miércoles, 30 de octubre de 2013

EL GRAN WILKO JOHNSON APROVECHA SUS ÚLTIMOS MESES DE VIDA

Carlos del Riego
Tam Tam Press, 23/09/2013



Aquejado de cáncer terminal y, por tanto, con sus días contados, el ex guitarrista de los mejores Dr. Feelgood ha optado por emplear el tiempo que le quede haciendo lo que sabe: tocar la guitarra.

A finales del año 2012 el extraordinario guitarrista británico Wilko Johnson fue diagnosticado de cáncer de páncreas, y en enero de 2013 le auguraron diez o doce meses de vida. El artista decidió no tratarse, prescindir de quimioterapias, radioterapias y cualquier tipo de tratamiento y aprovechar el poco tiempo que le quede para tocar, para ofrecer una última gira y grabar un último disco, algo parecido a lo que hizo en su momento Joey Ramone. Por muy sorprendente que parezca, apenas ha trascendido el negro futuro de Johnson más allá de Inglaterra.

Quienes tengan cierta edad recordarán a aquel guitarrista de gestos nerviosos y espídicos que tocaba sin púa, y con personalidad arrolladora, en aquellos maravillosos Dr. Feelgood de mediados de los setenta del siglo pasado. Wilko (en realidad John Wilkinson) asombró por su estilo en los dos primeros álbumes de los Feelgood, y dejó boquiabierto a todo el mundo con el insuperable Stupidity (1976); éste es ya un disco legendario, un trabajo registrado en riguroso y apasionado directo, de esos que impactan en todo el mundo (el tema Roxette, que había salido en su primer LP, puede sonar en cualquier lugar en cualquier momento) y que, a diferencia de lo que se hacía en Inglaterra entonces, apostó por una combinación de rock and roll frenético, rythm & blues robusto, canciones encendidas y dinámicas…, todo gracias a un cantante de voz aguardentosa pero inconfundible (Lee Brilleux, también gran armónica, murió de cáncer hace 20 años), una solvente sección de ritmo y un guitarrista absolutamente único. Las principales influencias de Johnson fueron muy clásicas tanto en el terreno de la composición como en el de la interpretación: Leiber y Stoller, Bo Diddley, John Lee Hooker, Solomon Burke, Chuck Berry…, sí, Wilko supo construirse un estilo propio aprovechando las ‘enseñanzas’ de estos maestros (y es que no hay nada como la formación clásica).



Después el guitarrista prefirió un camino distinto e intentó montar otra banda, pero finalmente fue a parar al lado de Ian Dury, convirtiéndose en uno de sus Blokheads durante un par de años. Luego se llevó al bajista Norman Watt-Roy (un auténtico prodigio con aspecto de Cuasimodo) con el que sienta la base de su grupo definitivo, Wilko Johnson Band. Puede que nunca alcanzara ni la mitad de lo que consiguió en aquellos primeros años de Dr. Feelgood, pero sí que llevó el más excitante y auténtico rock & rythm blanco por escenarios de todo el mundo; quienes tuvieran la oportunidad de ver en acción a Johnson y Watt-Roy no tendrán sino palabras de admiración y agradecimiento, pues son dos tipos nacidos para la música, dos hombres felices en escena que hacían felices a los amantes del rock con certificado de calidad.

Curiosamente se puede afirmar que Wilko Johnson nunca fue lo que se dice un virtuoso del solo de guitarra, uno héroe inalcanzable en medio de un decorado grandioso, nada de eso; y aunque podía tocar acordes y punteos casi a la vez gracias a que sólo sus dedos tocaban las cuerdas, siempre ha parecido un músico cercano, un tipo que deja salir todo lo que tiene dentro en cada actuación, pues era (es) ahí donde se comprobaba que sus modos atendían más al corazón que a la cabeza. Como si él también estuviera conectado a una fuente de energía, en escena todo el mundo quedaba hipnotizado mirando sus manos, frenéticas, precisas, como con vida propia…, y eso que tiene que resultar más que difícil pulsar cuerdas mientras los pies dan impresión de padecer ‘el baile de San Vito’, corriendo, saltando, hacía aquí, por allá…, imposible la quietud.

Desgraciadamente el guitarrista ha tenido que suspender las últimas actuaciones de su gira y, aunque está grabando (dicen que junto a Roger Daltrey de The Who), todo parece indicar que las previsiones van a cumplirse y pronto entrará en la leyenda. Ojalá tenga tiempo para hacer otro álbum…, o dos.

¿Quién no pagaría a precio de oro por verlo haciendo un Back in the night otra vez?