miércoles, 22 de julio de 2026

¿EL FINAL MÁS TRISTE DEL ROCK? LA DOLOROSA HISTORIA DETRÁS DE «¡ADIÓS AMIGOS!», EL ÚLTIMO RESPIRO DE THE RAMONES A 31 AÑOS DE SU ESTRENO

Gabriel Ávila Morán 

Futuro, 18 Jul, 2026. 



Un 18 de julio, pero de 1995 los iconos absolutos del punk presentaban el que sería su despedida discografía en medio de tensiones y dramas.

Un 18 de julio de 1995, el reloj del punk rock marcó su hora final. Aquel día, The Ramones publicaba «¡Adiós Amigos!», su decimocuarto y último álbum de estudio.

No era un lanzamiento cualquiera; era la crónica de una despedida anunciada. Era el punto final para una de las maquinarias más influyentes en la historia del rock ‘n’ roll. A más de tres décadas de su llegada a las disquerías, el disco se sostiene como un emocionante y digno canto de cisne.

Siendo uno de las almas fundadores del legendario grupo, celebramos el legado del reconocido percusionista a 12 años de su partida.

Sin embargo, detrás de esa energía aparentemente intacta, la realidad interna de la banda distaba mucho de los cuatro delincuentes juveniles que en 1975 se subían al tren F desde Forest Hills rumbo al legendario CBGB.

Un mapa de fracturas internas y herencias

Para la mitad de los noventa, la alineación era un mapa de cicatrices. El baterista original Tommy Ramone ya había dejado su puesto décadas atrás. Eso abrió una puerta por la que pasaron Richie y Elvis. Luego regresó un Marky Ramone para el tramo final. En el bajo, el histórico y caótico Dee Dee Ramone había cedido su lugar al joven C.J. Ramone para intentar una bizarra aventura en el rap. A pesar de su salida física, Dee Dee siguió operando como el principal motor creativo a la distancia. Él enviaba composiciones que usualmente terminaban bajo la voz de C.J.

Pero la grieta más profunda y dolorosa estaba al frente del escenario. El vocalista Joey Ramone y el guitarrista Johnny Ramone compartieron metros de distancia durante dos décadas. Sin embargo, personalmente estaban en galaxias distintas.

Más allá de sus personalidades opuestas (Joey, un espíritu libre y liberal; Johnny, un adicto al trabajo ultraconservador), el quiebre definitivo ocurrió a inicios de los ochenta, cuando Linda, la novia de Joey, lo dejó por Johnny.

Se casaron en 1984 y permanecieron juntos hasta los últimos días del guitarrista. Así, sellaron una ley del hielo interna que duró hasta el final de la banda. Creativa y humanamente, The Ramones grabó su último disco siendo el cascarón de un mito.

El último arsenal de himnos de The Ramones

Pese a que la interna sangraba, el cuarteto se las arregló para empaquetar un puñado de tracks irresistibles. Los fantasmas de Dee Dee se hicieron presentes en misiles como «Makin’ Monsters for My Friends», «The Crusher», «It’s Not for Me to Know» y la lúgubre «Born to Die in Berlin» (donde Joey comparte el micrófono). El disco también supo equilibrar la balanza con la luminosa pero melancólica «Life’s a Gas» y la ganchera «Have a Nice Day». Además, agregó las valiosas e inyecciones de sangre nueva de C.J. en «Scattergun» y «Got a Lot to Say».

El álbum se completó con la crudeza habitual de «Cretin Family» y una vibrante relectura de «I Love You» de Johnny Thunders. También incluyó una gema oculta y psicodélica firmada por Joey: «She Talks to Rainbows». (Incluso el mercado japonés sumó como regalo el cover a «R.A.M.O.N.E.S.», el tributo que Motörhead les había rendido en vida).

El epílogo y la tragedia

Para una fanaticada global que se resistía a aceptar el fin, la gira de Lollapalooza en el verano de 1996 funcionó como un indulto y, finalmente, como un tardío acto de justicia y reconocimiento masivo para una banda que dio todo a cambio de dividendos económicos y personales bastante modestos.

Lo que vino después fue el golpe de gracia de la biología. El destino post-Ramones fue trágico: Joey falleció en 2001 debido a un linfoma; Dee Dee partió un año después por una sobredosis; Johnny perdió su batalla contra el cáncer de próstata en 2004, y Tommy, el último bastión fundador, nos dejó en 2014.

Hoy, con Marky Ramone girando por el mundo custodiando los parches y el legado, ¡Adiós Amigos! se lee en perspectiva como el cierre perfecto para una historia única. No fue un disco perfecto, pero sí un testamento honesto, ruidoso y acelerado. La forma exacta en que los reyes de Queens tenían que decir adiós.

BELLE AND SEBASTIAN EMOCIONAN CON SU CUMPLEAÑOS POP EN LA NOCHE TROPICAL DE BARCELONA

Carmen López

El Mundo, 18/07/2026



La banda escocesa intervino en el festival Barts del Poble Espanyol en Barcelona

Existe cierto riesgo de caer en el pantano de la cursilería al escribir sobre Belle and Sebastian, porque los sentimientos que generan sus canciones están más cerca de la ternura que de la ira. El disco If You're Feeling Sinister, bálsamo musical para los espíritus sensibles del colectivo indie (cuando esa etiqueta aún no llenaba estadios ni daba lugar a equívocos), celebra tres décadas este 2026 y la banda está de gira para celebrarlo con sus fans. Son conciertos en los que toca de forma íntegra el también conocido como álbum rojo además de otros caramelos extra, porque en una fiesta de cumpleaños no hay que escatimar.

El grupo liderado por Stuart Murdoch salió al escenario instalado en la plaza mayor del Poble Espanyol -la actuación forma parte de la programación del festival Barts- cuando el sol apenas se había ido aunque no el calor. Las caras del público brillaban pero no debido a un maquillaje con extra de glow, sino por la pátina de sudor cortesía de la humedad mediterránea y los abanicos aleteaban histéricos. Sin embargo, la determinación del fan puede con eso y con mucho más, así que cuando las primeras notas de The Stars of Track and Field llenaron el aire se sintió como si alguien hubiese abierto una ventana para dejar pasar la brisa. Arriba los corazones, todo el mundo a disfrutar.

If You're Feeling Sinister se publicó unos meses después de Tigermilk, el primer LP de la banda que nació como proyecto final de un curso de estudios musicales. El responsable del taller trabajaba también en Jeepster Records y, con buen tino, les consiguió el contrato de su debut 'oficial' (del primer disco solo se publicaron 1.000 copias hasta que en 1999 la discográfica lo reeditó y dejó de ser la ballena blanca de los coleccionistas), que grabaron en un santiamén. Aunque el talento de Murdoch, compositor de todos los cortes, era innegable, no se imaginaban que habían tallado una de las gemas del pop más importantes del siglo XX. Pero vaya si lo hicieron.

Ya habían sonado Seeing Other People y Me and the Major, así que las gargantas estaban a tono para corear "Well, if they follow you, don't look back/ Like Dylan in the movies/ On your own, if they follow you/ It's not your money that they're after, boy it's you". Esa cuarta pista del álbum rojo es una de las más apreciadas de sus seguidores, que cuando entonaron "I will love you over, I will love you" quizá sintieron un pinchacito de melancolía por aquel amor de hace treinta años. Muchos de los asistentes eran adolescentes cuando estas canciones vieron la luz, una edad en la que los sentimientos tienden a estar exaltados y se graban a fuego en la memoria. Algo que quizá experimenten pronto los hijos que les acompañaban, porque el fandom de Belle and Sebastian tiende a la captación (o no quiso pagar canguro por un concierto para todos los públicos).

El setlist siguió en riguroso orden las pistas del disco, con momentos de exaltación como cuando sonó Get Me Away from Here, I'm Dying, posiblemente una de las composiciones más famosas de Stuart Murdoch. Se supone que es una reflexión sobre el éxito, pero lo que ocurre con las canciones que se convierten en clásicos es que el público las hace suyas y les da el significado que le da la gana. Y versos como "I always cry at endings/ I always cry at endings" son fáciles de adaptar a la banda sonora particular de cada persona. Quién no ha llorado por el final de algo a lo largo de su vida ya fuera una relación, un fracaso laboral o cualquier otra cosa que no volverá a ser.

Pero como bien saben sus fieles, aunque las letras de Belle and Sebastian puedan tener un punto de tristeza, sus discos no son para nada deprimentes. Como tampoco lo son, en consecuencia, sus conciertos. En el escenario y pese a la agobiante temperatura de la noche barcelonesa, el cantante lucía una sonrisa perenne y estaba animado como es habitual en él. If You're Feeling Sinister fue una fiestita "la, la, la, la, la, la, la", creció con Mayfly, tomó aliento con la tranquila The Boy Done Wrong Again y sopló las velas con la golosina que es Judy and the Dream of Horses.

Se había acabado el cumpleaños feliz del LP rojo, pero los escoceses no iban a abandonar a su público después de alrededor de una hora de actuación. La banda ofreció una macedonia de temas de sus otros álbumes (tiene 12, el último, Late Developers, salió en 2023), entre ellos Another Sunny Day, The Boy With the Arab Strap y Sleep the Clock Around como broche final. Como ya es tradición, subieron al escenario a algunas de las personas presentes en una especie de versión pop y poco elitista de la casita de Bad Bunny: en el escenario de Belle and Sebastian no hay lista vip, solo gente con ganas de cantar y bailar. Qué gran noche.