Alfredo Pascual
El Confidencial, 20/12/2025
Músico, empresario, ilustrador, futurista, historiador, escritor... pero sobre todo, muy friki, Carballar ha estado en el futuro y sostiene que nuestra utopía es tirarnos a la bartola
Servando Carballar (Madrid, 1962), o Biovac N, como a él le gusta llamarse, es un hombre proyectado al futuro. Mucha gente le conoce como líder y fundador de Aviador Dro, especialísima formación de la Movida, pero pocos saben que Servando, ante todo, es un visionario de la cultura pop.
Jugaba al rol cuando nadie conocía el concepto, creó el primer grupo tecno de España, apostó por los cómics y los videojuegos cuando eran cosa de niños y vio antes que nadie que los juegos de mesa habían llegado para quedarse. Inclusó editó con su sello a Extremoduro, tan en boga estos días, cuando no eran conocidos y cargaban cierta fama de conflictivos.
Su perfil es una rara avis por estos lares: el del artista conceptual, gamberro y friki, que no solo es capaz de ver lo que viene, sino también de rentabilizarlo. Sus dos sellos, Discos Organizados Radiactivos (DRO) y Dro-Soft, los vendió a Warner Music y Electronic Arts, mientras que su tercer emprendimiento, la tienda de cómics Generación X, factura casi 6 millones de euros anuales y es referente en España.
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Pregunta. ¿A qué dedica los días Servando Carballar?
Respuesta. Pues a lo que me ves, a vender cómics. Tenemos siete tiendas y otras seis franquiciadas. Estos días cumplidos 32 años desde que abrimos nuestra primera tienda y creo que puedo decir, sin mucho riesgo de exagerar, que somos la franquicia más importante de cómics y contenido friki que hay en España.
P. Eres un caso único en España: un músico que no solo crea negocios, sino que tiene éxito con casi todos.
R. En Aviador Dro siempre nos hemos considerado hombres de acción. Y mujeres de acción, claro. Empezamos tras la muerte de Franco, cuando estaba casi todo por hacer. Queríamos hacer cosas y no había quien nos las hiciera, así que nos tuvimos que poner nosotros. ¿Nadie nos publica los fanzines? Pues montamos una editorial. ¿Nadie nos edita el disco? Pues lanzamos un sello. Pero no somos empresarios: creo que nuestro éxito ha tenido mucho de estar en el sitio correcto en el momento adecuado.
P. ¿Te sientes ya un capitalista?
R. No. El capitalismo dice que hay que vivir para trabajar: nosotros hacemos justo lo contrario. Claro que jugamos al capitalismo, gestionamos mercantiles, pero nuestra visión siempre ha sido vivir de lo que nos gusta. Todos los negocios parten de esa premisa, de preguntarse cómo puedo rentabilizar un hobby. A nosotros nos hace felices estar en un escenario comunicándonos con 500 fans o tener una tienda con todos los libros que siempre habría querido leer. A mí me viene un cliente a hablar de Watchmen y me tiro el tiempo que sea necesario, porque no lo concibo como un trabajo, sino una satisfacción. Tengo la inmensa fortuna de decir que trabajo en lo que amo.
P. Pero tú querías ser Indiana Jones.
R. Yo estudié Historia y fantaseaba con descubrir Tartessos, pero surgió el punk y se fue todo al carajo (risas).
P. La música os llega antes de la universidad, ¿no?
R. Sí, Aviador Dro es un grupo de instituto. Nacimos en el instituto Santamarca, en el norte de Madrid, que era un lugar señaladísimo como epicentro rojo de Madrid en el posfranquismo. El director era del PCE, estaban las Juventudes Comunistas... y también estaban los Legionarios de Cristo Rey, que se pasaban todas las semanas a pegarnos. Nosotros éramos el grupo que hacía cosas culturales, fanzines literarios, pero de repente descubrimos por los Sex Pistols que te podías subir a un escenario sin saber tocar y ahí fuimos (risas).
P. ¿Ninguno tenía formación musical?
R. No, inicialmente no. Éramos cuatro chavales de Prosperidad haciendo ruido, literalmente.
P. Hablas de punk, pero Aviador Dro es una banda de tecnopop.
R. Es que en ese momento había muchos grupos híbridos, como The Stranglers, Ultravox, Devo... nosotros tuvimos una banda llamada Los Drugos, en honor a la Naranja Mecánica, pero todo cambió un día que fui a comprar el primer disco de Blondie. El disco que estaba al lado era Die Mensch-Maschine de Kraftwerk. Recuerdo que me impresionó muchísimo el aspecto de esa gente, cuantro tíos germánicos con trajes rojos y corbata negra, así que me llevé los dos discos.
El de Blondie me gustó mucho, lo bailé cuanto pude, pero el de Kraftwerk me rompió la cabeza. Recuerdo que lo escuché e inmediatamente me lo puse una segunda vez. Al acabar, me dije: "Esto es lo que yo quiero hacer".
P. ¿Hacer el punk desde el sintetizador?
R. ¡Claro! Yo sospechaba en ese momento, a finales de los 70, que los sintetizadores iban a estar siempre en la música, como ha sucedido. Se empezaron a comercializar sintetizadores más baratos, a los que podíamos acceder todos, y descubrimos que podíamos hacer música incluso los que no sabíamos. La culminación del do it yourself, que es, en esencia, la definición del punk.
P. Vamos, que tu plan era hacer los Kraftwerk españoles.
R. Sí, pero sobre todo lo que queríamos era hacer cosas distintas. Ten en cuenta que yo, con 8 años, llegaba al colegio y tenía que cantar el Cara al Sol. No tenía llaves de casa, tenía que llamar al sereno para que me abriese, que era un Guardia Civil retirado que le contaba a tu familia con quién ibas y qué hacías. Vamos, que yo tenía un profesor que tenía látigos, fustas, varas de hierro y de madera... tú, como niño, podías escoger con qué arma te iba a pegar. De ahí veníamos.
P. ¿Me estás diciendo que tu profesor te daba latigazos?
R. ¡Por supuesto! No era nada oculto, lo hacía frente al resto de tus compañeros, y tampoco sucedía en una galaxia lejana: te hablo del centro de Madrid a comienzos de los 70. Latigazos, arrodillarte sobre garbanzos... yo he visto a un profesor arrancarle la oreja a un niño con claros problemas neurológicos. Dejar atrás eso fue una enorme alegría.
P. Aviador Dro nace en un ambiente de optimismo.
R. De euforia, diría.
P. Choca con la España actual, mejor que aquella en todos los ámbitos, pero en la que reina el pesimismo.
R. Cuando escucho a mi hija de 23 años decir que España y el mundo son horribles, me preocupo mucho. Yo puedo no estar de acuerdo con muchas de las cosas que hace este Gobierno, pero lo cierto es que podríamos estar mucho peor. Mucho peor. Hay que apreciar lo que hemos conseguido desde que aquel caballero tuvo la gentileza de morirse y no dejarse llevar por el discurso de gente como Trump, cuya intención no es la de hacer un mundo mejor.
P. ¿Qué es lo que nos hace pensar que Occidente está al borde del colapso?
R. Para mí, la clave son los procesos de desinformación. Tenemos un montón de guerras que han surgido de forma muy poco natural, bulos en la prensa... la avalancha de información nos hace muy difícil diferenciar lo auténtico de lo falso. Antes, los medios eran otra cosa: tú ponías La Clave y veías a Federica Montseny y a Santiago Carrillo debatiendo con Fraga de forma educada, sin levantarse la voz durante dos horas.
Ahora impera un mensaje muy peligroso que intenta convencer al pobre de que su enemigo es el más pobre, y que todo lo demás está bien. Vivimos en la versión más salvaje del capitalismo que se ha visto a lo largo de la Historia.
P. Volviendo a Aviador... ¿esa estética industrialista no puede entenderse como un homenaje al capitalismo?
R. Nosotros entendemos el industrialismo como un futurismo, pero no el italiano, sino el de Mayakovski. Lo que sucede es que esta visión del industrialismo ya no está en Occidente, sino en China y en Oriente. Nuestro enfoque, desde el primer día, ha sido colectivista, muy parecido a lo que hoy defiende Anonymous o el colectivo hacker: la tecnología no es mala, todo depende de en qué manos esté.
De hecho, la aspiración de la clase obrera, hoy, debería ser dejar de trabajar. Las máquinas están para quitarnos el trabajo, no para enriquecer a unos pocos. La nueva utopía debe ser escribir un libro porque te dé la gana, porque los ingresos los tienes asegurados por otro lado, no irte a un bunker en Nueva Zelanda con todas las riquezas que has acumulado. En algún momento se nos ha roto el futuro. La sociedad va hacia el colapso, pero mientras tanto lo mejor es pasárselo bien leyendo buenos libros (risas).
P. ¿De dónde viene esta vocación colectivista?
R. Yo me he criado, como buen friki, viendo Star Trek. Si te fijas, en ese universo no existe el dinero, es un mundo de exploradores en el que la gente simplemente vive. El dinero es un mecanismo de control, una forma de crear estratos en la sociedad, que durante muchos siglos no ha hecho falta.
P. ¿De dónde salió el dinero para grabar la primera maqueta?
R. De la extinta Diputación de Madrid. Presentamos el single, La chica de Plexiglás, y ganamos un premio que consistía en grabar un EP. La paseamos por todos los sitios y la prensa especializada nos acogió fenomenal. Ordovás, Julio Ruiz, Tomás Fernando Flores, Costa, Carlos Tena, Diego Manrique... nos dieron mucho cariño. Pensábamos que los sellos se iban a interesar en sacar nuestro disco, pero al final no nos querían. Decían que no teníamos batería, que sonábamos raro... nos decían que nos teníamos que parecer más a Robert Palmer (risas).
P. Aquí es donde nace Dro, el sello.
R. Exacto. Hablamos con SGAE y alquilamos una oficina. Teníamos a un chaval que era muy bueno con la informática y nos hicimos nuestro propio programa de facturación y promoción. Lo hicimos con un Vic 20, el antecesor del Commodore 64. La gente de Commodore venía a nuestras oficinas a ver ese software, fue la leche. Creo que mi gran éxito como empresario y músico ha sido el de saber rodearme de gente que generaba confianza en el resto del equipo. Todos hemos sentido que el proyecto era común. Discos Radiactivos Organizados, Dro, fue siempre el proyecto de 16 amigos que montamos con 200.000 pesetas.
Todo lo fuimos aprendiendo sobre la marcha —no sabíamos ni lo que era una letra de cambio— hasta convertirla en la discográfica independiente más importante del país. Publicamos a gente como Gabinete Caligari, Siniestro Total, Los Nikis... y después, a Extremoduro.
P. Dro la compra Warner Music, y la editora de videojuegos, Dro-Soft, es hoy Electronic Arts España. Algo haríais bien para acabar en manos de los líderes mundiales en cada sector.
R. Pues ponerle entusiasmo, porque recursos había muy pocos. Que esto no era Londres ni New York, habría que ver qué habría sido de Alaska, de Miquel Barceló o de Almodóvar de haber sido anglosajones. Alaska salía vestida de leopardo por las noches y alucinábamos con ella, ni siquiera había mujeres por la calle.
P. ¿Cómo llegáis a los videojuegos? Por entonces era un negocio de empresas extranejeras.
R. Como siempre, porque nos gustaba jugar. Estábamos solos, junto a la empresa de Paco Pastor, Erbe. Además recuerdo que ya utilizábamos conceptos como la gamificación por aquellos días. En realidad hicimos Silicon Valley antes de Silicon Valley. Y en Madrid. El mundo latino es muy creativo, mucho menos rígido que otras culturas, y eso no siempre sabemos valorarlo.
P. ¿A qué te refieres?
R. Por ejemplo, a no tomarnos a nosotros mismos en serio. Por ejemplo, grupos como nosotros, Aerolíneas Federales, Los Nikis o un Pingüino en mi ascensor, tenían letras con muchísimo humor. Un sentido del humor muy integrado, ácido y crítico, que no tiene parangón en el mundo anglosajón salvo casos muy concretos como Madness. La comedia es el género más complicado y aquí hemos tenido comedia hasta en el pop. No hemos sabido valorarlo, en Latinoamérica lo aprecian mucho más.
P. Es verdad que la industria os relegaba con respecto al pop más 'serio', como Mecano o Nacha Pop.
R. En aquella época, nosotros los distinguíamos el pop entre Los Babosos y las Hornadas Irritantes (risas). Usábamos el humor como forma de transgresión, una fuente de la que han bebido realizadores como Álex de la Iglesia. No se nos valoró, pero yo ya estaba acostumbrado. Mira la ciencia-ficción, un género que me ha obsesionado desde niño. Antes, era un género menor, que no interesaba a nadie. Hoy pones Netflix o Apple TV y ves que casi todas las series no solo son ciencia-ficción, sino que adaptan libros clásicos del género, como Plur1bus, que es un remake de La invasión de los ultracuerpos y me está encantando.
Antes se hacían dos o tres películas del género, ¡al año!. Ahora no doy abasto, estoy viviendo en mi mundo feliz.
P. Con los cómics pasó igual. Una cosa de críos que se ha convertido en un negocio gigantesco.
R. Aquí viene mucha gente de nuestra edad que dice que quiere comprarse de nuevo ejemplares que tenía porque, cuando se fue de casa, su madre le tiró todos los cómics a la basura. Nosotros siempre hemos ido un poco por delante en la cultura pop: en los 80, decíamos a las empresas que iba a haber un ordenador en todas las casas y se reían de nosotros. Nos decían "¿y para qué iba a tener la gente un ordenador en casa?".
Se podría decir que el mundo ha girado hacia nuestros postulados.
P. Montas tu primera tienda de cómics en el 84, cuando apenas hay cosas de Marvel y DC. Menudo cambio con respecto a ahora.
R. Antes las tiendas de cómics eran solo de hombres, un poco La mazmorra del androide. De los superhéroes clásicos pasamos a Bola de dragón y algunas cosas de Mazinger Z, después llega el cómic francobelga, con Tintín y Astérix... y por último el boom del manga, que es el que termina arrasando. A los jóvenes, sobre todo a las mujeres, les encanta el manga. El negocio ha crecido enormemente.
P. ¿Qué tiene el manga que no ofrezcan los demás cómics?
R. Una enorme cotidianidad. Hay infinitos cómics de oficios: de cocina, de baloncesto... y el mensaje es siempre positivo, de valorar el esfuerzo, la amistad, el trabajo... promueve una sentido colectivo del que adolecen los cómics norteamericanos, que son mucho más oscuros e individualistas, influenciados por la culpa de la moral judeocristiana. El manga te dice que disfrutes de la vida, que el futuro no es negativo.
P. Veo en la tienda que una parte importante está dedicada a los juegos de mesa.
R. En los 90 llega un juego llamado Catan que es un cambio de paradigma. Junta a los que ya éramos fanáticos de juegos de rol o wargames, que son muy complejos y generan partidas que duran días, con los que quieren echar partidas de una hora u hora y media. Catan fue una explosión que llega hasta nuestros días. Ahora no son juegos como Pictionary o Monopoly, que son para pasar el rato, sino juegos de gestión donde prima la parte intelectual. Hay juegos de gestionar un viñedo o de crear una orquesta, ni te imaginas. Es un formato que está muy masificado, hay abuelas que entran a comprarle juegos a sus nietos.
Nosotros fuimos la primera empresa española que puso stand en Essen, la feria europea de juegos de mesa, en 2009. Hoy hay más de treinta empresas españolas todos los años. En quince años, hemos pasado de 500 novedades a más de 2.000: se ha cuadruplicado la producción.
P. En el rol también fuiste precursor. He leído que trajiste el primer Dungeon & Dragons a España.
R. Mis padres eran actores de teatro y durante un tiempo fueron profesores en universidades de Estados Unidos. Yo veía tiendas en New York llenas de figuritas, así que me compré un Dungeons & Dragons pensando que era eso, un juego de figuras. Cual fue mi sorpresa al llegar a España y ver que a aquello se jugaba con lápiz y papel. Me sucedió como con Kraftwerk, me explotó la cabeza. Nos echábamos las tardes enteras mis amigos y yo jugando, echándole imaginación, mientras mi hermano escuchaba Joy Division en el cuarto de al lado.
Hay gente que viene a comprar cómics o juegos, me reconoce y me dice: "Joder, si tú eres el de Aviador Dro, qué haces aquí". En realidad para mí es todo el mismo mundo, el de las cosas que me interesan.
P. ¿Es Biovac N optimista respecto al futuro?
R. Yo intento transmitir optimismo a la gente joven, tanto como artista como empresario. Como futuristas, vemos que el pasadismo, los pasadistas, quieren un fuerte retroceso en derechos. Con esta tienda, por ejemplo, intento ofrecer una forma de mirar la vida, no ya como izquierdista, sino como alguien que quiere que los jóvenes vivan mejor que sus padres.
P. Por último: lleváis varios años anunciando la vuelta de Aviador Dro a los escenarios. ¿Será en 2026?
R. (Risas) Sí, sí, de este año no pasa. Vamos a sacar contenido nuevo y tenemos muchas ganas de reencontrarnos con nuestros fans.
