lunes, 31 de agosto de 2015

RELATIVELY CLEAN RIVERS. "RELATIVELY CLEAN RIVERS" (1975). Anacrónica perla psicodélica.


En 1975 los efluvios ácidos se habían prácticamente disipado. De las cenizas de la psicodelia había nacido el rock progresivo y de éste el rock sinfónico, que campó a sus anchas a mediados de la década de los 70. Por otra parte, en las alcantarillas ya había una generación de músicos de rock dispuestos a ponerlo todo patas arriba pues se estaba incubando el punk que haría eclosión al año siguiente. Es por eso que una delicada perla de psicodelia acústica como ésta solo podía convertirse con el tiempo en pasto de coleccionistas y objeto de culto.

Relatively Clean Rivers, un término que parece sacado de un informe de una agencia medioambiental, fue el capricho sonoro del guitarrista Phil Pearlman. Pearlman era un músico que creció en el Orange County de Los Angeles, un hippie hijo de un médico judío que como otros jóvenes de su generación protestó contra la guerra y la falsedad de la sociedad de consumo. Y como tanto otros sintió la irrefrenable llamada del misticismo, de tal suerte que, según se comenta, un día encontró una biblia abandonada en la playa y creyó que era una señal del mundo de lo trascendente. Tras este episodio Pearlman, antes agnóstico, se volvió ferviente religioso. Y de esos polvos estos lodos: su hijo Adam también fue muy religioso, solo que en versión musulmana; tanto que fue un líder de Al Qaeda en Pakistán siendo abatido a tiros el pasado mes de enero por militares norteamericanos. El otro detalle, algo menos luctuoso y con más relación con lo musical, es que Jeff Tweedy, líder de Wilco, citó este álbum como una de las influencias de su LP Sky Blue Sky (2007).

El disco es, como he dicho, fundamentalmente acústico a pesar de algún arreglo de guitarra eléctrica. Se abre con una par de temas en los que Pearlman parece haberse inspirado en el blues. El primero "Easy Ride" contiene en su letra connotaciones moteras y de "road song" y en su música hace un guiño a Canned Heat (ese ritmo a lo "On the Road Again") y a lo más bluesy del repertotio de los Doors ("Roadhouse Blues"  y L.A. Woman", por ejemplo). El otro tema es "Journey Through The Valley Of O," con una armónica de blues y toques ácidos heredados del rock de San Francisco de finales de los 60, con Grateful Dead a la cabeza.



Con el tercer tema, "Babylon", el disco empieza a discurrir por terrenos más exóticos con una intro de toques de guitarra flamenca para luego desembocar en una psicodelia de lo más envolvente, marcada por los cambios de ritmo y los efectos de sonido. No suena a 1975 sino a 1968. Algo más folky y delicado suena "Last Flight to Eden", un instrumental con el que esta oscura banda se adentra en la vertiente más mística de la psicodelia . Por su parte, "Prelude" son 30 segundos de grabación pasada al revés y que, como su nombre indica, preludia lo que ha de llegar a continuación, justamente el clímax del disco. Efectivamente, el culmen del disco llega con "Hello Sunshine". Envuelto en ruido de olas marinas, el tema es un haiku sonoro traspasado por la luminosidad del sur de California. Toques de raga rock, deliciosos arpegios de guitarra acústica y sugerentes flautas parecen transportar al oyente a un lugar ideal donde no existe nada que amenace su existencia. 



La ya mencionada influencia de los Dead es más patente en "They Knew What To Say", una pieza de folk-rock ácido que contrasta con el rock ruidoso y urbano que ya empezaba a imponerse en 1975. Con "The Persian Caravan" Pearlman da rienda suelta a sus querencias orientalistas usando instrumentos de cuerda de Asia menor y marcándose una instrumental de espeso raga-rock que no tienen nada que envidiar al "Section 43" de Los Country Joe & The Fish, tema con el que musicalmente comparte mucho. Finalmente, "A Thousand Year" parece la contraparte cantada del anterior del anterior tema y por otra parte hace pensar a uno si grupos neo psicodélicos como The Beta Band no habrían escuchado también esta joya lisérgica antes de grabar lo más ácido de su repertorio.

En resumen, un disco para guardar como oro en paño y degustar solo en estados especiales de consciencia.