Andalucía» están en Êcclabô de Libertá -esclavo de libertad, escrito con los fonemas del habla andaluza-. Con él, Califato 3/4 sigue con el «folclore futurista» de sus anteriores trabajos, que se nutre ahora de «electrónica, flamenco, guasa, latineo, cosas morunas, otras muy frescas de baile y hasta barroquismo», enumera Soria.

Semejante «revoltillo» es algo natural para la banda. «A ver, en todos los continentes, la gente ha mezclado su folclore con electrónica. ¿Por qué no con el flamenco? ¿Tú crees que el flamenco, que es lo más grande que hay en el mundo, no tiene un potencial más increíble que el tango, el fado o la cumbia?», apunta Chaparro, mientras los demás asienten.

Espada, bajo de Califato 3/4, es graduado en Arquitectura Técnica, pero lleva «desde siempre» vinculado a la literatura y cuenta con un sinfín de premios literarios. El grupo no se conoció ni en la universidad ni en los certámenes literarios, sino en la noche sevillana, en la escena más underground y haciendo de DJ en salas. «Hace años, Chaparro estaba pinchando electrónica y, a mitad de la sesión, lo paraba todo y metía a Rocío Jurado. Y, claro, la gente se volvía muy loca», recuerda.

VIDA CASI MONACAL

Los Califato 3/4 han pasado un año encerrados en el estudio con su nuevo trabajo, haciendo una vida casi monacal, con natación por las mañanas en el polideportivo del Polígono San Pablo de Sevilla, donde comparten las calles de la piscina con los abuelos que van a los cursillos. «Soy especialista en madres, abuelas, tíos y abuelos», dice con guasa Chaparro, haciendo referencia al público tan heterogéneo que los sigue. En un teatro de Vigo se encontraron que la media de edad era «la de nuestros padres», pero en los festivales hay «chavales superjóvenes», que son los que se les acercan a pedirles selfis cuando están en la piscina. «Sí, de todas las edades y de todos los credos», dicen con orgullo los cuatro.

El local donde han desarrollado su nuevo trabajo simboliza el título del disco. «Ha sido nuestra cárcel, porque para ser libres hay que ser esclavos antes. Y nosotros mismos nos hemos esclavizado porque la libertad cuesta», afirma Chaparro.

Los integrantes del grupo se consideran «jornaleros» de la música. «Cuando paras un año para preparar el disco, tienes problemas económicos porque nosotros somos jornaleros de la cultura: sólo cobramos cuando trabajamos. Y sacar un disco, con los vídeos y todo el tiempo que se le dedica, cuesta bastante».

«La subsistencia es por los bolos porque ahora ya no se venden discos como antes», tercia Soria.

¿Y Spotify?

E.E. Son 0,000002 céntimos por escucha. No se puede vivir de las escuchas digitales. En la música, no hay clase media. Está el que gana mucho y para el resto parece que es un hobby. Con este sistema sufren los jóvenes porque las grandes bandas del pasado ya han recuperado su dinero.

R. M.C. Sí, se acabó con el engaño de las compañías discográficas abusivas, pero llegó la injusticia de Spotify.

Tras el encierro de un año, Califato 3/4 llega en plena forma a la gira que comienza en Sevilla, en el Cartuja Center, el 2 de marzo. La siguiente cita confirmada es en la sala Apolo de Barcelona, el 15 de marzo, y Live Las Ventas de Madrid, el 16. Y habrá más conciertos que se están cerrando estos días.

LAS COLABORACIONES MÁS VARIOPINTAS: JUGADORES DE FÚTBOL, ACTORES Y UN CANTAOR FLAMENCO

El nuevo trabajo de Califato 3/4 incluye colaboraciones de lo más variopintas: desde jugadores de fútbol que han colaborado en un videoclip sin cobrar nada, hasta actores, pasando por un cantaor flamenco. Mestizaje llevado hasta las últimas consecuencias.

El primer vídeo Êcclabô de Libertá, single que da nombre al nuevo disco de Califato 3/4, narra cómo la Tierra se ha destruido y los músicos, con la ayuda de los actores Paco Léon y Almudena Amor, el rapero Foyone y los futbolistas Borja Iglesias y Héctor Bellerín, buscan una "nueva Andalucía" lejos del planeta tierra. "Los dos futbolistas y los dos actores vinieron encantados y quisieron colaborar con nosotros sin cobrar nada. Hay que agradecérselo porque sabemos que su trabajo cuesta mucho dinero", afirma Manuel Chaparro.

El single Andalucê Yorá une flamenco y música de vanguardia. En él, el cantaor flamenco Andrés de Jerez interpreta unos versos del poeta y dramaturgo Miguel Romero Esteo (1930-2018), hijo adoptivo de la ciudad de Málaga.

El videoclip, escrito y dirigido por Juan Escribano Tamayo, hace un alegato al exilio andaluz a través de un homenaje a Pepa Flores, más conocida como Marisol, y a los trabajadores andaluces expropiados lejos de su propia tierra. La letra simboliza "todos los expolios que ha sufrido Andalucía", resume Chaparro.

En el single Çegaorâ unen sus voces Ángeles Rusó, Paula Margo, Anaisa García y Andrea Santalusía. Se trata de un homenaje "retrofuturista" a la esclavitud del campo andaluz y al tema Segaores del dramaturgo Salvador Távora.

El cantante de No Me Pises Que Llevo Chanclas, Pepe Begines, colabora y canta en el tema Xancla Lebantá. El single se fraguó en un viaje a Asilah (Marruecos) donde Chaparro, Esteban Espada y Lorenzo Soria pasaron el fin de año de 2022. El videoclip está dirigido por Diego Caro y David Alonso.

miércoles, 21 de febrero de 2024

PHIL OCHS, LA HISTORIA TRISTE DEL FOLK

Kepa Arbizu 

El giradiscos, 06/05/2021

El “antihéroe” es un tipo de personaje que habita de forma habitual en la ficción. Evidentemente no se trata de otra cosa que de la representación de aquello tantas veces ofrecido por la vida real, y en ese sentido, el mundo de la música, tan aleatorio en lo referente a la fama y el éxito, es un campo de cultivo idóneo para su nacimiento. De sus entrañas surge precisamente alguien como Phil Ochs, quien tanto en su travesía artística como personal tropezó con multitud de escollos, unos más ligados a su propio perfil humano y otros al contexto -ya sea social, cultural o generacional- en el que le tocó desenvolverse. En todos esos frentes, su talento y sensibilidad tendría que enfrentarse a un demasiado elevado número de reveses como para poder doblegarlos.

No es por lo tanto ni una historia fácil ni mucho menos alegre la de este músico nacido en 1940 en El Paso, Texas. Una época marcada por el estallido de la II Guerra Mundial y más sobre todo en una zona como Estados Unidos, todavía golpeada por las consecuencias de la Gran Depresión. Un entorno desestabilizador que toma incluso cotas más reseñables si nos referimos en concreto a su propio entorno, donde aparece la figura de una padre afectado de desequilibrios psíquicos tras su participación en dicha contienda bélica. Primeros detalles que marcan el futuro.

Será con su entrada en la universidad de Ohio para cursar los estudios de periodismo cuando sus gustos e influencias reciban una sacudida determinante. Si hasta ese momento era principalmente el cine e ídolos populares como John Wayne su principal alimento cultural, rápidamente la poesía, la literatura de los beatniks y especialmente el country comienzan a formar parte de su engranaje intelectual. Un proceso en el que tendrá un papel determinante Jim Glover, convertido en una suerte de mentor con el que descubrir de su mano las canciones escritas por Woody Guthrie o Pete Seeger y las soflamas que se esconden tras ellas.

Estamos por lo tanto ante un momento decisivo, cuando su personalidad artística está en un claro proceso de creación, sumando a sus nuevos descubrimientos, que se inscriben mayoritariamente en el folk tradicional, su pasión juvenil por el el rock and roll y alguno de sus más destacados mitos, especialmente Elvis Presley o Buddy Holly. Añadamos a todo esto las preocupaciones políticas que empiezan a aflorar en su mente y vamos a ser capaces de ir construyendo un “retrato robot” bastante fidedigno del músico y la persona en la que poco a poco se irá convirtiendo. Trayecto que con toda lógica le lleva a congraciar, y a ser aceptado, en el movimiento de la Greenwich Village, del que muy pronto será parte integrante formando camaradería con nombres ilustres como Joan Baez o Bob Dylan, y dirigiendo sus pasos hacia el prestigioso Festival de Newport, en el que participará en diferentes ediciones. Todo indica que la carrera de Ochs comienza con buen pie, pero pronto aprenderá que su camino está marcado por una estrella errática.

Entre tanto, su disco de debut ve la luz en 1964, un trabajo perteneciente a esa primera época (que englobará sus tres publicaciones editados por Elektra) en la que sigue a rajatabla la ortodoxia de un sonido folk sobrio y acústico, compuesto principalmente por su voz y guitarra lanzadas a denunciar la realidad social de su época. Su álbum, “All the News That´s Fit to Sing”, delata ya desde el título ciertas constantes, como un espíritu irónico, visible en el juego de palabras efectuado con el eslogan del New York Times, pero sobre todo revelando su vocación periodística, un deje del que sus primeras composiciones estarán totalmente empapadas. Tanto es así que es fácil reconocer en ellas un sentido por fotografiar la situación de aquel momento, intercalando referencias a personajes de la época (“Lou Marsh”, “Ballad of William Worthy” o “Too Many Martyrs”) como relatando episodios que suscitaban polémica por aquel entonces (“Talkin’ Vietnam”, “Talkin’ Cuban Crisis”, “Bullets of México”). Pero por encima de todo lo que se vislumbra con nitidez en la grabación es un cantautor que, dotado de un distintivo modo interpretativo,derrocha sentimiento y profundidad, tal y como se desprende de temas del poderío de “Power and the Glory” o “Bound for Glory”.

Solo un año después aparecerá “I Ain’t Marching Anymore”, un disco envuelto en esa misma senda clasicista pero en el que es imposible no advertir una cierta evolución y dedicación por pulir su sonido. Continúan las arengas políticas, teñidas de un talante claramente pacifista o antibélico, como se refleja en la espectacular canción que da nombre al disco, en “Draft Dodger Rag” o “Here’s to the State of Mississippi”. Igualmente persisten las menciones a hechos históricos, como la dedicatoria a la muerte de su admirado J.F. Kenendy (“That Was the President”), pero al mismo tiempo somos espectadores de cómo florece el ánimo por acentuar un lado poético e íntimo en piezas como “Iron Lady” o “In the Heat of the Summer”.

1965 va a ser un año determinante para la música folk y también con consecuencias trascendentales para nuestro “antihéroe”. Estamos ante la fecha en que, durante el festival de Newport, del que fue excluido el texano, Bob Dylan decide electrificar su sonido y de paso poner patas arriba una escena musical que por una parte reacciona “lapidándole” y por otra reconociendo que se acaban de poner los mimbres de un nuevo tiempo. Son momentos convulsos, y a pesar de la defensa que Phil Ochs hizo de la decisión tomada por Zimmerman -aunque él de momento seguiría adscrito al lado tradicional- la relación entre ambos va a entrar en crisis. Ya sea por el endiosamiento de uno, las ganas de alcanzar cierto reconocimiento del otro e incluso los celos en cuanto a la figura de Joan Baez, la situación se precipitó y Dylan atacó donde más dolía, zarandeando la autoestima de Ochs al considerarle solo un periodista y no un “folksinger”. Algo que no pasará por ser solo una pelea puntual sino una alteración en la relación con buena parte de su entorno.

El último capítulo de ese tríptico tradicionalista llega con “Phil Ochs in Concert”, un disco que a pesar de lo que expresa su título contiene cortes grabados en vivo y en estudio. En ese camino ya acometido a la hora de expandir su propuesta nos encontraremos con composiciones de colorido romántico (“Changes”) e incluso de carácter simbólico, como “There But For Fortune”, que Joan Baez popularizaría bajo su voz. Evidentemente todavía continúan sus directas letras de calado político, ya sea en su versión más incisiva (“Ringing of Revolution”, “Cops of the World”) o, y quizás aquí resida una de las grandes novedades, con el tono abiertamente irónico y casi humorístico, el que domina en la genial “Love Me, I’m a Liberal”. Son elementos que dejan claro que el mundo artístico de Phil Ochs va a erupcionar y lo va a tener que hacer fuera del sello Elektra, del que se despedirá con un trabajo encuadrado en líneas generales dentro de lo cánones ortodoxos.

Fin de una época que conlleva también el traslado de ciudad, dejando atrás un Nueva York del que se siente cansado y partiendo hacia Los Ángeles. Allí grabará “Pleasures of the Harbor”, pieza que supone un cambio radical en su estilo y todo un “shock” para un artista que hasta ese momento había hecho del folk tradicional su seña de identidad . Para esta nueva apuesta se hará acompañar de un equipo que le ayude y sepa sacar todo el jugo a sus novedosas ideas. Entre ellos estará el productor Larry Marks (The Flying Burritos Brothers, Lee Hazlewood, Randy Newman...), los arreglistas Joseph Byrd e Ian Freebairn-Smith además del pianista Lincoln Mayorga, un instrumento que ejercerá de guía en buena parte de las composiciones.

Dicho trabajo va a beber de muy diversas influencias, abarcando desde el jazz hasta el rock and roll, tratadas todas ellas a través de una instrumentación copiosa en busca de muy diferentes sensibilidades y dando vida, incluso, a canciones de una extensa duración. En cuanto a las temáticas tratadas igualmente sufren una alteración sustancial. Su incisiva mirada social se alambica mucho más, y aunque sigue latente, se diluye en un discurso más sofisticado y por momentos angustioso. Eso no impide que uno de los momentos estelares recaiga en “Outside of a Small Circle of Friends” , ácida mirada contra ese pasotismo burgués siempre ajeno a todo lo que suceda lejos de su esfera que se materializa a partir de una particular cadencia entre el jazz y el swing, recurso al que también se acercará para dar contenido a “Miranda”.

Pero lo que llama la atención sobre todo en este nuevo registro son un tipo de piezas que ostentan un calado romántico bañado en una profusión de instrumentos. Elementos de los que se puede disfrutar en “Flower Lady” o “I’ve Had Her”. Mención especial se necesita hacer respecto al tema que cierra el disco, “The Crucifixion”, una densa narración, aderezada con todo tipo de sonidos aparentemente deslavazados que sin embargo convergen en un asfixiante tono, sobre el auge y caída del ídolo, coordenadas en las que es muy fácil ver sobrevolar la figura otra vez de John F. Kennedy.

Enero de 1968 quedará marcado por otro de esos sucesos, uno más de los pequeños varapalos que iba ya acumulando, que afectó de manera importante al devenir del cantautor. Se trata de su exclusión del concierto celebrado en el Carnegie Hall como homenaje a Woody Guthrie, al que no es invitado, al contrario que otros muchos compañeros que sí estarán (Bob Dylan y The Band, Peter Seeger, Judy Collins..). Un hecho que resulta todavía más sangrante si tenemos en cuenta que probablemente nadie como él había cogido el testigo con tanta fidelidad y calidad del mítico compositor. Tener que asistir como público a un evento así le apenó de forma muy profunda. Algo que sin embargo no le impide publicar ese mismo año “Tape from California”, que como suele suceder en estos casos en los que se ha evidenciado un alejamiento respecto al sonido matriz, intentará lidiar entre ambos terrenos (pasado y presente) para alcanzar el difícil reto de obtener de cada una de las orillas caracterisiticas útiles de las que nutrirse, un envite para el que rodeará de prácticamente los mismos acompañantes que tomaron parte en su predecesor.

Las menciones y homenajes a personajes clásicos de la luchas sociales (“Joe Hill”) siguen habitando entre sus surcos, al igual que las proclamas pacifistas, presentes principalmente en la soberbia “The War Is Over”, que aparece presentada por una melodía de reminiscencias claramente bélicas. Lo que a estas alturas no se puede obviar es el declive moral que empieza a acusar su conciencia y la propia manera de plasmar sus ideas. Un tono que acaba por permear en canciones como “White Boots Marching in a Yellow Land” y que terminará por tomar cotas realmente apocalípticas en las figuras que maneja en la larguísima, más de trece minutos, “When In Rome”.

Mientras tanto en el mundo se está viviendo una época revuelta políticamente hablando, plagada de acontecimientos y respuestas ciudadanas. Un contexto idóneo para que Phil Ochs saque su lado más militante. Lo hará, por ejemplo, tomando parte de una nómina de intelectuales y artistas que se adscriben al recién formado Youth International Party, más conocidos como “yippies”, que pretendía aglutinar ese descontento y creciente sentimiento antiautoritario. En un contexto más cercano a la “Realpolitik”, el músico también participará en la importantísima celebración de la Convención Nacional Demócrata de ese año, en el que al margen de una lucha de candidatos se escondía la pugna por marcar la línea ideológica futura del partido. Dos alternativas personalizadas en Eugene McCarthy y Hubert Humphrey, siendo la de este segundo, representante del sector continuista y belicista, la triunfadora, resolución que como es lógico decepciona profundamente al texano. Una sensación de descreimiento que se refuerza al sufrir en sus propias carnes la represión policial que se produce en las concentraciones contra la guerra de Vietnam que tienen lugar durante el mencionado congreso.

Para darse cuenta hasta qué punto estos acontecimientos influyeron en su música basta con ver la portada de su nuevo disco, “Rehearsals for Retirement” (otra vez acompañado del mismo equipo de colaboradores), donde se observa su nombre en una lápida fechada en el lugar y el día del famoso acontecimiento citado. La ironía e incluso el cinismo se apodera de manera definitiva de un álbum en el que domina un contexto tendente a la desesperación, visible en temas como el homónimo, “My Life” o “World Began in Eden and Ended in Los Angeles”. Una pieza por la que asoman ya unos ritmos rockeros que se van ir estableciendo en el hacer de Ochs, dejando visibles muestras de ello en “I Kill Therefore I Am”, en la que arremete contra la violencia policial. Hechos traumáticos que todavía seguirán rondando en piezas como “William Butler Yeats Visits Lincoln Park and Escapes Unscathed” .

Sin que hayan transcurrido 365 días, ya está editado un nuevo álbum, que a la postre será el último con material inédito de su discografía. Esta vez aparece con el sugerente nombre de “Greatest Hits”. Algo más que un indicio para adivinar que se mantiene esa mirada cínica ante su realidad, en este caso orientado al aspecto artístico. Para acentuar todavía más ese tono incorpora en la contraportada la frase “50 fans de Phil Ochs no pueden estar equivocados”, en clara referencia a Elvis Presey, del que por si fuera poco se viste en portada con un traje dorado y guitarra eléctrica en mano. Sus intenciones, declaradas por él mismo, tras ver una actuación del propio “rey del rock and roll”, son las de convertirse en una mezcla entre Elvis Presley y el “Che” Guevara. Una afirmación que a pesar de que pueda sonar impactante y hasta extravagante no está nada alejada de lo que siempre ha pretendido obtener, lograr aunar en un mismo espacio la música y un discurso en busca de concienciar a la gente. Y qué mejor manera para llevar a cabo ese propósito que rodearse de nombres procedentes del mundo del rock, incluyendo los de Ry Cooder o acompañantes del propio Presley o de The Flying Burrito Brothers. Todo ello bajo la dirección del productor Van Dyke Sparks.

Con esos mimbres, el trabajo, al margen de no separarse jamás de su estilo personal, se acerca en muchos momentos a sonoridades country-rock and droll, como demuestran a las claras “My Kingdom for a Car”, “Gas Station Women” o “Chords of Fame”. Si bien esta última, al igual que pasará con “Bach, Beethoven, Mozart and Me”, ironizan sobre la fama y el éxito (algo que nunca llegó a tener), “One Way Ticket Home”, “Jim Dean of Indiana” o la premonitoria “No More Songs”, en la que deja entrever su hartazgo y falta de interés por el poder de la música, derrochan una gran dosis de melancolía y nostalgia.

El declive del músico ha tomado un camino irrevocable. En la gira de este último disco, en la que se presenta bajo una formación púramente rockera, a la depresión en la que está inmerso añade una serie de adicciones que tienen por menú una mezcolanza de valiums y alcohol, con las consecuencias lógicas en su cuerpo. Desde este momento, salvo alguna grabación muy esporádica, su trabajo se va a limitar a realizar ciertos conciertos. Entre los más destacados está el que organiza como homenaje a Víctor Jara y Salvador Allende a raíz del golpe de estado de Pinochet. Entre las tablas de este evento estará Bob Dylan, escenificando algo parecido a un reencuentro entre ellos.

La situación personal del compositor no mejora, muy al contrario, sigue en caída libre y se le ve vagabundeando por las calles, enloquecido (diagnosticado más tarde con trastorno bipolar) y metido en problemas con facilidad. A pesar de ese acercamiento aparente con el mítico autor de “Blowin’ in the Wind”, se va a truncar la oportunidad de formar parte de la pantagruélica gira de éste, bautizada como Rolling Thunder Revue y adornada con un descomunal elenco de invitados. Una lógica decisión, la de dejarle fuera, en buena medida adoptada por el estado físico en el que se encuentra Ochs, motivo que sin embargo no aplaca su decepción. 

Su última actuación en directo servirá como lamentable resumen de su turbulenta carrera, con grandes dosis de grandeza pero desembocando en lo patético. En una fiesta en la que se reúne la plana mayor de la Greenwich Village, a finales de 1975 y recogida en el film “Renaldo and Clara”, el de Texas, pese a aparecer en un estado calamitoso es capaz de transformarse a la hora de actuar, haciéndolo de manera soberbia. Para despedirse decide hacer una versión de Bob Dylan. La canción elegida es “Lay Down Weary Tune”, en la que es inevitable no entresacar un fuerte valor simbólico, más teniendo en cuenta que su autor, según cuentan, se negó a subir a acompañarle al escenario.

A los pocos meses, en abril de 1976, el cuerpo de Phil Ochs aparecía ahorcado en la casa de su hermana, en la que se había instalado. Negar que esos últimos hechos fueron determinantes a la hora de tomar esa funesta decisión sería falso, aunque también lo sería obviar la decadencia en la que estaba inmerso y que inducía a imaginar un desenlace de ese tipo. Ponía fin así a una historia personal y musical tan apasionante como dramática. Fue un hombre al que su tremenda sensibilidad, plasmada en sus canciones, le llevó a chocar con la inviable aspiración de cambiar el mundo y con un siempre esquivo éxito, realidad para la que nunca estuvo preparado. La de Ochs es por lo tanto una historia categóricamente triste, porque ni en vida, ni incluso transcurridos 45 años desde su fatídico final, su nombre, a pesar de su magistral legado musical, ha conseguido dejar atrás todo ese silencio que siempre le ha acompañado y que le ha impedido obtener el que se merece.

martes, 20 de febrero de 2024

MAURICIO AZNAR, EL QUIJOTE DE LA CHACARERA

Ulises Fuente

La Razón, 18/02/2024

Una película retrata la vida del líder del grupo zaragozano Más Birras y su cruzada unipersonal por traer a España la chacarera argentina: una historia de amor puro por la música

La película está dedicada «a las estrellas anónimas», a las vidas irrepetibles de artistas sin público, genios incomprendidos o marcados por los designios del infortunio que se encuentran en cualquier esquina del mundo. Pero en realidad habla de Mauricio Aznar Müller, líder de la banda Más Birras y una especie de John Lennon aragonés, como lo define Javier Macipe, director del filme que cuenta su historia, «La estrella azul», que llega a las salas de cine el próximo día 23 de febrero después de haber sido reconocida en el último festival de Cine de San Sebastián. Estas son las andanzas de un rockabilly quijotesco que se enamoró de la chacarera argentina e inició una cruzada unipersonal por traerla a España. Y todo, como Don Quijote, por amor. A la música.

Aunque prácticamente desconocido en el resto de España, Mauricio y su grupo eran célebres en Zaragoza. Logró el mejor estatus que se puede tener en la música: ser un héroe local. Con el suficiente reconocimiento donde más importa y sin los peajes del estrellato. Sus canciones, su sentido del humor y su personalidad le convierten en alguien muy popular en la capital aragonesa. Su carrera, como cuenta la película, está siempre a punto de pasar a un estadio mayor, pero Mauricio no es feliz. Busca un tipo de música verdadera que no ve a su alrededor y que ni siquiera siente ya en sus propias canciones. Tiene hábitos tóxicos y comienza a asfixiarse. En cambio, cuando escucha a Atahualpa Yupanqui siente la trascendencia. Está a punto de perderse a sí mismo y decide hacer un viaje en la búsqueda de Atahualpa, a Argentina.

Devoción musical

Sin embargo, como le sucede a Alonso Quijano, el viaje es impredecible y en el camino se topa con un ritmo desconocido: en una peña a la que accede por casualidad se deslumbra con un hombre que está interpretando las canciones de su padre, otro héroe local musical sin el reconocimiento merecido. Mauricio pierde todo el equipaje salvo la guitarra, y solo con ella inicia su búsqueda en Santiago del Estero, una localidad al norte del país donde Carlos Carabajal guarda las verdades de la chacarera. Allí encontrará una comunidad gozosa que vive por la música, con la alegría sencilla del tiempo lento. Mauricio aprende de Carlos durante un proceso de deslumbramiento y devoción. «Sé bien lo que sintió allí porque tengo las cartas que enviaba a su novia. Está en un remanso de paz y en un lugar donde la música se vive con devoción religiosa y no como un mero entretenimiento. Es el centro de la familia», dice Macipe sobre un ambiente opuesto al de su vida anterior (el padre de Mauricio fue muy poco comprensivo con sus inclinaciones musicales) y sobre un viaje que, veinte años después, él mismo realizó. «Carlos había fallecido, pero yo me alojé con su hermano Cuti Carabajal (que interpreta a su hermano en la película), con quien conviví varias semanas aprendiendo yo mismo la chacarera, porque también soy músico. Respiré ese ambiente y conocí a toda la familia, que guardaba un recuerdo muy vivo de Mauricio, al que definían sobre todo por su respeto y atención. Se preguntaban: ‘‘¿Qué estará mirando este español?’’», ríe el cineasta, que de alguna manera se convirtió a sí mismo en Mauricio Aznar. «Viví meses allí y aprendí el rasguido de la chacarera. Cuando preparamos el rodaje, regresé con Pepe para que él también aprendiera», explica en referencia a Pepe Lorente, que se pone en la piel de Mauricio en el filme. En la película participa toda la familia Carabajal interpretándose a sí misma, tres décadas después. «Fue una de las experiencias más bonitas de mi vida. Al casting se presentaron 500 personas de Santiago del Estero porque querían apoyar lo que hacíamos por su cultura», explica el director debutante.

La vida del músico aragonés cambia completamente a pesar de que nunca llega a ver ni siquiera la casa museo de Atahualpa Yupanqui. Pero tiene un billete de regreso a Zaragoza. Cuando aterriza, la ciudad está poseída por Michael Jackson, que va a ofrecer un concierto en La Romareda con una nave espacial incluida. Mauricio asiste atónico a la grandilocuencia de las estrellas mientras solo piensa en lo que ha aprendido, en la verdad de esas canciones sencillas. Más Birras participa en una gala musical con el Pabellón Príncipe Felipe lleno, pero Mauricio interpreta ajeno. Su única obsesión es traer a España al padre oculto de la chacarera y su profunda lírica popular. «Ese contraste de realidades representa muy bien la vida Mauricio –dice Macipe–. Cuando ve toda esa locura, se pregunta: ‘‘¿Yo hago música para esto o por otra cosa?’’. Él era muy quijotesco en su espíritu. Se había leído varias veces el libro y a veces hablando metía frases cervantinas. Y, por supuesto, hacía algo que todo el mundo juzgaba como una locura». Pide dinero, se endeuda e incluso, siendo muy conocido, toca en la calle para conseguir que Carlos Carabajal pueda actuar en España. Lo logra una vez. Mientras tanto, Héroes del Silencio se han convertido en el grupo español más internacional. Enrique Bunbury, fan confeso de Más Birras, le pide permiso para versionar «Apuesta por el rock & roll», la única versión que llevarán a cabo en su carrera. Podría haber sido una plataforma de despegue para el grupo, pero Mauricio solo tenía una misión. «No estoy seguro de que él tratase de huir del éxito como tal, sino que no le interesaba como objetivo. Él quería dar a conocer la riqueza que descubrió en Argentina y le habría encantado que eso tuviera mucho éxito. Pero creo que solo le interesaba con la condición de la honestidad de su obra», explica Macipe.

El sueño incumplido

La película tenía la bendición de la madre de Mauricio, Inge Müller, quien mantuvo contactos con Carlos Saura, que le propuso hacer la película sobre su hijo, pero no prosperaron. «Lo mejor que me han dicho de la película fue ella, que me dijo que a los diez minutos veía a su hijo en pantalla todo el tiempo. Eso, y que la historia que sucedió fue tal y como está contada. Eso para mí tenía mucho valor, porque la idea era hacer una historia universal pero que respetase los hechos». Una de las figuras fundamentales de la vida de Mauricio Aznar tiene clave familiar. Fue la de Pedro, su hermano mayor, casi un platónico de la música. Un hombre con enorme sensibilidad y conocimiento para la música. «Era el verdadero genio. Pero debió de ser muy incomprendido en su infancia porque entonces no había esa sensibilidad para tratar con la gente de inteligencias múltiples, como se dice hoy. Dicen que era tan genio que siendo un adolescente se sabía todos los instrumentos de todas las canciones de los Beatles y todas las suites de Bach para guitarra. Tocaba en orquestas y lo compaginaba con otro trabajo de pintor de casas», apunta Macipe. Pedro se quitó la vida y apenas una semana después Mauricio fue hallado muerto después de haber consumido drogas. «Muere porque era su hora», apunta el director de la película, que no abunda en las circunstancias físicas del fallecimiento. Era el 2 de octubre de 2000. Unas semanas antes, Mauricio había conseguido que Carlos Carabajal actuase en la Plaza del Pilar durante las fiestas del 12 de octubre de su ciudad. Aquel concierto, su sueño, nunca llegó a producirse. «Los ‘‘biopic’’ siempre terminan con la muerte, pero yo creo que este, no. Porque algo importante debió de hacer Mauricio para que sigamos hablando de él. Ahí está su trascendencia».

lunes, 19 de febrero de 2024

NOMBRES PRIMIGENIOS: LOS GRUPOS ANTES CONOCIDOS COMO…

Juan Carlos León

Jot Down, febrero 2024

Muchos de vosotros, al escuchar nombres de grupos como Joy Division, Blue Öyster Cult o Velvet Underground, habréis pensado, al igual que yo, «vaya nombre bueno para un grupo, no como el del mío…». Pues bien, habéis de saber que obtener ese nombre no suele ser un proceso de llegar y besar el santo; muchas bandas han dado tumbos con otros nombres primigenios antes de consagrarse con el definitivo (que tampoco tiene por qué ser el mejor, ojo, aunque por lo general el cambio suele ser para bien). El propósito de este artículo es desvelar los nombres originales de diferentes formaciones que han pasado a la historia del rock, o, en su caso, de los grupos en que militaban sus componentes antes de alcanzar la formación o estatus definitivo.

Pues bien, para empezar uno facilito y mediático a más no poder. Nada menos que los Beatles deambularon por la ribera del Mersey con otros nombres en sus comienzos. En la época en la que aún estudiaban, se hacían llamar The Quarrymen —John Lennon formó la banda a mediados de los 50 con amigos del colegio Quarry Bank High School—, nombre que daría paso al casi definitivo Silver Beatles, eliminando gracias a Dios el Silver antes de emprender el primer viaje a Hamburgo en 1960 y hacer historia. Otros coetáneos como The Who también andaban dubitativos respecto a su identidad en sus primeros pasos. A principios de los sesenta, John Entwistle y Pete Townshend se sumaron a la banda que ya había formado Roger Daltrey, The Detours, que se cambiaron el nombre a The Who cuando advirtieron que había una banda llamada Johnny Devlin and the Detours. Aquí se da un caso curioso porque poco después su mánager, Peter Meaden, propuso cambiar de nuevo el nombre y adoptar The High Numbers, bajo el cual publicaron un single («I’m The Face»/«Zoot Suit»). El fracaso comercial de este lanzamiento provocó que volvieran a adoptar, ya de manera categórica, el nombre de The Who. Sin dejar de lado el pop británico de los sesenta, unos chicos del barrio de Muswel Hill que comenzaban su andadura musical bajo el nombre de The Ravens decidieron llamarse The Kinks una vez que conocieron a Larry Page (mánager), Shel Talmy (productor) y firmaron con Pye Records. Ahí ya estaba todo encarrilado, por suerte. En este caso, en inglés aprobaría el cambio, pero en español pasaríamos de Los Cuervos a Los Pliegues; no es como para tirar cohetes.

Quién les iba a decir a John Cale y a Lou Reed cuando exploraban los caminos de la vanguardia musical fundando The Primitives, antes de 1965, que poco después iban a dar lugar a uno de los grupos más influyentes de la historia del pop, Velvet Underground, cuyo primer elepé figura en cualquier lista de los diez mejores discos de todos los tiempos. Después de su primera encarnación como The Primitives probaron suerte efímeramente por Nueva York bajo el nombre de The Warlocks y The Falling Spikes. Finalmente, en noviembre de 1965 vieron la luz en la portada del libro de Michael Leigh, The Velvet Underground, publicado en 1963, en que que el autor analizaba diferentes desviaciones en el comportamiento sexual de los adultos. 

Marc Feld, más conocido como Marc Bolan, antes de instalarse en la cúpula del glam rock había formado parte fugazmente de los psicodélicos John’s Children. Una vez salió de la banda, conoció a un percusionista no exento de exotismo, que se hacía llamar Steve Peregrin Took. Ambos dieron forma a Tyrannosaurus Rex en septiembre del mágico 1967, acortando el nombre tras cuatro álbumes a T. Rex, para regocijo de los disléxicos del mundo. Por aquella época, David Bowie (nacido David Robert Jones) era encasillado junto a Marc Bolan en esto del glam rock. Pero antes de crear a Aladdin Sane, a Ziggy Stardust y a todos los personajes que le encumbraron, hizo sus primeros pinitos tocando el saxo en grupos londinenses de clara orientación mod como The King Bees o The Mannish Boys. 

Un año antes de que Ziggy Stardust saltara a la escena musical, al otro lado del charco se gestaba Ice Water, grupo al que se incorporaría el vocalista de los Box Tops, un introvertido joven llamado Alex Chilton. Al poco tiempo le robarían el nombre a una cadena de supermercados de su Memphis natal situada frente a los estudios Ardent, llamada Big Star, para crear temazos y convertirse en uno de los grupos de culto por excelencia. 

The Clash, la mítica banda de punk rock británica, tuvo su germen en dos bandas distintas en las que militaban sus componentes. De un lado, estaban The 101’ers, donde cantaba un veinteañero Joe Strummer, grupo que incluso llegó a grabar un single. Después de esta grabación, se unió a London SS, donde militaban Mick Jones y el resto de la banda, que pasarían a llamarse The Clash tras sugerir Paul Simonon bautizar la banda con esa palabra, traducida al español como «conflicto», que aparecía con mucha frecuencia en el periódico que estaba leyendo, y que acabaría siendo premonitoria acerca de la trayectoria de la legendaria formación. 

El primer nombre que tuvo la banda de Michael Stipe y compañía en Athens (Georgia), fue The Twisted Kites, nombre bajo el cual dieron su primer concierto en la fiesta de cumpleaños de Kathleen O’Brien, una amiga de la banda. En 2015, Mike Mills desmintió esta información y dijo que finalmente se subieron a tocar sin nombre, que the Twisted Kites era solamente una de las opciones que barajaban, pero, a efectos de este artículo, nos sirve. Después de esto, cogieron un diccionario médico y seleccionaron aleatoriamente una palabra. La elegida fue R.E.M. (Rapid Eye Movement) y su siguiente concierto ya lo dieron bajo ese nombre. Corría el año 1980. Lo demás es historia.

Retrocedemos diez años y nos situamos a principios de los 70 en Nueva York. El trío formado por Tom Verlaine, Billy Ficca y Richard Hell, que se hacían llamar The Neon Boys, daban entrada a un segundo guitarrista llamado Richard Lloyd, casi al tiempo que maduraban el cambio de nombre a Television (en este caso, ambos nombres me parecen muy buenos) para irrumpir con maestría en la efervescente escena del CBGB. Otro cambio de nombre mucho menos drástico fue el que tuvo lugar en el seno de The Cure. Poco antes de grabar su primer elepé, allá por 1978, se hacían llamar The Easy Cure —rebautizándose de las cenizas de otra banda llamada Malice—, mutilando el nombre felizmente antes de darse a conocer. Un poco en sintonía con The Cure germinaba en Manchester Joy Division, haciéndose llamar Warsaw, nombre tomado de la canción «Warszawa», de Bowie, publicada en el elepé Low (1977). A finales del 77 sustituirían ese nombre por el que se conocía la prostitución obligada de internas de campos de concentración para beneficio de los soldados nazis.

The Beach Boys fue el nombre elegido por los hermanos Wilson, el primo Love y el colega Al Jardine para reemplazar al primer nombre que tuvo la mítica formación en 1961, The Pendletones (tomando el nombre de una marca de camisetas muy popular entre los surferos de la época). No llegaron a grabar nada con ese nombre, aunque sí compusieron su primer tema, «Surfing», un dechado de originalidad.

Antes de encontrar y definir el estilo que les encumbró en las listas de éxitos norteamericanas, Creedence Clearwater Revival (pidiéndole prestado el nombre a un amigo de Tom Fogerty, llamado Credence Newball) provenía de una formación que flirteaba con el garage, The Golliwogs. Como tal editaron varios singles en los que la voz cantante se alternaba entre los hermanos John y Tom Fogerty. Antes habían probado suerte con nombres como Tommy Fogerty and the Blue Velvets y The Visions. 

Roger McGuinn, Gene Clark y David Crosby formaron un trío en los años 60 en Los Ángeles que sentaría las bases de la posterior formación de los imprescindibles Byrds. Este trío se llamó primero The Jet Set y posteriormente The Beefeaters, llegando a editar un single con Elektra antes de transformarse en quinteto y redenominarse The Byrds para comenzar a hollar la senda del country rock y dejar el camino expedito a todos los que vendrían después. El motivo de alterar la palabra original «birds» (pájaros) usando la y griega no es otro que hacer un guiño a la malformación que usaron los Beatles a partir del original «beetle» (escarabajo).

Dos bandas londinenses representativas del brit-pop durante la década de los noventa han sido Blur y Pulp. Los de Sheffield se denominaron originalmente —allá a finales de los setenta— Arabicus Pulp, inspirándose para ello en Pulp, película protagonizada por Michael Caine en 1972, mientras que los de Damon Albarn comenzaron llamándose Seymour —inspirándose en Seymour: An Introduction, obra de J. D. Salinger— hasta el momento en que firmaron con Fod Records, en marzo de 1990. Felizmente, ambos grupos reaccionaron a tiempo antes de deslumbrarnos con auténticas maravillas. La tercera en discordia, la banda liderada por los hermanos Gallagher, parece que ha tenido el elemento agua como referente a la hora de bautizarse. En 1991, Liam Gallagher entró en una banda recién formada llamada The Rain, y al poco tiempo sugirió un nuevo nombre, Oasis. La inspiración le vino viendo el póster de una gira de los Inspiral Carpets que tenía colgado en el dormitorio juvenil que compartía con su hermano Noel. Uno de los bolos de esa gira tenía lugar en el Oasis Leisure Center, de Swindon. Primero lluvia y más tarde oasis. Poco después entró en el grupo Noel Gallagher, que en esa época era roadie de los Inspiral Carpets, por cierto, y ya empezaron a liarla. 

No dejamos las islas británicas para retroceder hasta mediados de los setenta en Camden Town, cuando seis chavales de menos de veinte años forman The London North Invaders, los invasores del norte de Londres, donde se sitúa el barrio de Camden, lógicamente. Al poco tiempo entró como vocalista Graham ‘Suggs’ Pearson y hacia 1978 decidieron cambiar el nombre y rendir tributo a uno de sus ídolos, el jamaicano Prince Buster, tomando el título de su canción «Madness» para rebautizar la banda.

Los canadienses Bachman-Turner Overdrive, liderados por Randy Bachman, provienen de una formación anterior llamada Brave Belt, donde también tocaba su hermano Robbie. Bajo esa denominación grabaron dos discos en 1971 y 1972 para el sello Reprise, que pasaron sin pena ni gloria. En 1973 añadieron un tercer hermano, Tim Bachman y entre este apellido, el del cantante Fred Turner y el nombre de una revista para camioneros, que por cierto les venía como anillo al dedo, se convirtieron en Bachman-Turner Overdrive y se dedicaron a vender cientos de miles de discos.

Vamos a acabar el artículo en el otro lado del charco, donde nació el rock’n’roll. Empezando por Pearl Jam, que no siempre se llamó así. En los albores de la banda, recién llegado Eddie Veder a la formación, tomaron el nombre de un jugador de la NBA cuyo cromo figuraba en la carátula de una de las casetes en las que el grupo de Seattle, aún sin nombre, grabó sus primeras demos. El nombre del jugador, que bautizó de paso al grupo, era Mookey Blaylock, base en aquellos momentos de los New Jersey Nets con el 10 a la espalda. Como tuvieron que dejar de usar su nombre para evitar problemas legales, le siguieron reverenciando titulando su primer disco Ten. 

En plena vorágine de la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill, en uno de sus momentos de inspiración, denominó a Italia como el bajo vientre del Eje («soft underbelly of the Axis»). Por ahí veía más fácil el mandatario acometer el asalto al continente europeo en 1943. Y de ahí salió Soft White Underbelly, el nombre con el que se bautizaron como banda seis chicos de Long Island a finales de los sesenta. Tras una mala crítica después de un concierto en el Fillmore East, se cambiaron de nombre a Stalk-Forrest Group en 1969, y siguieron dando bandazos en cuestiones de naming hasta que en 1971 dieron con un supernombre —proveniente al parecer de una paja mental y alienígena de su productor y compositor, Sandy Pearlman— en el que quedarse a vivir: Blue Öyster Cult.

Procedentes de la escena folk californiana de Palo Alto, Mother McCree’s Uptown Jug Champions se transformarían en The Warlocks a mediados de los sesenta, nombre que tuvieron que desechar por existir una banda en Massachusetts con ese nombre y, al menos, un single publicado (ya vimos que la Velvet también pasó por el trance de llamarse The Warlocks, e incluso en 1998 se formaron otros Warlocks que siguen en activo. Parece que la brujería da juego). Buscando un nombre definitivo, Jerry García abrió un libro enorme que había en casa del bajista, Phil Lesh, y allí vio en letras grandes The Grateful Dead, que daba título al cuento del viajero que pagó las deudas que había acumulado un indigente tras su fallecimiento, a quien nadie quería enterrar, y este hecho revirtió en un karma positivo tal que el fantasma del desdichado le arrojó un golpe de suerte para toda su vida. La muerte agradecida. 

Corría el año 1971 cuando Arthur ‘Killer’ Kane, que tocaba el bajo junto a Johnny Thunders (quien, ya que estamos, ya había probado suerte haciéndose llamar Johnny Volume), Rick Rivets y Billy Murcia en una banda neoyorquina llamada Actress, le echó el ojo a un tipo con buena pinta que frecuentaba lugares como el Max’s Kansas City. Según cuenta el propio David Johansen, Kane, junto a Billy Murcia, se presentó en su casa, llamó a la puerta y cuando abrió le dijo: «He oído que eres cantante». Johansen les acompañó a ensayar, tomó el lugar de Thunders como frontman de la banda, rol en el que no se sentía cómodo, y en poco tiempo se convirtieron en los New York Dolls. 

Como habéis podido ver, no todo ha sido llegar y besar el santo, en cuanto a nombres de bandas se refiere. La mayoría de los grupos mencionados se dieron cuenta felizmente a tiempo y metamorfosearon sus nombres antes de pasar a la historia. 

lunes, 5 de febrero de 2024

TOM VERLAINE Y EL EXTRAORDINARIO “MARQUEE MOON” DE TELEVISION

Jesús Sanz Morales

Plásticos y decibelios, 28/02/2024

Tom Verlaine, excelente guitarrista y cantante y líder de la banda norteamericana Television, falleció hace un año año en la ciudad de Nueva York tras una breve enfermedad.

La larga trayectoria de Verlaine en solitario quedó marcada a fuego por el emblemático álbum debut de su grupo Television en 1977, el extraordinario “Marquee Moon”, aclamado como uno de los mejores LPs de la década de los setenta, una auténtica obra maestra.

A Television se les asoció al punk, y aunque ayudaron a definirlo – más por la estética desmañada y rota de su colega Richard Hell que por la música en sí misma-  lo suyo era otra cosa más compleja,, elaborada y sofisticada, tal vez un adelanto del “post punk” en plena era punk.

Nacido como Thomas Miller en Nueva Jersey en 1949 y criado en Wilmington, Delaware, asistió a la Sanford School, un internado privado en Hockessin, Delaware donde conoció a Richard Meyers, más tarde conocido como Richard Hell. Los dos amigos huyeron juntos de la escuela y se establecieron en Nueva York a finales de los años sesenta.

Fue en allí donde Tom adoptó su nombre artístico en homenaje al poeta simbolista francés Paul Verlaine. Sus primeras influencias musicales fueron el free jazz, el LP “Five Live Yardbirds” y los Rolling Stones, en concreto la canción “19th Nervous Breakdown”.

Verlaine y Hell formaron su primera banda, The Neon Boys, con el baterista Billy Ficca en 1972. El grupo se disolvió rápidamente, pero resurgieron como Television en 1973 después de reclutar al guitarrista Richard Lloyd. Pasaron los años 1974–75 tocando en los templos del punk neoyorquino Max’s Kansas City y CBGB, hasta que Hell dejó la banda en 1975 y formó The Heartbreakers con Johnny Thunders, que acababa de dejar los New York Dolls. Su sustituto fue Fred Smith, ex Blondie.

Después de sacar un single en 1975 en el sello de su mánager Terry Ork, “Little Johnny Jewel”, Television firmó con Elektra y lanzó su LP debut “Marquee Moon” en 1977 con éxito comercial y de crítica, metiéndose en el Billboard 200.

Su música era tan elaborada y premeditada, en el buen sentido, que cuando se metieron a grabar su LP debut lo hicieron del tirón, se metieron en el estudio con esas canciones sabidas al dedillo. Aparte de llevar tocando mucho tiempo algunas de ellas, habían ensayado antes de la grabación de cuatro a seis horas al día y de seis a siete días a la semana. Canciones prodigiosas como “See No Evil”, “Venus”, “Guiding Light”, “Torn Curtain”, o la monumental canción que dio título al álbum. En el disco sólo tocaron Verlaine, Lloyd, Smith y Ficca, sin un solo músico adicional,

La mayor parte de “Marquee Moon” se grabó en directo en el estudio. Les ayudó en la producción del disco el ingeniero Andy Johns (Led Zeppelin, Jethro Tull, Humble Pie, Free), hermano pequeño del famoso Glyn Johns. Parece ser que le eligieron básicamente por su trabajo en el infravalorado “Goats Head Soup” de los Rolling Stones de 1973.

Sobre su asociación con el punk y el rollo musical en Nueva York en el año 1977, Verlaine dejó muy clara su opinión en “La Edad de Oro” de Paloma Chamorro.

“No sé si verdaderamente había una escena, yo creo que había un club que estaba quizá disponible para un cierto número de personas, pero las personas de los distintos grupos tenían muy poco en común”.

“Entonces creo que la prensa súbitamente aterrizaba sobre ellos y consideraba que eso era un tipo de escena musical, pero yo creo que eran más que nada individuos, personas no relacionadas entre sí y que se odiaban unas a otras”.

Tenían que ver que eran grupos nuevos, underground, que les dejaban tocar en esos sitios y poca cosa más.

A “Marquee Moon” le siguió un segundo “Adventure” en 1978, y TV se separaron poco después. El siempre discutido segundo largo de Television en 1978 fue un trabajo que decepcionó a muchos tras el fuerte impacto de “Marquee Moon”, vieron en él un disco menor a pesar de la indiscutible calidad de canciones como “Glory”, “Foxhole”, “Days” y las largas “The Fire” y “Carried Away”. 

Tom salió con Patti Smith en esos años y contribuyó a sus álbumes “Horses” y “Easter”.

La banda se reformaría brevemente a principios de los 90 para grabar un álbum de estudio homónimo, y más tarde lo volverían a hacer en 2001.

Verlaine lanzó su LP debut en solitario en 1979. Disfrutó de un fructífero período de escritura en los años 80 con los discos “Dreamtime”, “Words From the Front”, “Cover” y “Flash Light”, sacó tres LP más en la siguiente década y se tomó un breve descanso.

Sus dos últimos álbumes en solitario, “Around” y “Songs and Other Things”, fueron publicados en 2006.

También trabajó con el supergrupo Million Dollar Bashers con Lee Ranaldo y Steve Shelley de Sonic Youth, Nels Cline de Wilco, Tony Garnier (Robert Gordon, Bob Dylan), Smokey Hormel y John Medeski, y colaboró en la banda sonora de la película biográfica de Bob Dylan “I’m Not There”, así como con David Bowie, Violent Femmes y James Iha.

Innumerables músicos rindieron homenaje a Tom Verlaine en el momento de su deceso hace un año: la propia Patti, Michael Stipe de R.E.M., Susanna Hoffs de The Bangles y Kim Gordon y Thurston Moore de Sonic Youth, entre muchos otros.



domingo, 4 de febrero de 2024

MUERE EL GUITARRISTA WAYNE KRAMER, GUERRILLERO DEL 'SEXO, DROGAS Y ROCK'N'ROLL'

Nacho Serrano

ABC, 03/02/2024

[Rest in peace, Wayne.]

El fundador de MC5 ha sido una de las figuras más ingobernables e influyentes del género



El rock'n'roll más ruidoso y explosivo está de luto. Wayne Kramer, legendario guitarrista de la banda MC5, ha muerto a los 75 años sin que haya sido comunicada la causa ni el lugar del fallecimiento, aunque se sabe que tenía cáncer de páncreas. La noticia ha sido confirmada en el Instagram oficial de Kramer y MC5 con la frase «Wayne S. Kramer 'PEACE BE With YOU' 30 de abril de 1948 – 2 de febrero de 2024». Considerado un guitarrista fundamental en la línea evolutiva del punk-rock, Kramer fue protagonista junto a MC5 de uno de los momentos más combativos del rock en Estados Unidos tras la formación de la banda en Detroit en 1964.

Nacido el 30 de abril de 1948 en 'la ciudad del motor' (de ahí el nombre del grupo, Motor City Five), Kramer empezó a tocar con el guitarrista Fred 'Sonic' Smith en 1963. Gran seguidor del blues, el R&B y el surf-rock, Kramer formó la banda de garaje Bounty Hunters antes de que él y Smith, junto con el vocalista Rob Tyner, el bajista Pat Burrows y el baterista Bob Gaspar se convirtieran en MC5.

Las guitarras a tope de distorsión y feedback y el compromiso político en las letras se convirtieron en seña de identidad de un grupo que hizo amistad con John Sinclair, un escritor político radical y líder del Partido Panteras Blancas, apodado el 'Rey de los Hippies', que se convirtió en su manager en 1967, año del despegue definitivo de la leyenda al dar una serie de conciertos que inspiraron a gente como Iggy Pop para formar sus propias bandas siguiendo su estela de sonido incendiario.

Su salto definitivo a la popularidad masiva se produjo tras ser descubiertos por el A&R de Elektra que después también trabajaría con The Stooges o los Ramones, Danny Fields, que impulsó la grabación del álbum de debut 'Kick Out the Jams' en directo en el Grande Ballroom los días 30 y 31 de octubre de 1968. El disco, publicado el año siguiente, contenía canciones que hoy son clásicos como 'Ramblin' Rose', 'Borderline' o la legendaria 'Kick out the jams!', que arrancaba con el famosísimo grito de «Kick out the jams, motherfuckers!» que inicialmente fue censurado por su discográfica.

La banda adquirió la condición de lanza del movimiento contracultural de Detroit, convirtiéndose en objetivo de las autoridades por sus proclamas anti-sistema y a favor del consumo de drogas y el sexo libre en plena calle. Pero tras ocho años de vida, MC5 se disolvió en 1972. Tres años después, después de formar la banda de R&B Radiation con Melvin Davis, Kramer fue declarado culpable de vender drogas a agentes federales encubiertos y sentenciado a cuatro años de prisión. Allí se hizo amigo del legendario trompetista Red Rodney, con quien tocó en la banda de la cárcel, Street Sounds. Tan pronto como salió liberado en 1979, Kramer comenzó a trabajar como sesión en Detroit, uniéndose a Was (Not Was) en su primer álbum y gira homónimos.

Ya con el cambio de siglo, reunió un elenco formado por Fred Smith, Dave Vanian de The Damned, Lemmy de Motörhead, Ian Astbury de The Cult y otros músicos para dar un concierto en el '100 Club' en Londres en 2003, al que siguió el proyecto DKT/MC5, con tres supervivientes de la formación original (Michael Davis, Dennis Thompson y el propio Kramer) girando junto a miembros de The Hellacopters, The Cult, The Lemonheads, Mudhoney o The Bellrays. Años más tarde, con Davis fallecido en 2012, Kramer celebró los cincuenta años de la banda con la gira MC50 junto a The Dictators y The Bellrays, en la que le acompañaron músicos de bandas como Soundgarden, Faith No More, Zen Guerrilla e incluso Fugazi.

Infinidad de artistas le han rendido tributo durante todas estas décadas, desde The Clash a Hellacopters, Primal Scream, Pearl Jam, Monster Magnet, Bad Brains, Silver Chair, Entombed, Poison Idea, Jeff Buckley, Presidents of the United States of America o Corrosion of Conformity.

Otros de sus más famosos admiradores son Rage Against the Machine, cuyo guitarrista Tom Morello ha descrito así a Kramer: «El hermano Wayne Kramer fue el mejor hombre que he conocido. Poseía una mezcla única de profunda sabiduría y profunda compasión, hermosa empatía y convicción tenaz. Su banda MC5 básicamente inventó la música punk rock... Wayne superó pruebas personales de fuego con drogas y tiempo en prisión y emergió como un alma transformada que salvó innumerables vidas a través de sus incansables actos de servicio. Él y su increíble esposa Margaret fundaron @jailguitardoorsusa, que funda programas de música en prisiones como rehabilitación efectiva que cambia vidas. Jugué con Wayne en prisiones y lo vi transformar vidas, era simplemente increíble... Las innumerables vidas que tocó, curó, ayudó y salvó continuarán con su espíritu y legado».